Un día con una familia hmong

6 y 7 de Marzo de 2014

Mama Lili debe de tener unos 50 años. Por lo que nos cuenta de cuando tuvo a sus tres hijos, y que la edad del mayor es de 30 años, deducimos que estará rondando esa edad. A pesar de eso, su cara aparenta mucha más edad, pero su vitalidad es la de 10 años menos. Todos los días hace tres horas andando desde su aldea hasta Sapa, para ir al mercado y para buscar turistas que le den a ella y a su familia algo más de dinero para vivir. Intenta vender sus artesanías, en forma de bolsitos o pulseras, y a veces busca gente que quieran pasar una noche en su casa para conocer a su familia y ver cómo viven. Al parecer, las mujeres de las aldeas que están alrededor de Sapa han llegado a la conclusión de que es mejor buscarse ellas mismas a sus “clientes” que depender de las agencias, que lo que hacen es crujir al turista con precios abusivos, de los cuales una ínfima parte va a parar a esas familias. Han sido listas, han aprendido inglés, y ellas mismas se buscan su negocio.

Cuando un autobús con turistas llega al pueblo, varias de estas mujeres, ataviadas con trajes que ellas mismas se tejen, van a esperarlos a la parada, para empezar a enseñarles las artesanías o conseguir clientes para hacer un tour. Sus maneras de atraer a los turistas son completamente opuestas a otros lugares en Vietnam. Ante todo hacer amigos. Where are you from? What’s your name? How many days are you going to stay in Sapa? Do you like Vietnam? Te sonríen, muestran todos sus encantos, y te acompañan en tus paseos por el pueblo.

Mama Lili nos encontró a nosotros así, al bajar del autobús. Empezó a hablar conmigo en un inglés de lo mejorcito que habíamos oído en Vietnam. En principio no habría dicho que quisiera venderme nada, sino hacerse mi amiga. Era un encanto de mujer. Nos acompañó a varios de los sitios donde preguntamos precio de alojamiento, y cuando se percato de que lo que queríamos era lo más barato, nos dijo que ella nos podía enseñar algún sitio barato. Cuando ya parecía que éramos amigas, empezó a hablarme sobre ir a su pueblo a conocer su casa y a su familia. Me di cuenta de que estaba buscando negocio, pero me había caído tan bien la encantadora Mama Lili, que le dejé que me contara lo que me ofrecía. Venir a pasar un día conmigo, yo os cocino la comida, la cena y el desayuno, y dormís en mi casa. Me enseñó una libretita donde mucha gente había escrito buenas referencias sobre la experiencia. Nuestra conversación siguió mientras buscábamos lugar donde alojarnos. Cuando encontramos un buen hotel, nos dijo que luego vendría a buscarnos para ver que habíamos decidido.

Dejamos los trastos en la habitación y nos pusimos cómodos, y al bajar para ir en busca de desayuno, Mama Lili estaba en la puerta esperándonos, y se vino a desayunar con nosotros. Se había comprado una rosca con azúcar, y mientras esperábamos nuestra sopa de noddles, nos dio un trozo. Deliciosa. Siguió contándonos cosas; que su pueblo estaba a 3 horas andando, que bajaba todos los días al mercado, que a ella le cobraban la mitad que a nosotros por la sopa de noddles que nos íbamos a tomar. Ya éramos super amigos.

Al subir a la habitación del hotel, ya habíamos decidido que le preguntaríamos por el precio, y si era razonable, le diríamos que si; la experiencia sonaba muy bien.

Después del desayuno, pasamos a hacerle la pregunta delicada, con la cual ella sonrió, y nos dijo: se que vosotros buscáis cosas baratas, así que decirme cuanto me podéis dar. Buf, eso es muy difícil, dinos un precio y te diremos si podemos pagarlo. No daba su brazo a torcer, no había manera, pero después de mucho insistir nos dijo. La gente suele darme 25 dólares por persona. Eso es mucho para nosotros, Mama Lili, no podemos darte más de 10 cada uno. Empezamos a negociar, ella fue bajando su oferta, y al final aceptó nuestro precio. Al día siguiente nos veríamos en la iglesia por la mañana.

Nos encontró desayunando en el mismo sitio que el día anterior, y nos dijo de vernos en un rato, cuando ella terminara de comprar las cosas que necesitaba del mercado. Hoy no iba tan guapa vestida, se había puesto más bien cómoda, con sus ropas típicas, pero con una sudadera y sin el tocado en la cabeza. Desde la iglesia, donde nos encontramos, nos encaminamos hacia el final del pueblo, y desde allí empezamos a subir por un camino hacia las montañas. Nos acompañaba otra chica, que no hablaba nada de inglés, y por el camino Mama Lili nos fue contando cosas sobre su pueblo, su vida allí y como hacían para sobrevivir. Tenía mucha energía y disfrutaba de nuestra compañía.

Nos llevó por otras aldeas en mitad de las montañas y durante tres horas disfrutamos del paseo y de volver a mover las piernas. En un momento dado nos desviamos del camino, y llegamos a una casita de madera rodeada de algunos campos. “Ya estamos en mi casa”, sentenció; y nos llevó al interior, donde nos presentó a una mujer y a unas niñas que andaban por allí: su nuera, cuatro de sus nietas y su nieto de meses de edad, que iba a la espalda de su madre.

Nos enseñó su casa, con algunos de los utensilios que tenía: un telar donde tejían la ropa que usaban, el balde con el líquido que usaban para tintar los tejidos de color azul, la máquina para limpiar los granos de maíz.

Después, entramos en el salón, nos invitó a sentarnos y ella se marchó a la cocina. Estábamos cansados y nos quedamos allí sentados mirando la casa y a las niñas con curiosidad.

