Phnom Phen, vida de capital

12 al 15 de Mayo de 2014

Llegamos a la capital después de un largo día en autobús, donde empezamos a darnos cuenta de las locuras que pueden llegar a hacer los camboyanos con el transporte. A nuestro autobús se le estropeó el aire condicionado a mitad camino, así que nos metieron a todos en otro bus que venía por detrás haciendo la misma ruta. El problema fue cuando nos encontramos con un bus que ya iba lleno de gente, así que todos nosotros acabamos de pie en el pasillo para hacer los últimos 100 kilómetros hasta nuestro destino.

Hay mucha gente que le debe de tener manía a las capitales. No vayas allí, no vale la pena; con un día para ver el museo tienes más que suficiente; es una ciudad caótica y ruidosa… Con nuestro habitual no plan, llegamos a Phnom Phen después de ver los templos de Angkor sin tener ni idea de qué hacer. Una vez visto el museo del genocidio, y quedarnos con mal cuerpo para el resto del día, decidimos callejear a ver qué encontrábamos. A parte de algún templo, puestos de comida aquí y allí y gente y motos por todas partes, vimos lo que había que ver: una ciudad.

También resultó que llegamos cuando eran las fiestas del cumpleaños del rey, con lo cual una noche nos encontramos con la plaza de al lado del palacio llena de gente de picnic en el césped, jugando y pasándoselo bien. Nosotros nos entristeció ver que este rey no regalaba cosas como el de Tailandia.

Pero hay algo que nos gusta mucho, y que hacía tiempo que no nos deleitábamos en ver tranquilamente: los mercados.

Phnom Phen tiene dos famosos y grandes: el mercado central y el mercado ruso. En ambos venden de todo, y solo con pasear por los pasillos del mercado, sin hacer nada más que mirar, te lo pasas pipa descubriendo todas las cosas raras que pueden poner a la venta, o los diferentes oficios que desempeñan en los minúsculos locales que hay uno al lado del otro.

¿Quieres una moto? Aquí casi te puedes hacer una como si de fascículos se tratara. Una pieza aquí, el chasis allí… Lo que siempre te preguntas al ver estos puestos, ¿cómo encuentran las cosas? ¿Y cómo pueden sobrevivir tantos negocios de lo mismo uno al lado del otro?

No ha sido la ciudad más bonita, impresionante, llamativa, caótica… que hemos visitado en nuestro viaje por estos países, pero en parte, le hemos encontrado algo de encanto.

ByR

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