Un día por la carretera… Pangandaran-Wonosobo

16 de Junio de 2014

Una llamada de última hora nos estaba invitando a pasar unos días en un pueblo perdido entre las montañas. No nos costó mucho decidirnos, el no plan que llevamos encima nos encanta, así que tras estudiar los puntos claves de la ruta, nos lanzamos a la carretera a las 8 de la mañana con la intención de cubrir los 260 km que teníamos por delante en el día. Era un auténtico desafío, pues por primera vez en el viaje estábamos intentando cubrir más de 250 km en el día, y tratándose de Asia, no es fácil debido al estado de las carreteras ¡Aquí no hay autopistas! A nuestra llegada nos estaba esperando Ema, nuestra anfitriona durante nuestra estancia en Wonosobo, así que teníamos que llegar si o si.

No tuvimos que esperar mucho cuando un coche se detuvo a nuestro lado. Tras la pequeña conversación en Bahasa Indonesia (si chicos, ya sabemos unas pocas palabras para poder decir donde vamos…) nos dijo aquello de Visa Visa (Puedes puedes). Fue corto el trayecto que hicimos con este coche (2 horas) y apenas hubo aventura comparado con lo que nos venía por delante, pero nos sirvió para acercarnos a la carretera principal.

Se podía decir que aquí empezaba realmente nuestro viaje hacia Wonosobo, así que con la mejor de nuestras caras empezamos a hacer señas a TODO vehículo que pasaba por nuestro lado. Al ratito paró Mei, un hombre de unos 50 años que había salido de Jakarta a las 5 de la mañana. Él iba a Yogyakarta, y esto era perfecto para nosotros, pues íbamos a poder hacer casi mas de la mitad del camino del tirón. Yo me puse de copiloto y Berta se sentó en la parte trasera, escuchando la conversación (muchos de los hombres que nos recogen no suelen hacerle mucho caso a la pobre; no sabemos si por cultura o porqué). Fue todo un espectáculo el recital de conocimiento que me dio durante todo el trayecto.

Durante las 3 horas de viaje no paramos de charlar acerca de Indonesia, su variedad de razas, idiomas, estilos de vida… De un momento a otro me cambiaba de tema y se ponía a hablar de su tema preferido: aviones, cazas, submarinos, tanques, porta aviones… Estaba bastante interesado si nosotros teníamos de eso, de donde procedían y donde habían sido construidos. Me dio casi la lista completa de lo que tenia el régimen militar indonesio, que si estos los compramos de Alemania, que si esto es de EEUU, que si antes teníamos acuerdos con la Unión Soviética… La verdad es que yo me quede alucinado con como el hombre sabía tanto de estas cosas. Mi intriga no pudo mas y le pregunté que como es que sabia tanto de estas cosas, a lo que me respondió: Mi padre fue sargento y fue enviado a Vietnam para instruir a los soldados del Viet Kong, cuando la Guerra de Vietnam. Ellos querian que los EEUU ganaran pero por una vez, no pudo ser… Así que deduje que la afición por las batallitas le venían de herencia.

Cuando el hambre hacía mella en nuestros estómagos paramos a comer, nos invitó a un arroz con verduras y un pollo para chuparse los dedos, y no nos dejo pagar. Cuando nos fuimos acercando al punto en el cual teníamos que desviarnos, le dijimos que parara, que nosotros cogeríamos la carretera de la otra parte de las montañas para ir hacia Wonosobo. El hombre se quedó medio triste, al parecer le habíamos caído super bien e insistió de que fuéramos con él hasta Yogyakarta, y que desde allí cogiéramos otra carretera mucho mejor hacia Wonosobo. El camino que el proponía era mucho mas largo y si lo tomábamos, casi con total seguridad no llegaríamos a nuestro destino, así que rechazamos la oferta. Mei se despidió casi con lágrimas en los ojos, no sabemos por qué, pero al parecer hizo de nosotros sus amigos de toda la vida. Nos dio su tarjeta, su teléfono, y nos repitió una y otra vez que si nos pasaba o necesitábamos algo que le llamáramos.

Otra vez nos encontrábamos a la orilla de la carretera esperando nuestro próximo compañero de viaje cuando de repente vemos que un coche pone el intermitente y se va parando a medida que se acerca a nosotros. Berta me mira, yo le miro y repetimos los dos a la vez: NO PUEDE SER!! Pues si puede ser, era Mei, el hombre del que nos habíamos despedido hacia apenas cinco minutos. Preocupados, le preguntamos que que pasaba… De repente sacó de su bolsillo unos cuántos billetes de 50000 rupias e intentó dárnoslos. Nos quedamos un poco en shock, la verdad es que nunca imaginas que alguien te pueda dar dinero a cambio de nada, simplemente por hospitalidad. Obviamente rechazamos el dinero, le dijimos que no se preocupara, que estábamos viajando en autostop para sentir mas de cerca el país, para aprender mas de la vida de la gente y madurar con las experiencias que íbamos viviendo por el camino. Él estaba preocupado por si no teníamos dinero, por si necesitábamos cualquier cosa, así que al final sacamos la cartera, le enseñamos que el dinero no era el problema, que teníamos suficiente para el viaje, y solo así conseguimos que se fuera tranquilo. Fue todo un acto de solidaridad y hospitalidad que dudo mucho podamos olvidar.