Al cabo de un rato, Mama Lili apareció con unos platos de sopa y unas roscas de azúcar y semillas. La comida está lista, a disfrutar. Una sopa de noddles con carne, huevo, verduras y de un sabor delicioso. Nos pusimos las botas junto con las roscas de azúcar, que eran enormes. Después de comer (nadie más comió en la casa, por más que preguntamos), nos propuso si queríamos descansar, y nos enseñó nuestra “habitación”: un colchón en el suelo del altillo de la casa. No supimos decirle que no a una siesta, y ambos nos tumbamos un rato.

Después del rato de descanso, bajamos a ver qué hacía la familia. Las niñas estaban pintando, muy entretenidas ellas, y Mama Lili estaba trabajando en la tierra con su nieto a la espalda.

La observamos un rato, divertidos al ver la naturalidad con la que llevaba a su nieto a la espalda. Pensamos en salir a dar un paseo por los campos, y ella les propuso a sus nietas que nos acompañaran, a lo cual aceptaron encantadas. La más pequeña, de unos tres años, se enamoró de Rober al instante, y no se separó de él, más aún cuando él se la subió a los hombros y ella se sintió la reina del mundo. Nos llevaron por los campos y las casas de otras familias, y otros niños se nos juntaron, divertidos al ver a gente tan rara para ellos.

Fue un rato divertido, y al volver a la casa, ya estaban por allí la nuera, el hijo, y la nieta más mayor; había ido a buscar a los animales que habían pasado el día por el campo. Tres búfales de agua y una cerda con un montón de cerditos.

En ese rato de paseo, Mama Lili ya había entrado en la cocina y estaba haciendo cosas allí, y fuimos a ver qué hacía. Tuvimos un momento de pánico cuando la vimos preparar una especie de pasta con una pinta asquerosa, mezclada con agua caliente, e hizo algún comentario sobre la cena. Buf! Pensamos, ¿qué nos vamos a tener que comer? Mientras sufríamos pensando en el esfuerzo que tendríamos que hacer para comer aquello, la nuera salió fuera, y Mama Lili nos insistió en que saliéramos también. Al salir, sentimos un gran alivio: lo que estaban preparando era la cena de los cerdos.

Las niñas seguían por allí jugando, y cualquier occidental que las viera se llevaría las manos a la cabeza; estaban rondando a uno de los búfalos de agua, subiéndose encima y cogiéndole de los cuernos. Unos cuernos de dos palmos. Niñas de 3 y 5 años.

Se fue haciendo de noche y nos metimos en casa, donde el hijo estaba cocinando la cena. Esto si que tenía pinta de cena.Al cabo de un rato, Mama Lili se sentó con nosotros en el salón, y el resto de su familia, no sabemos por qué, cenaron en la cocina. Cuando nos sacaron los platos, nos relamimos de gusto. Rollitos vietnamitas (en cantidades industriales y recién hechos), arroz, verduras, tofu. Todo delicioso.

Antes de empezar a cenar, el hijo se sentó con nosotros y nos puso unos chupitos de whisky de arroz. Alcohol puro que antes de cenar entraba hasta el fondo del estómago. Al segundo chupito yo dije que no quería más y nos pusimos a cenar. Durante la cena, Rober y el hijo se hicieron casi medio litro del licor, y disfrutamos de una cena copiosa. Después, todo el mundo se sentó delante de la tele un rato (algunas modernidades si que tenían). Las niñas fueron quedándose dormidas y al final nos quedamos con la nieta mayor y con Mama Lili, la nieta nos enseñó sus cuadernos del cole, nos pusimos a dibujar con ella, y luego Mama Lili nos pidió que le leyéramos un librito que tenía la nieta sobre la religión católica. Era como una biblia resumida para niños, escrita en inglés y en vietnamita. Los ojos de Mama Lili brillaban mientras escuchaba a Rober leer la biblia, y luego sacó una biblia de verdad, y pidió que le leyéramos también. Pero resultó que estaba escrita en idioma hmong, pero ella debió de pensar que no sería tan diferente de leer que el inglés. Le costó aceptar que no sabíamos leer aquello. Después de toda aquella conversación, todo el mundo se fue a dormir. La noche no fue muy reparadora, porque el bebé se la pasó casi toda llorando, y a mi me entró una alergia bastante fuerte por el polvo que había en nuestra habitación rodeada de sacos de arroz, pero tampoco fue grave.

Nos levantamos tranquilamente, cuando las niñas ya se habían ido al cole, y Mama Lili nos preparó una café. Al cabo de un rato nos dio el desayuno: sopa de noddles y un bocata con pan crujiente de revuelto de verduras. Nos pusimos las botas. Vimos a la nuera trabajando el campo con el bebé a la espalda, y a media mañana tocó volver a Sapa.

 

Nos despedimos de la nuera, que era la única que estaba en la casa al irnos, y empezamos a caminar con la pena de no poder despedirnos de las nenas. Pero después de un rato andando, nos las encontramos en el camino volviendo de la escuela. Todas nos dieron un beso de despedida, y Mama Lili nos contó que la pequeña le había pedido ir a Sapa hoy con ella para acompañarnos.

Hicimos el camino de vuelta por el otro lado, para ver otro paisaje, y fuimos pasando por otras aldeas, algunas un poco más elaboradas por estar al lado de la carretera.

Al llegar a Sapa, Mama Lili no se quería despedir. Nos pidió si podíamos imprimirle un par de fotos de las que habíamos hecho: la que estábamos los tres, y una de Rober con la nena pequeña a hombros. Aceptamos encantados.

Al final no hizo más que insistir en que les dijéramos a todos nuestros amigos que fueran con ella a hacer el tour. Así que, chicos, si vais a Sapa, preguntar por Mama Lili.

ByR

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