Honda Win for Sale

25 al 28 de Febrero de 2014

Recorrimos los 100 kilómetros que nos quedaban, y llegamos a Hanoi. Objetivo del país conseguido. Gracias a que la tablet que llevamos tiene GPS, conseguimos llegar al centro sin dificultad. Volvimos a encontrarnos con enjambres de motos y un tráfico caótico, que no habíamos visto desde la salida de Saigón.

Una vez en la zona antigua de la capital, Rober se quedó con la moto y los trastos, y yo me fui a recorrer las calles en busca de un hostal acorde a nuestro presupuesto.

Pregunté en varias decenas de hoteles, y volví a echar de menos la ruta, donde los precios eran mucho más “agradables” de pagar. Tuvimos la mala pata de preguntar en un famoso hostal de backpackers por una habitación doble. Entre mi inglés no experto, y el inglés de la chica vietnamita que me atendió, tuvimos un pequeño malentendido. Entendí 15 dolares, con desayuno incluido, y una habitación que, cuando la vi, solo fui capaz de decirle a la chica: “esto no parece en absoluto una habitación de un hostal de mochileros”. Era amplia, preciosa, con ventanales enormes y una gran cama. Una pasada de habitación, nada que envidiar a hoteles de varias estrellas. No era la más barata de las que había visto, pero incluyendo desayuno, estaba muy bien. Me fui a buscar a Rober, y cuando volvimos al hostal a hacer el check in, le di nuestros nombres a la chica, y cuando fue a pedirme que pagara por lo menos las dos noches que seguro que estaríamos, me fue imposible no reírme cuando me dijo: “En Dongs (moneda vietnamita), son 2.000.000” Lo queeee???? Maldita sea, entre 15 dolares y 50 hay bastante diferencia, pero en inglés son casi iguales. La cara que se me quedó debió ser un poema; con razón aquella habitación parecía de hotel de cinco estrellas; también lo valía.

Por suerte, al salir para decirle a Rober que teníamos que seguir buscando, unos chicos nos comentaron de un hotel sencillo pero por 10 dólares. Nos fuimos a buscarlo y allí nos quedamos. No era maravilloso, pero por ese precio, y visto lo que valían en general los hoteles en la ciudad, estaba muy bien.

Una vez instalados, nos pusimos manos a la obra con la faena más importante: poner a la venta la moto. Hicimos carteles para colgar por las calles, pusimos un anuncio en internet, y nos fuimos a pasear para ver un poco como estaba el ambiente con la compra-venta de motos.

La cosa no pintaba muy bien. El mercado estaba repleto de motos, y no suficientes compradores. Al parecer, es un fenómeno que fluctúa; a veces es Ho Chi Minh la que está llena de motos, y cuesta vender, pero si compras en ese momento, te sale barata, y en ese momento en Hanoi cuesta encontrar una moto en condiciones y además a precio razonable, pero al cabo de unos días la cosa es distinta, y cada ciudad se cambia los papeles. Al parecer nos había tocado la situación desfavorable. Las webs de compra-venta estaban repletas de anuncios en Hanoi, pero apenas en Ho Chi Minh, y cuando nosotros quisimos comprar, había pasado al revés.

Qué le vamos a hacer. Nos resignamos a pensar que quizá no la venderíamos todo lo bien que deseábamos, pero algo teníamos que hacer, no podíamos meterla en un bolsillo de la mochila.

Esa tarde fue tranquila, pero al día siguiente nos lo tomamos en serio. Lo primero que hicimos nada más levantarnos fue ir a un lavadero de motos. Nos dejaron la moto impoluta, sin un rastro de barro (aunque los intermitentes estuvieron unas horas funcionando mal porque se habían mojado los cables…), y después de desayunar, empezamos una estrategia: por las mañanas callejeábamos por la ciudad; Rober con un cartel colgado del pecho para llamar la atención sobre la venta, y después de comer nos acercábamos al hostel de mochileros por excelencia de la ciudad (el del malentendido con el precio), nos pedíamos un café y buscábamos contactos de gente interesada en comprar una moto. A ratos Rober se iba a pasear por los alrededores y a preguntar en tiendas de compra-venta y hacer publicidad de nuestra maravillosa moto (que nos estaba volviendo a dar problemas con el embrague, pero ssshh, no digáis nada…).

La verdad es que después de dos días, el tema nos estaba poniendo de mal humor, porque la cosa no estaba fácil, las tiendas nos ofrecían poco dinero, y nosotros no queríamos estar muchos días en Hanoi porque lo que queríamos era ir a Cat Ba y a Sapa. Para mayor cabreo, una tarde fuimos a una tienda a enseñar la moto. Uno de los chicos fue a dar una vuelta con ella para probar cómo iba, y al volver, nos ofreció una ridiculez. Le dijimos que no, y al ir a coger la moto, nos la encontramos con la rueda pinchada. ¡Ni un pinchazo en más de 2000 kilómetros, y se nos pincha en Hanoi intentándola vender! Arreglamos el pinchazo, que remedio, un chico la probó, pero no se convenció, y empezamos a dudar cómo conseguiríamos deshacernos de ella.

Al día siguiente, después de pasear un rato con ella, volvimos al hostal de mochileros. Después de un par de días pasando algunas horas allí, y pudiendo observar a la “fauna” que por allí merodeaba, volvimos a pensar que no sabíamos si queríamos llamarnos mochileros nunca más; no éramos como todos aquellos, en busca de cerveza barata, chupitos o cubatas, comida occidental (pizzas, patatas fritas, pollo rebozado…), y únicamente relacionándose con otros occidentales.

Visto como estaba el panorama con la moto, esa tarde tomamos una decisión: si esperábamos más días, nos íbamos a quedar sin tiempo para hacer lo que nos quedaba, y al fin y al cabo, el objetivo de la compra de la moto era disfrutar, y eso lo habíamos conseguido de sobra. Así que fuimos a la tienda que más dinero nos había ofrecido por ella, y le dijimos adiós a nuestra gran compañera. Que penita nos dio, a pesar del mal humor de los últimos días.

Una vez conseguido el propósito de la visita a la ciudad, decidimos disfrutar un día de las calles caóticas y vibrantes para luego marchar hacia Cat Ba.

Esa tarde conocimos a unos grandes viajeros, que seguimos desde hace tiempo con su proyecto Eliminando Fronteras. Jota y Dani llevan más de un año recorriendo Asia a dedo y contándolo en su blog Marcando el Polo. De casualidad vimos que estaban en Hanoi a la vez que nosotros, y no dudamos en quedar a tomar un rico café, típico de la ciudad, llamado café con huevo. Disfrutamos contándonos experiencias y consejos, y fue divertido ver que somos muy parecidos 🙂

Después de tantas cosas en tan pocos días, y de recorrer carreteras con dos ruedas, el último día nos fuimos a la estación de autobuses para volver a los vehículos llenos de gente. Próximo destino: Cat Ba.

 ByR

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2 comentarios en “Honda Win for Sale

    • Hola Ana!

      Facilidad para comprar realmente va a ser fácil comprar un tipo de moto u otro. Quizá es más fácil comprar las Honda Win (manuales) porque son las motos más utilizadas en el país. Sin embargo, encontrar scooters como Honda Wave o Yamaha Nouvo no es nada complicado. Para aprender lo mejor es una scooter, en la que no hay que cambiar de marchas.

      Un saludo

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