Despedida de New Zealand

30 de Noviembre a 3 de Diciembre 2015

El día pintaba largo desde que a las 4:30 había sonado el despertador. El plan era recorrer los 22 km del final del Kepler Track, hacer autostop de vuelta a Te Anau y de allí seguir con el dedo hasta llegar a Queenstown con tiempo para recoger la autocaravana que habíamos reservado con el relocation. Un plan desafiante, pero confiábamos en que saliera bien.

Algo menos de 6 horas después de que sonara el despertador, salimos del Kepler y llegamos a la carretera para empezar la siguiente etapa: el autostop. No fue mal, y en no más de media hora, una mujer aceptó llevarnos hasta Te Anau.

Una de las dudas que nos corroía por dentro era que, como no habíamos tenido cobertura de móvil durante todo el trekking, no sabíamos si nuestra reserva del motorhome seguiría en pie (al venir ya nos habían cancelado la campervan y acabamos consiguiendo un coche, por suerte)

¡Un Tui!

¡Un Tui!

Una vez en Te Anau, encendimos el móvil y cruzamos los dedos. Al momento entraron varios e-mails y sms, y nuestros ánimos se fueron a pique: nos habían cancelado la reserva. El problema no era sólo que se nos fastidiaba la ilusión de pasar los dos últimos días en una autocaravana de 6 plazas, sino que teníamos poco tiempo de margen para llegar a Christchurch y coger el primer vuelo que nos tenía que sacar del país.

Después de un rato de dudas, decidimos entrar en las páginas de relocation y buscar alguna otra opción, y mientras esperamos a que nos confirmaran aunque fuera un coche, seguimos rumbo a Queenstown para ir acabando etapas.

Con un par de coches llegamos a la ciudad a media tarde. Visto que no sabíamos qué iba a ser de nosotros y que ya era tarde, decidimos buscar alojamiento y esperar a ver si teníamos un poco más de suerte y nos aceptaban la reserva de un coche.

Pero aún nos tocaba desesperarnos un poco… Llamamos a varios albergues, e incluso a algún hotelito, y todos estaban completos. Era fin de semana de comienzos de verano y no había ninguna opción disponible a un precio razonable. Ni siquiera era posible dormir en el aeropuerto porque lo cerraban. En el desespero llegamos a buscar una esquina apartada en un parque para tirar los sacos en el suelo y rezar por que ningún policía asomara la cabeza por allí y nos dijera algo.

Pero en el último momento descubrimos que a 10 minutos había un camping, y que acababan de tener una cancelación en un pequeño bungalow. En un momento se nos arregló el día porque encima nos aceptaron el relocation de un coche para el día siguiente. ¡Menos mal!

Nuestra cabina para dormir aquella noche. ¡Qué a gusto estuvimos!

Nuestra cabina para dormir aquella noche. ¡Qué a gusto estuvimos!

El puente donde nació el bungee jumping

El puente donde nació el bungee jumping, en Queenstown

Atardecer en el lago Wakatipu

Atardecer en el lago Wakatipu

Al final la despedida del país fue sobre ruedas. Desde Queenstown, donde recogimos un coche a estrenar, pusimos rumbo a Chrsitchurch. Paramos en el lago Pukaki y pasamos la noche acompañados de nuestros queridos amigos. La primavera estaba en pleno esplendor, y la naturaleza brillaba por todas partes en mil colores. Pasamos una noche preciosa en nuestro lugar favorito del país: la zona del Monte Cook. No se nos ocurre mejor manera de despedirnos del país que con aquellas vistas desde el lago.

En el Pukaki, con nuestro coche de alquiler y nuestros amigos

En el Pukaki, con nuestro coche de alquiler y nuestros amigos

Lago Tekapo

Lago Tekapo

Al día siguiente llegamos bien prontito a Rakaia, recogimos nuestras maletas, y devolvimos el coche en el mismo aeropuerto, desde donde volamos a Wellington. Allí pasamos la tarde con otro amigo, y nuestra última noche en el país kiwi fue en el aeropuerto. Aquella noche fue rara; dormimos poco y mal. Pero sobre todo, fue rara porque no nos hacíamos la idea de que nos estábamos marchando de Nueva Zelanda después de 15 meses. La visita a las antípodas no estaba en nuestros planes iniciales y sin embargo, resultó ser una de las mejores experiencias de todo el viaje.

Y en la madrugada del día 3 de Diciembre de 2015, dijimos adiós a un país que se ha vuelto demasiado especial en nuestras vidas. Poníamos rumbo a casa después de dos años de viaje. ¡Hasta la próxima aventura!

La noche en el aeropuerto de Wellington

La noche en el aeropuerto de Wellington

ByR

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