Con esta bonita acción nos quedamos allí esperando, y con la total seguridad de que hoy llegaríamos a Wonsobo. El tramo que teníamos a continuación era simplemente de tránsito, una carretera que enlazaba las dos principales. Nos recogió un hombre mayor con su hija y su nieta. Apenas hubo conversación dado que no hablaban inglés pero a pesar de ello, se ofrecieron a hacer casi 100 km extras para llevarnos hasta el final de nuestro destino. Les dijimos que no hacia falta, que encontraríamos a otro coche que fuera hacia la misma dirección que nosotros necesitábamos, así que tras una media hora junto a esta pequeña familia, volvimos a recoger las mochilas y salimos del coche.

Ya nos quedaba poco camino, tan solo 80 km y eran las 3:30 pm. Teníamos margen; a las 5:30 pm ya casi es de noche y nuestra ilusión nos empujaba a conseguir el reto. Cuando apenas nos estábamos acomodando, paró un coche del cual salieron dos hombres. Nos vieron, nos hicieron señas para que nos acercáramos, y tras conversar con ellos, nos abrieron las puertas del coche para que subiéramos. Nos llevaron unos 40 km más, aunque antes de que llegáramos a su pueblo, paramos en un puesto de comida local a orilla de carretera. Nos invitaron a comer de nuevo en la ruta, esta vez un delicioso pollo con salsa de coco y sticky rice (arroz). Fue una pena que no pudiéramos comer más, pues estábamos casi llenos dado que hacía unas horas habíamos comido con Mei.

Al llegar a la estación de autobuses del pueblo, Susilo, nuestro conductor, insistió en comprarnos un billete de autobús hasta Wonosobo. Eran las 5 pm y en poco rato se iba a hacer de noche. El hombre estaba más que preocupado, no paraba de decirnos que no quería que nos quedáramos solos en la carretera de noche. Argumentaba que era muy peligroso, que éramos extranjeros y que nos podía pasar algo. Nosotros le repetimos mil veces que no se preocupara, que en menos de cinco minutos íbamos a ser capaces de encontrar a alguien que nos llevara hasta nuestro destino… No le convencimos, cruzó la calle y se fue a la ventanilla a comprar dos billetes para una mini-van. No se si por buena o mala suerte, ya no quedaban plazas en la mini-van, y con cara triste vino diciendo que no había podido comprarlos. Le pedimos su número de teléfono y le aseguramos que le llamaríamos una vez llegáramos a Wonoboso. Susilo, everything is gonna be ok (todo va a ir bien), le dijimos!

Con todo el ajetreo se nos hicieron las 5:30 pm de la tarde, era casi de noche y el cielo empezó a nublarse. Los coches ya no nos veían tan bien y las luces de la carretera brillaban por su ausencia. Pero un día como el de hoy no podía acabar mal, así que cuando menos lo esperábamos, los frenos de un camión cargado de madera chillaron a escasos metros de donde estábamos y allí que paró. Y si, ¿que mejor forma de acabar nuestros 260 km que en lo mas alto de un camión donde nos sintiéramos los ganadores de nuestra carrera particular?

Los últimos 40 km fueron a 40 km/h, en lo alto de la cabina de un camión donde vimos como la lluvia salpicaba en la luna delantera, las luces alumbraban la noche oscura de Indonesia y donde una vez más, nos dimos cuenta que la hospitalidad se encuentra allá donde vas.

PD: Desde Jakarta cogimos un tren hasta Bogor, que se encuentra a unos 30 km de la ciudad, para salir del centro y evitar todo el tráfico rodado de una gran ciudad de 10 millones de habitantes. Desde entonces, hemos recorrido 650 km en autostop en 13 vehículos diferentes. Hemos conocido a mucha gente, muchas historias detrás de cada uno de ellos, y solo por eso, queremos llegar hasta el final. Lo que empezó como una prueba se ha convertido en un reto. Queremos conseguir cruzar Java de Oeste a Este sin coger ningún transporte publico. ¿Nos ayudas a conseguirlo? Solo con estar detrás de la pantalla leyendo ya nos das esa energía que necesitamos! 

RyB

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