Arte y gente interesante en Yogyakarta

21 al 28 de Junio de 2014

Yogyakarta, Yogya para los amigos, es la segunda ciudad más importante de Indonesia, y casi la primera preferida para los turistas. Normalmente, la gente que viene a visitar la isla de Java, llega a Jakarta en avión, y ya sea en otro avión, o con un autobús nocturno, pone rumbo directo a Yogya, desde donde empiezan su viaje por la isla. Nosotros, para hacer las cosas diferentes al resto, tardamos dos semanas en llegar hasta aquí (lo cual nos encanta).

Siti, una chica de Couchsurfing, ya nos había confirmado que podíamos ir a su casa, pero como llevábamos días desconectados del mundo, sin apenas escribir (y con un problema de colapso con las fotos en el blog…), llegamos a la conclusión de que nos apetecía pasar un día tranquilos en un hostal, y luego ir a su casa. Tardamos poco en decidir dónde dormir, porque en cuanto vimos el hostal al final de una calle estrecha, lleno de arte por las paredes, con una vespa en la puerta, y con ordenadores para uso de los huéspedes, enseguida nos instalamos. Ese día apenas levantamos la vista de la pantalla del ordenador, pero fue agradable la estancia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Al día siguiente ya nos fuimos en busca de la casa de Siti y su familia: Marteen, su marido belga, y sus dos hijos. La casa Mayogo, como ellos la llamaban, es un hervidero de actividad. Siempre está repleta de gente, couchsurfers que pasan por la ciudad, y gente del grupo de Couchsurfing Yogya, que les encanta pasar el rato en una casa siempre llena de gente de diferentes países. Nos acogieron como si lleváramos semanas en la casa, y nos invitaron a estar con ellos todo el tiempo que quisiéramos. Pasamos con ellos una semana que fue encantadora. Nos invitaron a la reunión semanal del grupo de couchsurfing de la ciudad, donde conocimos a muchos otros locales y viajeros; salimos a cenar varias veces todos los que vivíamos juntos en la casa (alguna noche llegamos a dormir hasta 15 personas, entre la familia, la niñera, algún indonesio que dormía en el sofá, y varios surfers que estábamos alojados). Otro día hicimos una excursión todos juntos con las motos (nos dejaron una), a ver desde lejos unos de los volcanes de la zona (aunque las nubes no nos dejaron ver mucho).

Una de las personas más inspiradoras que hemos conocido por ahora compartió con nosotros unos días en Mayogo. Alison, una chica norteamericana que, con sólo 23 años, es madre soltera de Nico, un nene encantador que tiene año y medio. Alison viaja con Nico desde que éste tiene 6 meses, y han visitado medio mundo. Es una pasada ver cómo Alison está educando a Nico, y nos da mucha envidia pensar que un nene tan pequeño ya tiene más sellos en su pasaporte que nosotros :). A partir de ahora, cuando la gente nos diga que si tienes hijos se te acaba la libertad para viajar y moverte por el mundo, le contaremos la historia de Alison.

Además, a mitad semana comenzó el Ramadán, y tanto Siti como varios de sus amigos empezaron el ayuno. Pudimos ver de primera mano como viven este tiempo tan importante los musulmanes, y lo duro que se les hace a veces aguantar todo el día sin comer ni beber nada. Y también vivimos como la ciudad se adormece durante el día, y como despierta cuando cae el sol, llenándose de puestecitos y gente por la calle.

Durante esa semana viviendo con tanta gente, también tuvimos tiempo de pasear por la ciudad. Yogya es muy turística, pero es fácil escaparse un poco y encontrar rincones escondidos.

Hicimos lo que más nos gusta: callejear, y nos encontramos con estampas divertidas y bonitas en sitios donde ningún turista se metía porque eran callejuelas estrechas y sin nada de interés aparentemente. Ropa colgada en las paredes para que le diera el sol, gallinas paseando por las calles como si fueran un peatón más, animales tumbados al sol, bicicletas que transportan cocinas completas…

Descubrimos que en Indonesia les gustan tanto los clásicos como nos pueden gustar a nosotros, y además, el arte está por todas partes.

Vimos mucho arte callejero y muchos rincones bonitos, pero también aprendimos cosas nuevas. En Indonesia, el idioma oficial del país es el Bahasa Indonesio, pero cada isla tiene un idioma propio: existe el javanés, el balinés, el sundanés, tetum, dayak, y un largo etcétera. Tan largo que llega hasta unos 250 dialectos en todo el archipiélago. Este dato ya lo sabíamos, pero lo que no habíamos aprendido era que la gran mayoría de ellos son dialectos con su propio alfabeto.

Nos encontramos con un hotel la mar de interesante: quién nos iba a decir que en Indonesia podía haber un hotel llamado Pirineos, con una terraza llamada Aneto y un restaurante llamado Andorra. También descubrimos un nuevo plato delicioso: el gado-gado. Arroz con verduras, huevo, salsa de cacahuete, tofu… Eso si, nos lo tomamos para desayunar porque no sabíamos qué era, y casi salimos rodando…

Vamos, que pasamos una semana encantadora, disfrutamos de buena compañía, conocimos gente muy interesante, comimos genial, y visitamos una ciudad con mucho encanto a pesar de los turistas y de los taxistas pesados que te preguntan a cada paso si quieres transport o taksi (así se escribe taxi en bahasa indonesio).

ByR

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