Auckland de gestiones

Del 4 al 12 de Septiembre de 2014

Llegamos a Auckland con una idea fija en mente: terminar lo antes posible con todo lo que teníamos que hacer allí, para salir de la ciudad. Sabiendo las fechas de llegada con bastante antelación, habíamos mandado solicitudes de Couchsurfing desde hacía semanas, y por suerte, Melissa nos había confirmado que podíamos ir a su casa por cuatro días, y por otro lado, Alisha y Carel, que en pocos meses parten de Nueza Zelanda para un viaje de nuestro estilo, sin billete de vuelta, nos invitaron a ir a su casa (también a través de Couchsurfing) unos días. De esta manera, el tema del alojamiento estaba resuelto para la primera semana. La gran duda era: ¿Conseguiremos arreglarlo todo en una semana para poder salir de Auckland y no tener que preocuparnos de buscar un albergue? Lo más importante en este aspecto era conseguir una furgo para poder dormir en ella y olvidarnos de ese tema. Y como buenos “aventureros”, no miramos ni por encima como estaba el tema de los albergues por la ciudad… ¿Confianza ciega en nuestro presentimiento de que lo conseguiríamos, o un poco de insensatez? Quizá una mezcla de ambos…

El avión llegó con retraso, y la ciudad nos recibió con lluvia. Al salir a la terminal nos recibió una estatua de Gimli, ¡estamos en la Tierra Media!. Cargados como mulas nos montamos en el autobús que lleva al centro y nos costó una hora encontrar la casa de Melissa. Nos recibió Martin, su novio, y duramos poco despiertos. Un sofá muy cómodo nos acogió para recargar las pilas. ¡Estamos en Nueva Zelanda! Quién nos lo iba a decir.

En nuestras cabezas sólo rondaban ciertos temas: conseguir el equivalente al número de la seguridad social de aquí, que te permite trabajar (y pagar tus impuestos), abrir una cuenta de banco, y encontrar la ansiada furgo… Así que teníamos claro que pasaríamos varias horas delante del ordenador mirando anuncios y revisando los papeles que teníamos que hacer.

En las esperas de arreglar papeles (y durante el fin de semana), dimos algún paseo por la ciudad. Tuvimos suerte que en la primera casa de CS donde estuvimos, vivíamos en el mismo centro de la ciudad, a 5 minutos andando de Queen St, la calle principal, famosa por los pasos de cebra en diagonal. Aquí es que es todo muy organizado, igualito que Asia, de donde venimos…

En las guías, cuando lees sobre Auckland, te hablan de restaurantes famosos, lugares donde ir a tomar algo, algún museo, y paseos por las calles famosas, llenas de tiendas. Muchos de los atractivos de Auckland están a las afueras de la ciudad: el parque Waitakere, al oeste, las islas del este… Pero la ciudad en si, por lo menos para nosotros, tiene poco de interés. Obviamente, es algo totalmente subjetivo y quizá para otros sea una ciudad interesante. Nosotros tenemos claro que en este país, lo que queremos es ver lo que hay fuera de las ciudades.

Aún así, el domingo, al ver que salió el sol, decidimos dar una vuelta por el centro, y acercarnos al puerto. Por las calles parecía que la ciudad estaba muerta, pero al llegar al puerto nos dimos cuenta de que todo el mundo estaba allí, disfrutando del sol y de un precioso día de domingo.

Empezamos a ver algo de lo que ya habíamos oído hablar: en este país la gente vive mucho más despreocupada. Muchos niños andan descalzos por la calle porque van mucho más cómodos, la gente se viste como quiere, sin preocuparse por el “qué dirán”, aunque sea invierno todavía, mucha gente estaba metida dentro del agua en las fuentes o en las escaleras del puerto que bajaban al mar… Todo lleno de curiosidades que observar.

