Visita al Templo de Borobudur

19 al 21 de Junio de 2014

Seguíamos creando nuestro itinerario en base a las invitaciones que nos llegaban de gente indonesia de Couchsurfing para ir a sus casas. El templo de Borobudur es un imprescindible de todo viaje por estos lares, y desde Yogyakarta o desde el mismo pueblo de alrededor del templo, se puede ir a visitar (aunque siempre es mejor estar cerca para ir pronto a verlo y evitar el calor y las masas de gente).

Saliendo de Wonosobo nos venía de paso parar primero en Borobudur, así que aprovechamos la invitación de Halim para tener el templo más cerca de casa. Dejamos la casa de Ema, convencimos a su madre para que no se preocupara por nosotros, y nos pusimos al lado de la carretera a esperar que alguien fuera en la misma dirección que nosotros y quisiera llevarnos. No tuvimos que esperar mucho, cuando un matrimonio joven con su hijo y su sobrino paró a nuestro lado y nos dijo que pasaban por el templo de camino a su casa.

Tuvimos una agradable conversación con ellos sobre nuestro viaje mitad en inglés, mitad en bahasa indonesio y gestos, y disfrutamos del trayecto con la tranquilidad de ver lo bien que conducía el hombre (cosa bastante rara en este país; aquí el que conduce medianamente bien es el que en España diríamos que consiguió el carnet en una tómbola de feria). Llegamos a media tarde a casa de nuestro host y nos relajamos charlando un rato con él antes de irnos a dormir pronto, pues al día siguiente quedamos en ir a ver el amanecer y luego el templo.

La suerte de visitar los lugares con gente local es que vas directo a los sitios,  sin dar rodeos y con la ventaja de utilizar muchas de las veces los vehículos que te prestan. Esta vez cogimos las motos y nos fuimos a lo alto de una colina para ver como el sol asomaba entre los volcanes Merbabu y Merapi (este último aún activo y previsto que entre en erupción a final de este año o principios de 2015). Las vistas no fueron las mejores debido a la suciedad del ambiente, pero pudimos ver el templo a lo lejos entre las montañas.

Compartimos el lugar con una buena cantidad de turistas, y una vez que el amanecer dejó de ser interesante, pareció que se diera la salida a una carrera; todo el mundo se fue a por las motos para llegar al templo lo antes posible. Uno de los problemas de este templo tan famoso es que a media mañana se llena de estudiantes indonesios que van de excursión con el colegio, lo que implica para los extranjeros un suplicio por los paparazzis improvisados; todo el mundo te mira con curiosidad y te piden fotos cuando se les pasa la vergüenza.

Llegamos al recinto de las ruinas, todo bastante artificial (no te sientes tan Indiana Jones como en Angkor), y después de comprar la entrada como estudiantes (a mitad de precio; les colamos nuestros carnets de universitarios…) nos fuimos para dentro.

Borobudur es el templo budista más grande del mundo; realmente impresiona cuando te acercas a él. Fue construido entre los años 750 y 850 y al poco de terminarlo, al parecer lo tuvieron que abandonar por culpa de las erupciones del volcán Merapi (también se cree que quizá el abandono tuvo algo que ver con la llegada del Islam al país).

El monumento está construido a base de seis plataformas cuadradas coronadas por tres plataformas circulares, y está decorado por 2.672 paneles de relieve y 504 estatuas de buda. Las plataformas de arriba tienen setenta y dos pequeñas estupas que rodean una más grande. Cada una de esas pequeñas estupas tiene forma de campana y está decorada por distintos agujeros a través de los cuales se distingue la estatua de Buda que hay en el interior de cada una de ellas Cada plataforma representa un estado de iluminación. El camino que guía a los peregrinos fue diseñado con símbolos sagrados basados en la cosmología budista.

Decidimos hacer la visita viendo cada piso desde abajo, como si fuera nuestro camino hacia la iluminación. Como las fotos típicas del templo son de las estupas del piso superior, el porcentaje de turista en los niveles inferiores, donde están todos los relieves en los muros, es mucho menor. Casi todo el mundo se sube arriba y apenas presta atención a, en nuestra opinión, una de las partes más impresionantes del templo. Si vas con calma y observas a tu alrededor, puedes encontrarte, tallados en los muros, desde la figura de buda en múltiples posiciones, hasta animales (vimos elefantes, tortugas, monos, caballos…), barcos o escenas de todo tipo. Puede llegar a ser interesante hasta mirar el suelo, donde ninguna piedra tiene la misma forma que la de al lado, e incluso llegan a no ser cuadradas.

Nos pasamos unas horas mirando muros y estatuas de buda, hasta que llegamos al nivel superior, donde están todas las estupas con un buda en el interior. Nos costó sacar alguna foto vacía de turistas alrededor, pero con un poco de paciencia lo conseguimos. El paisaje que se ve desde arriba es precioso, y hasta se puede distinguir la silueta del volcán en la lejanía. Nuestro host nos acompaño en la visita y nos contó alguna curiosidad, como el sistema de drenaje que tiene el templo para combatir las lluvias. Para evitar inundaciones, fueron puestos 100 caños en las esquinas, y en cada uno de ellos hay tallada una gárgola diferente.

Después de disfrutar unas horas de la visita, decidimos volver a casa para descansar un rato, que después del madrugón apetecía. Por la tarde, para nuestra sorpresa, Halim tenía pensado una visita un poco más original, y nos llevó a ver una iglesia abandonada con forma de gallina. A veces, cuando viajas tranquilo y conociendo gente del lugar, pueden pasarte estas cosas.

ByR

 

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