Largo camino hasta Sen Monorom

16 al 19 de Mayo de 2014

Nos gusta la montaña, nos gusta la naturaleza, nos gusta sentirnos libres de vez en cuando y estar rodeados de árboles, tierra, nubes, tormentas, sol, animales y porque no, ver el atardecer sin ningún otro objetivo que disfrutar del lugar donde estamos en ese momento…

Pero para llegar hasta aquí, hay que encontrar el modo de cómo hacerlo: en coche, en bus, en camión, en moto, en bicicleta, en van, como se quiera, pero hay que llegar. Nosotros le dimos una oportunidad más a eso que le llaman autostop y que tan bien le van a nuestros amigos Jota y Dani en su proyecto Eliminando Fronteras. Nos valía cualquier transporte citado anteriormente, no nos importaba como llegar… Salimos de Kampung Cham, cruzamos el Mekong (el puente se nos hizo interminable), y bajo un sol de justicia nos enfrentamos a lo que iba a ser un largo día que titulamos: Dos inocentes perdidos en las carreteras de Camboya.

“Me acuerdo del día cuando cruzamos la frontera entre Tailandia y Camboya, cuando vi aquellas mini-vans llenas de personas, llenas de cosas hasta los topes (entiéndase cosas como motos, animales, patatas, maletas, material de construcción, frigoríficos…), unos hombres arriba del techo, otros en la parte trasera sujetándose a las cuerdas con tal de no acabar en el asfalto…Y lo primero que pensé fue, aquí están locos pero…¿seríamos nosotros también partícipes de esta locura a lo largo de nuestra aventura por Camboya?“ 

Aquel día fue solo un pensamiento que se cruzó en mi mente, en ese afán de aventura que nos mueve y nos hace estar hoy aquí, disfrutando de estos países tan enriquecedores y agradables…

¿Por dónde íbamos? A sí, cruzamos el puente con la ilusión de encontrar a alguien para que nos vaya acercando a la provincia de Mondulkiri, en concreto a Sen Monorom, donde encontraríamos aquello que andábamos buscando. Después de estar esperando casi una hora, nos llaman desde una camioneta un par de hombres. Con un cordial saludo, nos abren la puerta y el aire acondicionado nos da una buena bienvenida. Nos dicen que solo nos pueden acercar hasta el pueblo donde van ellos, apenas unos 25 km de donde estamos, pero bueno, algo es algo, pensamos… Al llegar al mercado del pueblo, el conductor con un sorry, nos dice que hasta aquí vale el boleto que hemos comprado y que nuestro viaje lo debemos de seguir en otro vehículo.

Con un gracias nos despedimos y continuamos carretera adelante para encontrar al siguiente camboyano que quiera compartir su viaje con nosotros. La espera vuelve a ser larga, nadie nos para y empezamos a estar cansados de estar bajo este sol sin la recompensa que nos merecemos. Al rato de tener el brazo levantado haciéndole señas a todo vehículo que pasaba por nuestro lado, nos para una de esas mini-vans que apareció en nuestros pensamientos a la entrada del país. Discutimos el precio, y por 3$ cada uno, aceptamos como válido el trayecto que nos llevaría un trocito más en nuestro largo camino para llegar a nuestro destino final.

La historia se repite, estamos a 120 km del final del trayecto y en mitad de la carretera de nuevo intentando encontrar a alguien que nos quiera llevar. Somos muy inocentes, pensamos que va a funcionar, y con la mejor de nuestras caras preguntamos a un pick up con el logo de  la ONG WWF:

        – Buenas tardes señor, va a usted a Sen Monorom?

El hombre cierra los pestillos del coche y con la ventanilla abierta solo tres dedos (¿¿tan mala impresión doy??, pensé) dice…

– Mmmm, no, no lo sé, mejor coge un taxi…

Al mismo tiempo un europeo miembro de la organización que se disponía a subir al coche, me mira y se ríe.

“Chaval va a ser que ahí te quedas tu, tu maleta y tu novia esperando a ver si alguien os coge… nos quisieron decir solo con la mirada y las formas de tratarnos…” PD: Al día siguiente los vimos en la terraza del bar mientras desayunábamos…

No puede ser, ya llevamos más de ocho horas yendo y viniendo de un coche a otro, solo hemos hecho 135 km de los 260 km y nuestra paciencia tiene un límite, sobre todo cuando el asfalto está a más de 60 grados y estamos que nos deshidratamos!

Queríamos aventura, entre muchas otras cosas, cuando empezamos el viaje, así que ese flash que vimos en aquellas mini-vans a la entrada del país, se convirtieron hoy en las que nos llevaron por fin al destino tan deseado… Después de llenar la mini-van con 28 personas, una moto, mas de 50 kg de patatas, verduras, frutas, salimos a las 17:00 con las manos del hijo del conductor en el volante hacia el fin de nuestro viaje.

Por fin llegamos a Sen Monorom, y como hoy la suerte no está de nuestro lado, casi todo está lleno. El cumpleaños del rey junto a una carrera de Mountain Bike por la zona, hace que toda la oferta de alojamiento esté con el cartelito de FULL. No nos desesperamos, pues el tiempo nos da eso que íbamos buscando, esa fuerza de la naturaleza que nos hace seguir vivos y alegres. Encontramos un hotel por 11$ que nos da la posibilidad de disfrutar de una de las tormentas eléctricas más impresionantes que jamás hayamos visto.

Amanece, abrimos la ventana y el sol nos da los buenos días. Salimos en busca de un nuevo albergue que nos ofrezca la posibilidad de gastar un poco menos en el alojamiento para poder gastar mucho más en ese mercado donde venden el producto estrella del valle: el aguacate.

Calle arriba, calle abajo y ya hemos visto este pequeño pueblo que se encuentra en medio de las montañas. Famoso por sus rides en elefante, sus trekkings, sus waterfalls, sus visitas a las aldeas de grupos étnicos, hace que veamos más europeos como nosotros. Nosotros no hemos venido en busca de nada esto. Venimos a ver como es la vida aquí, a aprender como viven la gente local, a estar más cerca de ellos y ver como pasan sus días. Los días pasaron tranquilos en este lugar, alquilamos una moto y visitamos los alrededores con el simple objetivo de ver, observar, respirar y perderse por sus caminos con el afán de descubrir algo nuevo.

No encontramos ningún tesoro ni ningún pueblo deshabitado que nos sirviera para montar nuestro futuro camping, pero si encontramos aquello con lo que empezamos este post: naturaleza, árboles, tierra, nubes, tormentas, sol, animales y atardeceres que nos hicieron olvidarnos de cómo habíamos llegado hasta este lugar.

RyB

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