Ten cuidado con lo que sueñas, porque puede hacerse realidad

12 de Diciembre de 2013

Muchos viajeros repiten algo con frecuencia: si llevas muchas expectativas de algún sitio, buenas o malas, ten cuidado: estás condicionando el lugar a que tiene que ser de una manera concreta. Pero aún sabiendo que eso pasa, que las experiencias son subjetivas, seguimos escuchando a las personas que ya han estado en un lugar, y cogiendo su experiencia como algo general, algo que tiene que ser así para todos y siempre…

Pero hace unos días algún viajero por facebook decía: “Si han pasado unos años desde tu último viaje, recuerda, ese lugar ya no lo conoces..”

Con este viaje, desde el principio sabíamos que, por mucho que leyéramos las experiencias de otros viajeros, incluso de algunos que hubieran hecho casi el mismo recorrido, nuestro viaje no iba a ser igual al de ellos porque iba a ser NUESTRO viaje.

En un viaje se junta el lugar por donde pasas, las personas que te encuentras en el camino, y todo lo que llevas tu dentro de ti. Por eso un viaje nunca se parece a otro, ni un lugar a otro ni a sí mismo en otro momento.

Pero aún sabiendo todo esto, no pudimos evitar crearnos expectativas con TON SAI. Todo el mundo, y más aún los escaladores, te cuentan maravillas del lugar. Es bonito, barato, espectacular, la escalada es de las mejores del mundo, el ambiente es encantador, y te quedas atrapado allí sin saber cuándo marchar… Es difícil no crear expectativas.

Pero cuando la barca nos dejó en la orilla, y empezamos a caminar en busca de un alojamiento de esos que todo el mundo te dice que están “regalados”, algo dentro de nosotros no cuajó como esperábamos. Aunque esperábamos encontrar mil maravillas, las primeras impresiones fueron, cuanto menos, algo decepcionantes. Como decíamos en el anterior post, la construcción sin planificación había hecho estragos en algunos sitios, otros estaban abandonados sin limpiar, con las botellas del bar dejadas en la barra sin más, y motos y camionetas corroídas por la humedad y atrapadas por las plantas que habían crecido a su alrededor… La primera imagen no era lo que esperábamos.

El negocio del turismo mal llevado acaba destrozando lugares idílicos en un principio. Y la desilusión que nos llevamos en Ton Sai fue triste. Aparte de que lo de “sitio barato” ya era parte del pasado. Los turistas occidentales, que pagan a pesar de haber precios desorbitados (un bote de crema solar casi 10€), hace que los locales suban los precios, lo cuál también es comprensible, puesto que si los turistas pagan, ellos no van a ser tontos y no aprovechar…

Después de encontrarnos con estos sentimientos al llegar, decidimos meternos en el ambiente y disfrutar lo que fuéramos viviendo. Al fin y al cabo, las leyendas de lugar impresionante y precioso no se quedaban cortas, y las paredes invitaban a colgarse de chorreras espectaculares y los techos obligaban a torcer el cuello en ángulos poco usuales.

Esa misma tarde, al llegar, decidimos tantear la roca. Los mosquitos nos dieron la bienvenida a la pared, pero aún así cayeron algunas vías para empezar a tastar los techos y las chorreras.

Y esa misma noche empezamos a ver que, a pesar de que ciertas cosas no eran como esperábamos, otras si, e incluso mejores. Las paredes llamaban a subirlas, y el ambiente en la playa de Ton Sai era encantador.

Aunque los restaurantes tenían precios un poco altos para el país (no eran precios para gente local, sin duda), las personas que trabajaban en los mismos eran encantadoras, siempre con una sonrisa dispuesta para todo el mundo, y la gente que “vivía” en la bahía (escaladores de larga estancia) era de un buen rollo muy agradable.

Realmente conocimos a gente genial con la que compartimos escaladas y cervezas con agradables conversaciones, además de aprender otros estilos de vida muy diferentes al nuestro, pero muy validos y quizá incluso adaptables a nosotros (nunca se sabe, no hay por qué descartar nuevas maneras de plantearse la vida…)

Al final, la decepción del primer momento pasó a ser la buena intención de aprender de los errores, nuestros y de otros, e intentar tener en cuenta cómo encontramos los sitios que pisamos y qué se puede hacer para mejorarlos. Y la experiencia en Ton Sai realmente fue genial, y el buen rollo nos atrapó hasta hacernos estar en aquel sitio más del doble de días de lo que planeamos en un principio.

ByR

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