De nuevo escalando en Vang Vieng

17 al 20 de Marzo de 2014

Escuchar la palabra Vang Vieng nos daba miedo, nos producía incertidumbre, inseguridad y desconcierto. Teníamos serias dudas de si ir o no ir debido a su negro pasado. Pequeño pueblo alojado al lado del río, fue hace pocos años testigo de muchos incidentes desagradables. El caso es que en su día se puso de moda el tubing, el cual consiste en tirarse río abajo con un neumático hinchable. Hasta aquí todo parece divertido, pero la cosa se tuerce cuando la gente empezaba a beber y beber cerveza a bordo de su “patera”, fumar marihuana u opio o a tomarse otro tipo de drogas que por suerte desconocemos. El caso es que esta “aventura” se cobró la vida de más de 30 personas en un año a causa de la indigestión de tales sustancias acompañadas de agua. Factores totalmente incompatibles, pues borracho y drogado en el agua, al final uno se ahoga… El caso es que el tubing sigue existiendo, pero parece ser que no al nivel de antes. Han prohibido los bares a orillas del río, con lo cual la gente ya no se pone hasta los topes mientras navega en su barquito.

Al final decidimos ir, y no por ver este tipo de cosas, sino porque Vang Vieng es la segunda zona más importante de escalada de Laos con más de 100 vías. Desde Luang Prabang cogimos un autobús y en unas 5 horas llegamos a nuestro destino. Al llegar no nos sorprendió mucho lo encontrado. Pueblecito repleto de albergues baratos, donde los puestos de sándwiches y shakes inundaban sus calles. Al llegar a media tarde no nos dio más tiempo que para comer algo y dar una vuelta por los alrededores. Ya casi de noche pudimos darnos cuenta de que el ambiente que aquí se respira sigue siendo el de siempre, esto no ha cambiado. Bares con pantallas gigantes donde puedes ver todas las temporadas de Friends, Padre de Familia, Los Simpsons… mientras te obsequian con “toxic water” (whisky de arroz), copas gratis para mujeres y western food inundando la carta. Poco tardamos en darnos cuenta que no duraríamos mucho en este lugar.

A la mañana siguiente nos levantamos más entusiasmados que ningún día. Con Krabi muy lejos en nuestro viaje, esta era la segunda vez que íbamos a escalar. Hicimos las mochilas y en unos 40 minutos llegamos a la zona de escalada. Pasamos un buen día acompañados de bastante gente en el sector y acabamos la jornada escaladora dándonos un bañito en el río. La zona estaba chula, aunque no era el mejor sitio en el que habíamos estado en nuestras vidas; pero servía para quitar el mono que llevábamos.

De vuelta al albergue pasamos por un templo, le hicimos un par de fotos y nos fuimos a celebrar el cumple de Berta con las chicas.

Al día siguiente deshicimos nuestros pasos y volvimos a la zona de escalada, pero esta vez acompañados por Alba y Ana, a las que les hizo bastante ilusión probar a escalar. Pasamos de nuevo un día agradable, con millones de fotos en nuestras cámaras y acabamos de nuevo en el río con un baño refrescante.

Con dos días había sido más que suficiente para ver Vang Vieng. No nos sorprendió nada lo visto, tampoco nos arrepentimos de haber ido pero lo que si que tenemos claro es que no volveremos. Es una zona bastante castigada por el turista, donde el pueblo es un epicentro de droga y alcohol baratos y la vida de la gente local ha cambiado por completo. Aún así pensamos que siempre hay que quedarse con lo bueno y lo que si que es verdad es que Vang Vieng está rodeado por una zona montañosa preciosa, con atardeceres que vale la pena detenerse a contemplar.

RyB

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