Khmer Rouge, El Régimen Jemer

13 de Mayo de 2014

Miramos a nuestro alrededor y apenas hay gente mayor. Niños por la calle descalzos pidiendo limosna, chicas adolescentes detrás de su puesto de comida callejera, hombres con su tuk tuk intentado atrapar a un turista y allá a lo lejos, vemos a una mujer mayor sentada en la puerta de su casa con la cara estropeada, mirando al horizonte, con el semblante de haber sufrido mucho para poder salir adelante…

Estamos en Phnom Phen, capital de Camboya. País donde, si uno se para y observa atentamente, encontrará una sociedad llena de contrastes: ricos y pobres, donde la clase media no existe; amor y odio; la vida y la muerte. Pero cuál es el porqué de estas diferencias…

Nos tenemos que remontar al año 1975 cuando los Jemeres Rojos, con Pol Pot a la cabeza, tomaron el control del país. Con una ideología maoísta, los jemeres implantaron una de las reestructuraciones más radicales y brutales que haya intentado nunca una sociedad. Construyeron un país basado en la agricultura, donde miles de personas fueron trasladadas de las ciudades al campo, siendo obligados a trabajar como esclavos entre 12 y 15 horas al día. No importaba si estaban enfermos , eran ancianos o simplemente niños, todo el mundo debía de seguir las normas del régimen. Toda persona intelectual  que tuviera algún estudio, supiera hablar un idioma extranjero o con el simple hecho de llevar gafas, fueron inmediatamente asesinadas. Con la llegada de los Jemeres Rojos, Camboya pasó a llamarse Kampuchea Democrática, y con ello, fue proclamado el Año Cero. 

Reglas que se tenían que seguir al pie de la letra dispuestas en el patio interior de Tuol Sleng, prisión S-21

1. Debes contestar de acuerdo a mis preguntas. No les des la vuelta

2. No trates de esconder los hechos haciendo pretextos de esto y lo otro. Está estrictamente prohibido contestarme

3. No te hagas el tonto, eres un tipo que se atrevió a frustrar la revolución

4. Debes contestar inmediatamente mis preguntas sin malgastar el tiempo en reflexionar

5. No me digas nada acerca de la inmoralidad ni de la esencia de la revolución

6. Mientras recibes latigazos o descargas eléctricas no debes gritar

7. No hagas nada, permanece sentado y espera a mis órdenes. Si no hay ninguna orden, permanece callado. Cuando te pida algo, debes realizarlo de inmediato sin protestar.

8. No hagas ningún pretexto acerca de Kampuchea para esconder tu secreto o al traidor

9. Si no sigues todas las reglas especificadas arriba, recibirás latigazos con un cable eléctrico

10. Si desobedeces algún punto de mis reglas recibirás 10 latigazos o 5 descargas eléctricas.

Fueron cuatro años (1975-1979) durante los cuales se asesinaron a casi 2 millones de personas a lo largo y ancho del país. Las ciudades pasaron a ser ciudades fantasmas, donde el temor, el sufrimiento y las violaciones de los derechos humanos fueron el pan de cada día. Un ejemplo de estos hechos se puede encontrar en Toul Sleng, el museo del genocidio de Phnom Phem.

Antiguo colegio de primaria y secundaria, Tuol Sleng fue reconvertido en una especie de cárcel de seguridad (S-21) diseñada para la detención, interrogación, torturas inhumanas y asesinatos después de que la persona confesara toda la información que se le pedía. Su patio interior se ve rodeado por cuatro edificios donde los prisioneros tuvieron que vivir los peores momentos de sus vidas. Dependiendo de la casta y origen de la persona, cada uno era encarcelado en una celda diferente.

Las clases se convirtieron en pequeñas celdas unipersonales de 0,8m x 2m, algunas de ladrillo y otras de madera, donde el preso se veía encadenado de pies y con el “privilegio” de tener una caja metálica donde depositar sus heces. Otras aulas fueron usadas como salas de detención masivas, donde agrupaban a centenares de personas todas dispuestas en el suelo acostadas y boca arriba, escogiendo al azar a cualquiera de ellas para ser interrogada.

En cambio, otras aulas de otros edificios las dividieron en celdas más grandes, 6m x 4m, donde el preso tenía un somier, una cama, cojín y la misma caja metálica que los demás. Estas celdas eran diferentes a las otras, pues  sus ventanas estaban acristaladas y debidamente aisladas para minimizar el ruido que emitía la persona al ser torturada por el soldado de turno.

En el patio interior, donde los antiguos alumnos solían realizar gimnasia, lo utilizaron como una auténtica máquina de tortura. Atando al preso de pies y manos a la espalda, lo izaban con una cuerda hasta dejarlo sin apenas conocimiento. Cuando esto sucedía, introducían su cabeza en barriles de agua estancada para que volviera en sí, y seguían con el interrogatorio.

Mucha de la gente encarcelada en Tuol Sleng, era llevada a diario a los Killings Fields, a unos 7km de la ciudad, donde sin más explicación era asesinada y enterrada en una fosa común.  Se dice que solo en la cárcel morían y/o se asesinaban 100 personas al día. Además para tratar de evitar el suicidio por parte de los presos, dispusieron en todos los edificios una alambrada con pinchos para evitar que la gente se tirara desde las zonas más altas. 

Esto es una mínima parte de lo que sucedió en Camboya durante el mandato de los Jemeres Rojos. Dolor, sufrimiento, una generación perdida, pobreza, diferenciación de las clases sociales, eliminación de los derechos humanos. Se desconoce el número exacto de las personas que perdieron la vida durante los casi cuatro años del dominio del Régimen Jémer, pero se estiman que fueron casi 2 millones.

 La historia es dura; al pasear por este lugar es difícil contener las lágrimas que brotan de nuestros ojos, pero es la triste realidad. Como bien dice el tríptico que hoy sostengo en mi mano…

“Hoy es obligatorio conservar los archivos, las evidencias de este maldito régimen y recordar la represión, angustia y sufrimiento causado por el Régimen Jemer. Mantener la memoria de las atrocidades que se cometieron en Camboya nos darán la clave para construir un nuevo estado más fuerte y más justo

Por aquellos que no pudieron vivir una vida como la nuestra, seamos coherentes y consecuentes, y evitemos a toda costa que se vuelva a repetir lo que en su día sucedió en Camboya.

 RyB

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