Solo

28 al 30 de Junio de 2014

Podrás encontrar a cientos de extranjeros por Yogyakarta, la ciudad del arte, pero en Solo, ciudad a tan sólo 30 minutos de su hermana, vas a estar solo. Esta ciudad no es que tenga muchas atracciones turísticas que visitar, pero sus calles y mercados transmiten lo que verdaderamente es Java.

A nuestra llegada nos estaba esperando Santo, padre de familia con dos niños, musulmán y propietario de una tienda de reparación de móviles. Cuando se hicieron las 21:00, cerramos las persianas de su tienda y nos fuimos a cenar. Fuimos a un lugar bastante peculiar, donde habían infinidad de pinchitos a elegir. Al pasar por el lado se mezclaban sabores, colores y olores… Nuestro ojo decidió por nosotros, y nos arriesgamos con unas gambitas, unas hamburguesas de pescado y alguna que otra ración de arroz picante.

Al día siguiente nos lanzamos a la calle. No queríamos pagar por entrar al palacio de la reina ni a ningún otro así que la mayor parte del tiempo la pasamos recorriendo y explorando cada boca calle que se nos ponía por delante. Se nos pasaron las horas sin darnos cuenta paseando por el casco antiguo, disfrutando de los colores, diferentes puertas y ventanas y de la gente que a cada paso que dábamos nos seguía hasta que desaparecíamos de su vista.

A diferencia de Yogyakarta, las calles de Solo no ofrecen el color de los dibujos de los artistas. Tampoco hay arte callejero, pero si que puedes encontrar cosas curiosas como un contador de luz protegido con una botella de plástico a modo de caseta. En Solo nos cansamos de ver tiendas de batik donde confeccionan vestidos, camisas y trajes típicos de la zona.  Está repleto de este tipo de tiendas y es difícil evitar llamar la atención de los locales que quieren venderte sus telas para que llegues a casa con el mejor de los vestidos.

Callejear es una cosa que nos gusta, o mejor dicho nos enamora. Nos hace sentirnos diferentes, más mimetizados con la gente y la cultura del país. En una de esas calles acabamos llegando en una especie de pajarería, donde habían todo tipo de animales: palomas, gallinas, geckos, búhos e incluso hasta un dragón de comodo.

Vinimos a Solo con la idea de respirar el ambiente de sus calles, de su gente, de estar cerca del pueblo indonesio. Tocamos los yembés con chavales quinceañeros, cotilleamos el interior de algunas casas a través de las puertas y las ventanas abiertas y nos pusimos las botas a base de noodle soup en un warung (puesto de comida callejera) en frente del mercado.

No hicimos mucho más; en medio día habíamos hecho casi 100 fotos así que, lo único que podemos hacer con este post es mostraros Solo con algunas de las fotos que cazamos con nuestra cámara.

RyB

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s