Las 200 caras de Bayon y los restos de Angkor Thom

10 de Mayo de 2014

Y llegó nuestro último día de ver piedras y hacer kilómetros en bici. Mucha gente sueña con visitar esta maravilla de lugar, y como desde Europa se ve tan lejano, y a veces nos conformamos con soñar despiertos, nosotros hemos decidido acercaros un poquito lo que aquí se puede ver y daros un pedacito de lo que nosotros vivimos y disfrutamos.

Después del primer día viendo los templos más pequeños y alejados, y del segundo día disfrutando del amanecer en Angkor Wat y los árboles abrazando las piedras en otros de los templos alejados, llegamos al tercer día de nuestro pase y decidimos ver lo que nos quedaba: todo el recinto de Angkor Thom, la otra maravilla más famosa.

Una de las cosas que nos había pasado con la visita de los anteriores días es que nos había entrado la curiosidad por conocer un poco más sobre la historia de todas estas ruinas. Buscamos información sobre los templos que habíamos visitado, y nos enteramos de cosas como que Angkor era el nombre de la región que alojó a las diferentes capitales del Imperio Jemer durante su época de esplendor, y donde llegaron a vivir hasta 100.000 personas (cuando en aquella época en Londres vivían unas 50.000). La ciudad se componían de casas y edificios de madera, reservándose la piedras sólo para los templos, puesto que se consideraba que sólo los dioses eran dignos de vivir en templos de piedra. Por ello hoy en día sólo se conservan los edificios con funciones religiosas. Interesante, ¿no?

Entramos por la puerta que llega a Angkor Thom desde Angkor Wat, por donde todo el mundo pasa, incluidos los pobres elefantes, y fuimos directos al templo de Bayon, el templo de las caras. Tan impresionante, o según algunos, más que Angkor Wat, Bayon te recibe con cientos de caras mirándote y vigilando tus pasos.

Nosotros hemos llegado a la conclusión de que lo disfrutamos más que Angkor Wat: está lleno de pasillos y escondites, pequeños rincones por donde no pasa nadie, y muros y puertas que te llevan a diferentes salas con relieves en las paredes que cuentan historias. Disfrutamos como niños persiguiéndonos por los pasadizos y subiendo escaleras para ver dónde llevaban. Nos faltaba el sombrero de exploradores y la mariposa a la que seguir.

Hay un total de 216 caras en Bayon, mirando hacia los cuatro puntos cardinales, y hay algunas que se podría decir que hasta te miran. Vas paseando por el último piso, el más alto del templo, y te sientes observado. Y algunas de ellas no parecen muy amigables… Pero puede ser divertido jugar a: ¿Cuántas caras ves en esta foto? (¡Atrévete a dejar la respuesta en un comentario del post!)

Fue muy divertido perderse por los rincones, ver a un hombre haciendo meditación en una de las salas o escuchar a ratos y con disimulo las explicaciones de algunos guías para enterarnos de alguna curiosidad. Seguimos sintiéndonos exploradores.

Después de ver el templo de Bayon, nos acercamos al otro templo grande que está dentro de las murallas de Angkor Thom: Baphuon. Es otra gran pirámide, que aunque no se conserva muy bien la parte alta, se adivina lo grandioso que debió de ser. En uno de los laterales tiene un gran buda reclinado hecho en el muro, y desde la parte alta se divisa la llanura donde están todas las ruinas. Tuvimos un “pequeño” percance al ir a entrar: al tener una imagen de buda, no dejan entrar enseñando rodillas ni hombros. Yo iba con una camiseta de tirantes, fallo por mi parte no recordar coger algún pañuelo para cubrirme los hombros, porque sabíamos que podía pasar. Pero lo pudimos solucionar: primero subió Rober al templo, hizo fotos y disfrutó de las vistas, y cuando él terminó, se quitó la camiseta, yo me la puse, y visité el templo. Somos gente de recursos.

El resto del recinto de la ciudad de Angkor Thom está plagado de pequeños restos de otros palacios, como la pirámide de Phimeanakas, donde las escaleras están hechas para intrépidos escaladores, con una inclinación que ni un corredor de montaña.

Y delante de este templo se encuentra la terraza de los elefantes, el palco donde se sentaba el rey para contemplar el desfile de las tropas después de una victoria. El nombre no es por azar, ya que todos los relieves esculpidos en los muros de la terraza son de elefantes, algunos de ellos muy bien conservados.

Y tras el paseo por la terraza, buscando diferentes imágenes de elefantes y viendo a los monjes pasear, nos despedimos de las ruinas de Angkor. Al final hay ratos en los que te cansas de ver piedras, pero se te pasa rápido cuando descubres otro muro con relieves u otro templo con pasillos estrechos por donde perderse. Y aunque sea visita obligada, sabemos que no siempre es fácil llegar hasta la otra parte del mundo, y como la tecnología es una maravilla y hoy en día nos brinda experiencias sin levantarnos del sofá, aquí os dejamos una parte de Angkor para ver: Angkor en Street View.

ByR

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s