Llegada a Camboya y visita de Angkor

5 al 12 de Mayo de 2014

Bangkok nos despidió con un hasta luego pasado por agua. Hicimos 6 horas de tren hasta el pueblo de la frontera, Aranya Prathet, por un precio equivalente a algo más de 1 euro, y nos despedimos de Tailandia, después de un mes en el que nos hemos sentido como en casa.

Al menos la despedida no se hizo dura gracias a la piscina que tenía el hotel donde dormimos la última noche.

Cruzamos una nueva frontera. El sexto país de nuestro viaje. Camboya. Conseguimos esquivar la zona de estafas con los visados que hay en el lado tailandés gracias a la familia que nos llevó desde el pueblo de Aranya Prathet hasta la frontera. Nueva pegatina en el pasaporte, la primera de estos nuevos pasaportes, que esperamos llenar.

Y de nuevo nos pusimos en la ruta para hacer autostop, y de nuevo fracasamos. Tailandia te mal acostumbra y luego te vas a otros sitios pensando que será igual de fácil, y al igual que en Laos, la cosa no funcionó. Todavía no sabemos qué estaremos haciendo mal. El caso es que un hombre nos llevó un tramo en la parte trasera de su pick up llena hasta los topes de trastos (tanto, que nuestras cabezas iban por encima de la cabina, al ir sentados encima de los trastos que llevaba), pero después de este tramo, no conseguimos que nadie parara, más que los taxis que pedían dinero.

Una hora después de intentar parar algún coche, cuando se puso a llover, decidimos que al siguiente taxi, negociaríamos un precio. Tampoco nos salió caro (7 dolares los dos, cuando algunos taxis pedían 10 por persona), y pudimos llegar a Siem Reap cómodos y secos, pero con mal sabor de boca. “A ver si otro día nos va mejor”, pensamos. “Será que Siem Reap es tan turístico que nadie concibe viajar de la manera que queremos hacerlo nosotros”

Llegamos a Siem Reap, y nos dispusimos a buscar alojamiento. Conseguimos encontrar una guest house (eso sí, después de dar bastantes vueltas) a un precio razonable, y con buena pinta. Tanta, que la habitación nos recibió como de una luna de miel se tratara, con las toallas en forma de cisne. Nos acomodamos y pasamos el resto del día tranquilos, con ganas de que llegara el día siguiente y poder, por fin, pisar Angkor.

Pasar visitar los templos, puedes elegir entre los pases de 1,3 o 7 días. Nosotros elegimos el pase de 3 días, que puedes utilizarlo a lo largo de una semana. Nos dolió un poco al presupuesto (40 dólares cada uno), pero nos convencimos de que valía la pena.

También puedes elegir los diferentes tipos de transporte por el recinto: bicis, tuk tuk, moto, coche, autobús. Por presupuesto y romanticismo, elegimos la bici los tres días. Y, excepto por el calor, nos gustó mucho la experiencia.

Durante los días en Siem Reap, disfrutamos de las ruinas, sufrimos del calor y la deshidratación, hicimos amigos entre el reino animal y paseamos, aunque poco, por el pueblo que aloja a toda la masa turística que va a los templos.

Siem Reap no nos gustó mucho, pero siempre puedes encontrar rincones escondidos, hasta en un lugar así. La comida es cara para estar en Asia, pero siempre puede haber un puesto en una esquina oscura al lado del mercado, donde dos mujeres vendan comida para los locales: una haga un plato abundante de noodles fritos con huevo por un dólar, y la otra venda unos dulces que son pelotazos de calorías a base de arroz y azúcar.

También te puedes encontrar una escuelita donde enseñan inglés a los niños de manera desinteresada e invitan a todo el mundo a colaborar, o puestos de venta de fruta, siempre deliciosa. El mercado nocturno es enfocado 100% al turista, con souvenirs por todas partes, pero pasear por el sólo para cotillear puede ser divertido, viendo como algunos turistas se vuelven locos y pagan precios más europeos que asiáticos, solo por no pararse a pensar en el precio real, ni plantearse regatear ni un poquito.