En alguno de nuestros paseos vimos arte maorí en forma de graffitis en las paredes, y descubrimos que, excepto en el puro centro, donde los edificios son altos y existe lo que nosotros llamamos “pisos” o apartamentos, en el resto de la ciudad, la gente vive en casitas con jardín, con lo cual el aspecto de la ciudad apenas se parece a lo que para nosotros es una ciudad.

Me gustó sentir algo que empieza a ser normal en nuestros viajes al cambiar a países de culturas diferentes. Fue una sensación parecida a cuando nos fuimos a vivir a Londres: allí nos llamó mucho la atención la población hindú, que no habíamos visto antes. Al llegar a Bangkok, al principio del viaje por el Sudeste Asiático también nos pasó (pero esa gente pasó a ser normal para nosotros después de unos meses). Pues ahora nos ha vuelto a pasar: empezamos a ver gente de una nueva raza (bueno, en realidad dos): maories e isleños del pacifico. Al ver a estos últimos, lo primero que pensé: me recuerdan un poco a gente de centroamérica… y entonces me di cuenta: en realidad es una de las partes que más cerca tienen los que viven en el pacifico, por lo cual es lógico que se parezcan… Al fin y al cabo, el mundo es redondo, y si nosotros seguimos recorriéndolo en esta dirección, ya nos estaremos acercando a casa en lugar de alejarnos 🙂

Es como cuando miras un mapa mundi. Parece que Europa está en el centro, y que Nueva Zelanda está lejísimos de América. Probar a mirar un mapa mundi “versión Asia” (la primera vez que lo vi fue en China, y me encantó la sensación de ver el mundo desde otra perspectiva), veréis que cerca está Nueva Zelanda de América, y que lógico es que los isleños del Pacífico se parezcan en sus rasgos a la gente de centroamérica…

Auckland está construida sobre una zona volcánica (unos 50 volcanes), por eso sus calles empinadas y con cuestas por todos lados. Da miedito pensar en si algún día a alguno de ellos le da por despertarse… El más famoso es el Monte Edén, que además es el más alto (196m). No pudimos ir a verlo durante esta semana, pero tenemos intención de asomarnos durante la semana de housesitters que tenemos en la ciudad…

Y entre paseos y gestiones, pasamos muchas horas mirando anuncios de coches por internet… Bueno, para ser sinceros, pasamos muchas horas los dos primeros días, porque al poco de llegar, vimos un anuncio de una furgo con muy buena pinta. Por lo menos en las fotos nos gustaba mucho, así que quedamos con el dueño. Aunque se salía un poco de nuestro presupuesto, en cuanto la vimos nos enamoramos, y pensando que iba a ser nuestra casa prácticamente todo el año, decidimos que valía la pena gastar un poco más y tener algo que realmente fuéramos a disfrutar. A mitad semana quedamos de nuevo con el vendedor e hicimos los papeles. ¡Ya era nuestra!

El último día antes de salir de casa de Alisha y Carel lo dedicamos a organizar y meter todos nuestros trastos dentro de la furgo, y nos dimos cuenta de que era perfecta hasta para eso: cabía TODO lo que llevamos de manera ordenada, todos nuestros trastos tienen su sitio, y hasta es más cómoda en algunos aspectos respecto a la que teníamos en España. La compañera perfecta, vamos. Esperamos hacerle muchos kilómetros y que se porte muy bien, a pesar de tener unos muy bien conservados 20 años!

Y tras conseguir lo que parecía complicado, en una semana teníamos todo solucionado en la ciudad, y decidimos coger carretera y empezar con lo que de verdad va a molar de este viaje: ¡visitar este magnífico país! Nos ha encantado la experiencia de empezar en este país haciendo Couchsurfing, porque hemos conocido la vida de los “kiwis” desde dentro, y hemos empezado a hacer amigos, a disfrutar de sesiones de rugby en la tele con pizza y cerveza, y a ver que nuestro plato estrella es piropeado hasta en las antípodas.

ByR

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