Takhek, nuevo epicentro de la escalada en el SEA

20 al 31 de Marzo de 2014

Salimos por la mañana de Vang Vieng con la idea de hacer una parada rápida en Vientiane, la capital de Laos. La verdad es que íbamos ya un poco condicionados por toda la gente que nos había dicho que no valía la pena parar a ver esta ciudad. Unos decían que era aburrida; otros fea; otros que no tenía nada importante que ver… Aún así decidimos hacer oídos sordos e ir a ver qué es lo que nos encontrábamos.

Llegamos sobre las 15:00 y tras dejar todos los trastos en el dormitorio salimos a dar una vuelta e intentar aprovechar al máximo las horas que teníamos por delante. La verdad es que no vimos mucho, pero lo poco que nos encontramos, no nos disgustó. A media tarde, y junto a la orilla del Mekong, pudimos contemplar a varios grupos de gente, todos dirigidos por un par de profesores, haciendo aerobic cuando el sol se ponía por el lado tailandés. Pasamos una tarde agradable, viendo como la gente pasaba el rato con sus amigos, sus familiares y como algunos intentaban alzar la vela del parapente con un aire de mil demonios, el cual casi tiraba al suelo al incansable parapentista.

Al día siguiente continuamos nuestro camino hacia Takhek. Tuvimos la gran idea de coger un bus local (lo barato sale caro, ¿¿o no??) el cual, para ser nuestra primera experiencia, no estuvo nada mal. Al llegar a la estación y ver aquel cacharro hasta los topes nos echamos a reír pensando: “pobre al que le toque viajar ahí”. Pero lo que no sabíamos era que los futuros pasajeros íbamos a ser nosotros mismos.

Sillas, mesas y bidones en el techo del bus seguidos de miles de cajas de aceite en el interior del autobús, bloqueando el pasillo y el lugar donde mete uno los pies… Aquello se estaba convirtiendo en una locura. Nos acomodamos como pudimos y de repente empieza a subir gente y más gente hasta que en la parte trasera no cabía nadie más… no sabemos cómo pero las ruedas echaron a rodar.

A mitad camino el autobús empezó a hacer movimientos extraños, yendo de un lado a otro. Paramos y resultó que el circuito de aire que mantiene en posición las suspensiones había perdido presión. El autobús ahora estaba “cojo” y es así como seguimos hasta el destino final.

Tras la odisea y con un calor insoportable, llegamos a estación de autobuses de Takhek, desde dónde intentamos hacer autostop para llegar al lugar de escalada, a unos 12km. La suerte estuvo de nuestro lado y un camión vietnamita nos paró y nos llevó muy gustosamente.

Durante los diez días que estuvimos en la zona de escalada no supimos nada del mundo exterior. Allí apartaditos, en un valle donde apenas se escuchaba la civilización, disfrutamos de una roca impresionante, con unas vías de escalada muy buenas.


El lugar invitaba al relax, con una terraza de lo más acogedora donde pudimos disfrutar de nuestros días de descanso. En uno de ellos, nos fuimos a dar un paseo por los alrededores a ver un par de cuevas, intentar mejorar nuestro equilibrio en la slackline y escribir y trabajar en el blog.

La zona de escalada de Takhek es relativamente nueva, apenas hace tres años que se empezó a equipar las primeras vías. Hay rutas para todos los niveles, la roca es caliza de muy buena calidad, adherente y llena de chorreras donde disfrutar del “canto” y del desplome. Sin lugar a dudas el mejor sitio de escalada en el que hemos estado hasta ahora en el viaje.

RyB

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