Cuando desde la lejanía de Europa, oyes hablar de Angkor, siempre se le añade la palabra Wat detrás, pensando que es nombre del complejo arqueológico. En realidad Angkor Wat es el nombre del templo principal, el que acapara todas las miradas, el mejor conservado en muchos aspectos, y el que nunca a dejado de ser utilizado. La otra zona importante es Angkor Thom, dentro del cual está el templo de Bayon, el otro más fotografíado.

Como son los más impresionantes, nosotros decidimos dejarlos para el final, al menos no para el primer día. El primer día de visita hicimos lo que llaman el circuito grande por las ruinas; el que lleva a los puntos más alejados de la zona central y más famosa. Con el calor que hacía, no se podía ir a mucha velocidad con la bici para no morir de un golpe de calor, así que no nos dio tiempo a terminar el circuito, pero disfrutamos de ir viendo templos, algunos de ellos muy bonitos, y de ir descubriendo curiosidades en los muros. Uno de ellos, un relieve casi igual que uno que vimos en Champasak.

El calor era fuerte, pero las carreteras están en su mayoría sombreadas por los árboles, lo que hace que al ir en bici, junto con la brisita que puede correr, no se haga tan duro. La parte buena es que como estábamos en temporada baja, vimos casi todos los templos secundarios prácticamente solos, y en los importantes, con un poco de paciencia, conseguimos hacer fotos sin ningún turista por en medio.

El segundo día nos levantamos a las 4 de la mañana, y con mucho esfuerzo, conseguimos llegar a ver el amanecer (junto a otro centenar de turistas, como no) en Angkor Wat. Las fotos no nos salieron tan bonitas como a otros, y es que al estar en temporada seca, el lago no tenía agua (las fotos con el reflejo del templo y la luz del amanecer no fueron tan espectaculares), y el sol empezó a iluminar el cielo antes de que abrieran las puertas de las ruinas, con lo cual no fue lo mismo que llegar en la total oscuridad. Vamos, que según la temporada en la que se visite, hay ventajas e inconvenientes, y para nosotros el amanecer no fue tan impresionante como todo el mundo lo pinta, y el madrugón nos hizo padecer y sentirnos sin fuerzas durante el resto del día.

Después de visitar Angkor Wat tras el amanecer, decidimos ir a los templos alejados para ir cerrando el círculo, y acabamos el día en el templo de Ta Prohm, o como todo el mundo lo llama, el de Tom Raider, porque aquí es donde se rodó parte de una de las películas. Ver cómo los árboles se comen las piedras, y cómo la naturaleza impone su fuerza sobre la mano del hombre es muy impresionante y disfrutamos siguiendo las raíces de los árboles para ver por dónde se metían.

Y para el final dejamos Bayon y los templos dentro de Angkor Thom. Las más de 200 caras le dan un aspecto curioso, y el templo está lleno de pasillos por los que perderse. Nos encontramos a un hombre meditando en mitad del templo, lo que hizo que recordáramos las palabras de un amigo: cuando meditas, te da igual que la gente te mire, incluso que se ría o te haga fotos, porque tu sabes que estás en el lugar correcto haciendo algo que te une a la tierra, y si se ríen de ti es porque ellos son los que no están donde deben. La verdad es que la cara del hombre lo decía todo; estaba en paz con lo que le rodeaba, y el lugar elegido no podía ser más místico.

Fueron 3 días en los que nos deleitamos con las maravillas de la mano del hombre, después de los cuales, cuando nos movimos a Phnom Phen, nos dimos cuenta de cómo el ser humano puede moverse en puntos tan extremos. En un mismo país, en sus dos ciudades principales, puedes ser consciente de las maravillas y las atrocidades que pueden hacer los hombres.

Y después de estos 5 días en Siem Reap, cogimos un bus para ir a la capital, con una gran duda rondando nuestras cabezas. ¿Y ahora qué? Sabíamos que desde Tailandia íbamos directos a ver Angkor, pero del luego ni nos habíamos parado a pensar.

ByR

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