Que duro es madrugar pero que bonitas son estas piedras

9 de Mayo de 2014

4am. Suena el despertador. Maldita sea, yo quiero dormir más. ¿Quién me manda a mi tener estas ideas de bombero y querer levantarme a estas horas para ver cuatro piedras puestas una encima de la otra? Todo sea por decir que vi amanecer en Angkor Wat.

Nos levantamos, nos tomamos un zumo y unas tostadas que compramos ayer en el supermercado, y salimos a la calle en busca de un sitio donde estén tan locos como nosotros y abran a estas horas para alquilar bicis a los turistas. Lo encontramos; hay gente que por ganarse la vida hasta llegan a abrir su negocio a las 4.30am para alquilar las bicis a los turistas mas madrugadores. Cogemos dos bicis (nos regalan dos botellitas de agua fresca, que majos) por un dolar cada una y empezamos a pedalear en la oscuridad y la soledad de las calles. A ratos llegamos a plantearnos el mandarlo a la porra e irnos a dormir otra vez.

Como ya contamos en la primera entrada sobre Angkor, cada época de visita tiene sus pros y sus contras. Nosotros tuvimos la suerte de ir en temporada baja y tener pocos turistas a nuestro alrededor, pero por contra hacía mucho calor y el amanecer que vimos no fue lo más espectacular que hemos visto. Pero aún así valió la pena, y disfrutamos de ver salir el sol por detrás de la impresionante silueta de Angkor Wat.

Una vez visto el espectáculo del sunrise, nos metimos en el interior del recinto a recorrer sus pasillos y maravillarnos por sus relieves en los muros. Realmente Angkor Wat se ha ganado el título de Maravilla del Mundo, y es que es una pasada de lugar. Está considerado la mayor estructura religiosa jamás construida y de todo el recinto de ruinas de Angkor, es el único templo del que los monjes budistas no se han ido nunca.

Te podrías pasar horas mirando los relieves de los muros, que cuentan historias como si de una película se tratara.

Se respira majestuosidad y espiritualidad por todas partes, y sentarse a la sombra dentro de alguna de sus habitaciones a mirar a tu alrededor es una experiencia única.

Después de disfrutar de las maravillas de Angkor Wat, decidimos seguir cerrando el círculo y nos fuimos en buscar de los templos más alejados que nos habíamos dejado sin ver el día anterior. Pasamos por las puertas del recinto de Angkor Thom y nos encaminamos hacia el norte.

Llegamos hasta el templo de Preah Khan, otro bastante impresionante. Nuestras fuerzas escaseaban después del madrugón, pero aún así disfrutamos del paseo por las ruinas y de los árboles comiéndose los muros.

Una de las cosas con la que nos encontramos por allí, y que se repite en casi todos los templos más grandes, es la cantidad de niños de todos los tamaños que van vendiendo recuerdos a los turistas, y que pueden llegar a ser bastante insistentes y pesados. En unos sitios lees que no debes comprarles nada, ya que es una nueva manera de esclavitud infantil, y otros te dicen que mejor comprarles a ellos, ya que estás ayudándoles a tener una vida un poquito mejor… ¿A qué versión hacer caso? Buf, que decisión tan complicada.

Más pasillos, más raíces entre las rocas, más dibujos que descubrir en los muros… Aunque a veces encuentras similitudes entre los diferentes templos, también puedes ver cosas no hayas visto en los demás.

Una vez vistos los que nos faltaban más alejados, volvimos atrás, y decidimos acabar el día con otro de los famosos: Ta Phrom, o popularmente conocido, el templo de Tomb Raider. Yendo hacia allí pasamos por otro pequeño, pero nuestras fuerzas sólo nos dieron para hacerle un par de fotos, a pesar de ser bonito y estar bien conservado.

Y llegamos a donde la naturaleza y la mano del hombre se unen con mayor belleza. Los árboles le han ganado la lucha a las piedras, pero éstas aún aguantan la envestida como pueden y se mantienen en pie formando espectaculares imágenes. Si no fuera por la gente que visita contigo el templo, no necesitarías una gran dosis de imaginación para sentirte el protagonista de una película de aventuras.

A veces los seres humanos saben tomar sabias decisiones, y aquí han decidido dejar las cosas como se las encontraron en lugar de restaurar como locos, de tal manera que lo que te encuentras es la selva comiéndose lo que encuentra a su paso, demostrando la fuerza que tiene la naturaleza. Los árboles estrangulan con enorme belleza las construcciones del templo, haciendo que te sientas en un lugar mágico,  y las fotos no le hacen en absoluto justicia; lo siento amigos, tendréis que venir a verlo en persona para entenderlo.

ByR

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