A veces los reyes regalan cosas…

5 de Diciembre de 2013

Después de visitar muchos budas dorados, decidimos seguir con ello y ver más lugares típicos de la ciudad, esta vez sin tuk-tuk. Como a la noche íbamos a marcharnos ya hacia el sur, dejamos la habitación, aunque por suerte pudimos guardar las mochilas allí para no tener que pasear con ellas por todas partes.

Nos marchamos paseando a otra de las zonas típicas de Bangkok: el Gran Palacio y el Wat Pho, el templo del Buda reclinado más grande de Tailandia. Al llegar al parque cercano a los templos, estaba lleno de gente y con múltiples carpas. Era el cumpleaños del rey, día festivo para todos los tailandeses.

Al pasar por una de las carpas, vimos algo que nos sorprendió: decenas de personas sentadas, y decenas de peluqueros cortándoles el pelo. Al ver nuestras caras, una de las peluqueras nos contó que era gratuito, un regalo del rey para todo el mundo. Allí había gente de todas las edades y niveles sociales cortándose el pelo porque el rey se lo regalaba. Después de un rato de mirar, Rober empezó a decir: el caso es que a mi me hace falta… ¿Me lo corto…?

Y sin pensarlo mucho, se acercó a uno de los peluqueros. Enseguida todo el mundo nos estaba sonriendo, éramos la anécdota divertida del día, y la peluquera que cogió a Rober tenía una gran sonrisa en la cara por el orgullo de decir le voy a cortar el pelo a un occidental!

También le insinuaron de afeitarle la barba, pero él se negó; lástima. Durante un buen rato, dos peluqueras se afanaron en dejarle el pelo perfecto, y al final, uno de los que parecía más profesor que alumno, remató las puntas para que todo quedara perfectamente igualado. Una gran experiencia.

Seguimos paseando y nos acercamos al Gran Palacio. Al ser día festivo, estaba lleno de gente por todas partes, pero aún así fue bonito de ver. Nos ataviamos con ropa adecuada (pantalones largos y camiseta sin enseñar los hombros) y paseamos por el recinto un rato.

Después nos fuimos al Wat Pho, un poco más allá. Había que pagar, lo que hizo que hubiera menos gente y fuera más tranquilo y agradable.

Al acabar ya se hacía la hora de recoger las mochilas e ir a la estación de tren. Volvimos a pasar por las carpas, y esta vez lo que nos regaló el rey fue un plato de arroz con verduras y carne y agua para beber. Del plato de arroz sólo conseguimos comer la mitad, porque picaba tanto que al final ya no pudimos seguir, pero al menos nos sació para las siguientes horas.

De vuelta al albergue, organizamos las mochilas para que fueran cómodas para andar y nos encaminamos a la estación de tren. Fue casi una hora andando, pero no se hizo muy pesado. Poco a poco nuestros cuerpos van cogiendo buena forma de cargar las mochilas. Una vez en la estación, compramos algo para cenar y nos subimos al tren.

Salió con algo de retraso, pero cuando se puso en marcha nos dimos cuenta de que no íbamos a poder dormir mucho; por un lado, nuestros asientos no eran excesivamente cómodos para ello, y además, el tren era muy ruidoso, con lo cual, nos conformamos con dormitar de la mejor manera posible. Nos esperaban 10 horas, así que al menos teníamos que intentarlo.

ByR

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2 comentarios en “A veces los reyes regalan cosas…

  1. Qué preciosidad de templos! y las fotos y Rober todo apañadito por los peluqueros…
    ¿Están muy masificados y tranquilos, os invitan al recogimiento?

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