Dando una vuelta por Bali – Parte II

20 al 31 de Julio de 2014

Después de disfrutar de Ubud como “turistas”, nos fuimos en busca de casa de Pat, el chico de Couchsurfing que nos había invitado. Nos encontramos con un chico que era el vivo reflejo de Jack Sparrow en versión indonesia, y una casa encantadora llena de arte y dibujos por todas partes. En la misma casa estaban también alojados tres chicos alemanes, y junto con el hermano de Pat y algún amigo, salimos a tomar algo esa misma noche y empezamos a escuchar historias sobre cómo llevaban la religión, el abrir un negocio, el tener una pareja europea (la novia de Pat es española, pero no pudimos conocerle porque estaba en casa visitando a su familia).

Al día siguiente tuvimos una gran dosis de cultura y arte con los dos hermanos. Por la mañana nos acercamos a la tienda que tienen en el centro de Bali, donde venden productos que hacen con materiales reciclados, como gomas de neumáticos, botellas de plástico…El hermano de Pat nos enseñó a hacer brazaletes con la goma de la cámara interior de las bicicletas (y nos hicimos alguno con nuestras propias manos).

Y por la tarde nos reunimos en casa de Pat con un montón de gente. Muchos de ellos eran músicos y nos deleitaron con un recital de instrumentos y canciones. Y Pat decidió dar una clase magistral de Batik: el arte de pintar telas. Tenía todo el arsenal de instrumentos necesarios, y cada uno con una tela blanca, despertamos nuestros más artísticos instintos y nos pusimos a pintar en las telas, primero con un lápiz para marchar, y luego con cera, para que al tintar a tela, los lugares con cera queden en blanco.

Fue divertido e interesante de hacer, y aunque al final no pudimos tintar las telas porque no dio tiempo, al menos aprendimos los conceptos básicos y quién sabe, quizá algún día probemos a hacerlo en casa.

Después de dos noches con Pat, decidimos seguir camino, por aquello de ver algo más en la isla. En Padang Padang habíamos oído comentar a bastante gente que en un sitio llamado Amed, en el noreste de la isla, se podía bucear en sitios muy bonitos. Nos acercamos hasta allí, y de camino vimos varios templos con el aspecto característico de la isla, y campos de arroz de verde brillante.

Al llegar allí, nos costó encontrar un sitio barato donde dormir, pero nuestras dotes de regateadores nos llevaron a tener una habitación muy chula por un precio razonable.

Realmente el arrecife de alrededor de las playas era precioso de ver, e incluso estuvimos viendo un barco hundido al lado de la playa y disfrutamos de peces de miles de colores y colares brillantes y muy vivos (cada día está más claro que necesitamos alguna cámara que se pueda meter en el agua, para poder hacer fotos a los pececitos de colores)

A parte de bucear, hicimos poco más que comer y ver pelis en la tele que teníamos en la habitación. Tuvimos la visita de un precioso guecko en nuestra habitación y seguimos dislumbrando la cultura y religión de esta isla tan interesante.

Nuestros días en Bali, y por tanto en Indonesia, ya se terminaban, y como el aeropuerto está en Kuta, la ciudad principal turísticamente hablando, decidimos pasar un par de noches allí por aquello también, de que no te lo cuenten, y verlo con tus propios ojos. Todo el mundo nos había hablado mal de Kuta. Es la zona más turística, y realmente tiene poco interés, pero al menos ahora ya podemos decirlo por nosotros mismos. Estuvimos esos dos días paseando a ratos, bañándonos en la piscina que tenía nuestro hotel, escribiendo un poco en el blog, maldiciendo el tráfico y los atascos, buscando un ukelele de calidad aceptable y precio razonable (no lo encontramos), asomándonos a la playa (sólo una vez y poco rato)…

Pero sobre todo, disfrutando de algo que hacía mucho que no teníamos: todos los días, por la tarde, el Sky Graden, un edificio que es restaurante y por las noches varias salas de discoteca, ofrece un buffet libre a 3€ por persona. Nos pusimos las botas el primer día (con consecuencia de dolor de tripa esa noche), y repetimos para la noche del cumple de Rober, donde fuimos un poquito más comedidos (aunque tampoco mucho).

Fue una despedida del país intensa, incluida la estafa que nos hicieron el último día al ir a cambiar dinero (8 meses por aquí sin problemas de estos, y al final caímos. Nadie se libra, me temo), y cuando cogimos el avión para volver a Tailandia, no pudimos más que sonreír. Indonesia, no estabas en nuestros planes, al final has sido el país en el que más tiempo hemos pasado, y en el que hemos aprendido más cosas en todos los sentidos. Volveremos, eres demasiado grande como para poder “tacharte de la lista” ya.

ByR

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