Casitas rodeadas de campos de flores. Cameron Highlands II

25 al 27 de Enero de 2014

Después de las dos noches en un albergue y la excursión por la selva y los campos de té, al día siguiente dejamos el albergue en el que estábamos para ir en busca del albergue de Troji, un chico de couchsurfing que nos había dicho que ahora no nos podía alojar porque estaba arreglando un hostal, pero que podíamos ir a pasar un par de días allí con él porque lo tenía casi terminado.

Aunque sus indicaciones no eran muy buenas, con la ayuda de una familia de malayos que nos vio haciendo autostop, lo encontramos. Ellos no eran del valle, pero preguntaron a más de 3 personas hasta que dieron con el camino hacia el albergue, y nos dejaron en la puerta (y nos pidieron la dirección del blog para seguirnos).

En el albergue, apartado de los pueblos y rodeado de plantaciones de flores y fresas, nos esperaban Alex y Ariel, una pareja de canadienses que trabajaban en Kuala Lumpur y habían ido a las Cameron a pasar el fin de semana. Troji estaba fuera, se nos uniría para ir a cenar. Nos instalamos en el hostel, donde sólo estábamos nosotros cuatro, y disfrutamos de la tarde sentados en el salón, escuchando música y contándonos experiencias viajeras, así como mirando cada rincón del albergue y disfrutando de lo bonito que era y de la gracia que había tenido Troji decorándolo con sus propias manos a base de madera de palets.

A las 9 llegó Troji, y nos llevó a comer algo típico del valle, calentito y en cantidades industriales: cazuela de sopa (toda la que quieras) donde te cocinas todos los ingredientes que te sacan: tofu, verduras, setas, noddles, huevos, pollo, pescado, gambas, bolas de carne, etc. Comimos hasta reventar bajo la batuta de Troji, que nos iba explicando el orden en el que cocinar cada cosa y cómo hacerlo.

Al día siguiente, tanto Alex y Ariel como Troji tenían que irse a Ipoh. Unos para volver a KL a trabajar y el otro para hacer recados y gestiones. Al marcharse, Troji nos dejó las llaves del hostal, las de su moto y nos dijo que disfrutáramos del día tranquilos y le dejáramos el dinero cuando nos fuéramos en la nevera, que él ya lo recogería al día siguiente. Todo el hostal para nosotros y con toda su confianza. Así da gusto conocer gente.

Fuimos con la moto a comer al pueblo, y dedicamos la tarde a escribir, leer, hacer fotos del hostal para coger ideas, escuchar música y subir camino arriba hasta casa de los padres de Troji, donde si que había wifi, para consultar el couchsurfing o el correo. Fue una tarde reparadora donde disfrutamos de sentirnos como si fuera nuestra propia casa.

Al día siguiente ya tocó salir de aquel paraíso. Cerramos la casa sólo cerrando la puerta, como nos había pedido Troji, y nos fuimos hasta la carretera principal.

Habíamos decidido que, si a la ida nos había funcionado, a la vuelta no podía ser menos. Un granjero que trabajaba en el valle nos llevó hasta el desvío donde nos había dejado el primer pick-up al venir, y al cabo de 10 minutos, un hombre con pick-up también, paró a preguntarnos si éramos buenas personas, y aceptó llevarnos hasta Ipoh.

Conducía un poco al máximo porque quería llegar lo antes posible a Ipoh; su mujer estaba en el hospital porque iba a tener un hijo. Nos dejó en el hospital, y nosotros nos acercamos a una gasolinera que había al lado. Al primer hombre que preguntamos, nos comentó que no iba a la estación de autobuses, pero que no le importaba, nos llevaba igualmente. Llegamos y en la taquilla nos comentaron que en 10 minutos salía un autobús a Melaka. Ok, let´s go!

ByR

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