Ayutthaya

24 al 27 de Abril de 2014

Si nos preguntáis, ¿a parte de ver templos en Ayuttahaya que más hicisteis? Te contestaremos que templos, lo que son templos, no vimos muchos. Pero si preguntáis por relax, piscinas, hamacas… te diremos la verdad: por 5 euros/noche estábamos como reyes en un hotel que para nosotros era de 5 estrellas, de donde no queríamos salir. Pero vayamos por partes…

El comienzo del viaje fue desde Kanchanaburi donde empezamos una vez más nuestra rutina de autoestopistas. Gorra en la cabeza, mochilas bien colocadas en el arcén y venga a parar coches que nos llevaran los 150 km que teníamos por delante. Fueron un total de 5 vehículos: una mujer de unos 60 años que nos llegó incluso a invitar a su casa (rechazamos la invitación porque estaba muy lejos de nuestro destino); un matrimonio que iba a un concesionario a comprarse un coche nuevo; un hombre que fue medio obligado por la policía a llevarnos; otro hombre que nos cogió en una gasolinera de la autopista; y finalmente una familia que hizo más de 30 km extras para llevarnos hasta la puerta de un hotel en Ayutthaya. En fin, si hay algo que describe mejor a un país como Tailandia, es la solidaridad y amabilidad de su gente.

Al llegar a Ayutthaya el cielo empezó a oscurecerse, los rayos iluminaban el horizonte y los truenos cada vez se escuchaban más cerca de nosotros. No pudimos llegar a tiempo al hotel y nos tocó resguardarnos en un pequeño pórtico para no mojarnos.

Como en toda tormenta de verano, la lluvia cesó en 20 minutos y pudimos salir de nuestra guarida en busca de lo que iba a ser nuestro hogar durante los siguientes días. Tras preguntar al recepcionista por el precio de la habitación, nos miramos el uno al otro como diciendo… jolin es que 8 euros sigue siendo caro… (habíamos visto cosas más baratas) pero todo dió un giro de 360 grados cuando a nuestras espaldas estaba esto… Nos imaginamos los dos, cada uno a su manera, en aquella piscina, y la verdad que ya no dimos marcha atrás, NOS QUEDAMOS!

Con el calor que hacía y con nuestras habilidades de regateo, sabíamos que este era nuestro hogar. Al día siguiente, hablamos con el supuesto jefe, nos cambiamos de habitación por una de baño compartido, y pasamos a pagar menos de 5 euros por noche. Ayutthaya iba a ser algo más que templos para nosotros.

La primera tarde la dedicamos a dar una vuelta por los alrededores, visitamos mercados nocturnos de comida y nos quedamos sorprendidos por lo tuneados que llevan los autobuses y los tuk-tuk’s por esta ciudad.

Queríamos disfrutar de la ciudad y sus templos a nuestra manera, decidimos no entrar a ninguno, pues en pocos días nos íbamos a ir Angkor, con lo que esta vez, con verlos desde fuera, iba a ser más que suficiente. Nos alquilamos unas bicis y pasamos un día tranquilo disfrutando de las vistas.

Ayutthaya es una ciudad muy turística al estar tan cerca de Bangkok, además es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y en su día fue capital del antiguo imperio Siam. Está rodeada de decenas de templos que la hacen muy atractiva para una escapada de un día. Todo esto ha creado una vorágine alrededor del turismo que hace, cada vez más, que animales tan inteligentes y “dóciles” como son los elefantes, sean explotados. Si te paseas por el centro de la ciudad, verás a miles de turistas aplaudiendo a tres elefantes bailando sobre tarimas, o bien dando un paseo por los alrededores del jardín central de la ciudad. A pesar de presentarse como una asociaciación con la intención de recuperar a los animales de los maltratos sufridos en su cautiverio, da mucho que pensar al ver estos shows si verdaderamente están haciendo lo correcto o bien siguen explotando a los animales a costa de dinero.

Vistos los templos tocaba relajarse, inspirarse para la próxima etapa. Pasamos largas horas en la piscina, en la terraza del hotel leyendo, escribiendo y organizando todos los papeles para la Working Holiday Visa para Nueva Zelanda.

Cumplí un sueño que desde hacía mucho tiempo llevaba en mente: con esta barba tan moderna era hora de darle el protagonismo que se merecía. Tras pensarlo varias veces (no fue fácil) fuimos a la barbería. El barbero, todo confuso, preguntó mediante señas si era la barba lo que me quería quitar. No se si hubo malentendido o hizo lo correcto…

Con todo preparado y los deberes hechos, recogimos las mochilas, nos despedimos de lo que fue nuestra casa durante los últimos cuatro días y cogimos el tren hacia Bangkok, cerrando así el círculo de nuestras mini-vacaciones alrededor de la capital Tailandesa.

RyB

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