Por playa y carretera, La Burrita ni se entera…

15 al 18 de Febrero de 2014

Salimos disparados del delta del Mekong con la intención de llegar a Mui Ne, zona de playa bastante popular en el Sur Este de Vietnam. Nos esperan 300 km por delante, una jornada bastante larga donde queremos evitar a toda costa conducir por la noche, pues la burrita a veces le guiña el ojo al coche trasero de manera intermitente con la luz de atrás y la luz delantera en lugar de iluminar a la carretera ilumina a las estrellas.

Llegamos a Saigon y tras dar varias vueltas, encontramos la manera más eficaz, económica y rápida de cruzar los miles de canales que rodean la ciudad. Tras un paseo en barco y siguiendo uno de los recorridos mostrados en la página de un viajero inglés, tomamos la directa hacia el sur, con la intención de recorrer la costa por carreteras solitarias donde apenas hay tráfico y el problema viene cuando las bicis invaden el asfalto a la salida de los niños de la escuela.

El ritmo durante el día de hoy ha sido bueno, hemos completado casi la distancia planeada a falta de 20 km, y decidimos alojarnos en Phan Thiet, el pueblo antes de llegar a Mui Ne.

A la mañana siguiente nos levantamos con ganas de playa y relax, pero visto el aire que hace, decidimos seguir nuestro camino por un paraje precioso, rodeados de tierras áridas, plateaus rojizos, recordándonos al desierto y en busca de las tan famosas dunas blancas de Mui Ne.

Curva a derecha, curva a izquierda y de repente el asfalto se convierte en tierra. Parece que la cosa no va mal pero en una de esas bajadas y subidas, pillamos un terreno bastante arcilloso y arenoso, vacas y búfalos por todos lados, la burrita se cabrea y empieza a descontrolarse…

Eses a toda velocidad invadiendo todo el camino, la dirección no la podemos controlar… Tratamos de poner los pies en el suelo, en la parte de atrás hay mucho peso y perdemos estabilidad… Buuuf, conseguimos parar y por suerte nos mantenemos todavía de pie; esta vez la burrita perdió la oportunidad de echarnos de su lomo. Más relajados y con el susto en el cuerpo subimos la cuesta, unos por un lado y otros por el otro. El tramo que nos queda por delante apenas hay tráfico, solo los pescadores que habitan el lugar y la pareja de locos aventureros en busca del tesoro perdido.

Gozamos de unas vistas espectaculares, a cada giro que damos las manos se levantan para saludarnos y nosotros, más contentos que ellos, les devolvemos el saludo. Al fin llegamos de nuevo al asfalto, dejamos la tierra atrás, los baches, los ruidos, y las mochilas dejan de saltar de un lado a otro del portaequipajes. Cruzamos el pueblo de pescadores y de nuevo el aire nos da en la cara.

Al rato de estar conduciendo avistamos a lo lejos una terraza al lado del mar con olor a pescadito y allí que paramos. Nos presentan una especie de sopa de pescado con arroz, porridge, una torta de arroz con sésamo y unos calamares deliciosos. Nos ponemos las botas, disfrutamos de las vistas y seguimos nuestro camino.

El sol se va escondiendo entre las montañas y es hora de parar. La distancia de hoy no ha sido tan larga, sólo 150 km, pero el hecho que la mayoría fuera por caminos de tierra nos ha dejado el culo destrozado y con ganas de no volver a domar nuestra fiera.

Pero a veces el odio se convierte en cariño y por tercer día consecutivo nos metemos en carretera no sin antes alimentar nuestro cuerpo con un platerón de arroz con todo tipo de verduras y carnes extrañas…

Esta vez no sería por caminos de tierra sino por un pequeño puerto donde a la bajada disfrutamos de unas vistas espectaculares. La carretera era solo para nosotros, buen asfalto con el mar de telón de fondo.

Durante estos días estamos dando más vuelta de lo necesario buscando la soledad y esas curvas que nos hagan sentir motoristas, libres por un tiempo…  Buscar esas situaciones donde se te rompa la moto y no tener el taller al lado donde poder conseguir ayuda (confiamos 100% en nuestra fiel compañera).

Así que tras unos 100 km por carreteras solitarias nos adentramos en autopista con el fin de avanzar mas rápido y poder completar los 270km de la jornada de hoy.

Aunque estamos bastante cansados de hacer tantos km seguidos, hacemos un pequeño esfuerzo en nuestro cuarto día en la ruta, completando así en aproximadamente 10 horas los últimos 390 km que nos llevan a Hoi An.

Tras cargar a la burrita cogemos fuerzas para una larga jornada…

Vimos cosas curiosas, respiramos mucho humo y esquivamos como pudimos los controles de la policía. No hay mucho que contar ante un monótono escenario como la Highway 1, donde tres autobuses se cruzan al mismo tiempo en una carretera de dos carriles o los camiones chirrían en cada cuesta que se les viene por delante…

Llegamos a Hoi An pidiendo a gritos una cama y un garaje para poderle dar descanso a nuestra querida amiga, pero eso ya es otro cantar…

Recorrido de estos cuatro días:

RyB

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2 comentarios en “Por playa y carretera, La Burrita ni se entera…

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