Festival del Thaipusam en Penang

17 de Enero de 2014

Una de las ventajas de un país con tantas culturas mezcladas es que aprovechan las celebraciones de todas sus diferentes culturas para hacer día de fiesta nacional y disfrutar de días de relax y diversión. Tuvimos la suerte de estar en Penang para la celebración de la fiesta hindú del Thaipusam, una peregrinación a los templos como ofrenda y penitencia.

Nos acercamos a los alrededores del templo hindú más importante de la isla, para aprender un poco de la cultura hindú, que sigue siendo una gran desconocida para nosotros (esperamos que por poco tiempo…)

Lo primero que te llama la atención al acercarte a los alrededores de la fiesta es el color. No hemos visto una fiesta tan colorida como una fiesta hindú.

Los trajes de las mujeres son originales y llamativos, y ninguno es igual a otro. Las niñas se arreglan como sus mamás y lucen orgullosas sus coloridos vestidos mientras pasean por la calle observando los puestos de comida, zumo o ropa.

Los hombres andan tranquilos con sus mujeres del brazo, orgullosos de lo guapas que van, y las mujeres van con sus mejores galas, vestidos brillantes y de colores vistosos. Todo un festival para la vista.

Nuestra cámara de fotos no da a basto para guardar en la tarjeta de memoria todas las fotos que queremos hacer. Sobre todo cuando empezamos a ver algunos de los hombres que están haciendo la penitencia.

Llevan por diferentes partes de su cuerpo pinchos o anzuelos clavados y cargan sobre sus hombros altares o una especie de “fallas” que deben de pesar una barbaridad. Sus caras muestran concentración, quizá plegarias para ignorar el dolor, algunos incluso parecen un poco idos.

Cuando nos acercamos a alguno de ellos, cuesta mantener la mirada fija en sus caras que parecen coladores. De vez en cuando piden una silla para descansar las piernas cansadas de andar cargando los altares pesados sobre sus hombros.

Otros bailan con la música de los tambores que les acompañan; ritmos rápidos que les transportan a otro sitio donde no piensan en el dolor de los anzuelos que llevan clavados.

Hay puestos de todo tipo a lo largo de la calle, algunos con representaciones de sus dioses, otros que dan algún zumo o bebida a quien se acerca, y otros en los que lo que ofrecen es un plato de comida para todo el mundo. Disfrutamos de sabores de la India, y probamos alguna bebida que no nos gustó en absoluto, pero al fin y al cabo en eso consiste probar cosas nuevas.

Al acabar el día nos acercamos hasta el templo, donde subimos más de 200 escalones con todos los demás fieles. Llegamos al templo y vimos cómo hacían sus ofrendas. La gran mayoría llevaba leche en sus recipientes.

Después de las ofrendas, los que estaban haciendo la penitencia se quitaban todas las cosas que llevaban puestas por el cuerpo, sin poder evitar algún gesto de sufrimiento en el momento de quitarse lo que llevaban traspasándoles los mofletes.

Fue interesante cuanto menos, y algo se encendió con más fuerzas que nunca dentro de nosotros: que ganas de ir a la India.

ByR

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