West Auckland

21 al 26 de Septiembre de 2014

Disfrutamos de Northland un poco más rápido de lo que teníamos pensado, y cuando aún nos quedaban cinco días para tener que empezar el housesitting en casa de Jon, nos quedamos sin saber qué hacer. Irnos más hacia el sur nos parecía hacer demasiados kilómetros extras, así que mirando el mapa, pensamos que la zona del oeste de Auckland podía estar chula. Famosa por las playas entre los surferos, y con un gran parque natural, el Waitakere Ranges Reginal Park; tenía buena pinta para pasar unos días por allí.

Llegamos de noche al pueblo de Huia, directos a un sitio que vimos por internet que parecía que estaba bien para dormir. Al despertarnos nos encontramos con una granja algo abandonada pero con una sala con fregadero, mesas y sillas para sentarse, y un montón de gallinas campando a sus anchas por el terreno. Una vez tomado el desayuno, nos acercamos al centro de visitantes de la zona: por el parque natural de Waitakere hay un camino que se puede recorrer en varios días y que está bautizado como el Hillary Trail, en honor al hijo predilecto de Nueva Zelanda, Edmund Hillary, el primer hombre, junto con Sherpa Tenzing Norgay, en coronar la cima del Everest.

Hacer algo en honor a este gran alpinista nos gustaba, y decidimos recorrer una parte del camino, la que va desde Huia hasta Whatipu, un tramo que va a ratos por en medio del bosque y a ratos por la costa. Nos lo tomamos con calma, disfrutando del camino y de las vistas.

Nos notamos bien, y aunque no corrimos, el ritmo no fue malo. Por el bosque nos maravillamos con los enormes kauris, los helechos arbóreos, la primavera despertándose… Al entrar en el parque, al igual que al salir, nos limpiamos debidamente las zapatillas, como indican todos los carteles cuando empiezas el camino. Al parecer hay un parásito que está matando los kauris, y una de las soluciones que han encontrado es que la gente que viene a visitar el bosque, limpie bien su calzado para que no se traiga el parásito de otros sitios.

El tramo que discurre por la parte alta de los acantilados de la costa te deja con unas vistas espectaculares de la bahía oeste de Auckland. Hacía bastante viento, así que no pudimos disfrutar de sentarnos en un banco en la cima de uno de los picos (si, aquí hay bancos hasta en sitios así para que te sientes a disfrutar del paisaje…), pero las vistas no nos las perdimos.

Una vez llegamos al cabo y la playa de Whatipu, decidimos volver a donde habíamos dejado el coche por la carretera, ya que sería más rápido. Además, si pasaba algún coche podíamos intentar hacer autostop. Cuando llevábamos un rato andando por la carretera, tomamos la decisión de no parar a ningún coche: nos sentíamos bien andando y era un buen entrenamiento. Llegamos al coche siete horas después de salir, y aunque hubiéramos querido parar algún coche para acortar el tiempo, no habría sido posible: no pasó ni un sólo coche en las dos horas que tardamos en recorrer la carretera de vuelta. Aún así nos quedamos muy satisfechos de la excursión, y pensamos que hacer el camino entero debe ser interesante. Hay zonas donde se puede acampar, y el parque está lleno de muchos otros caminos que se pueden recorrer.

Al día siguiente, después de dormir en el mismo sitio, y disfrutar un tranquilo desayuno delante del mar, pasamos por la biblioteca de Titirangi para recibir nuestra dosis de internet, que a veces el mono es terrible 😉

El día fue tranquilo, y pasamos a echar un vistazo por el centro de visitantes del parque, un edificio enorme lleno de explicaciones sobre los animales que habitan la reserva, sobre la cultura maorí y sobre la conservación de todos ellos.

La otra zona que nos apetecía ver por aquí era la bahía de Piha, al parecer muy conocida entre la comunidad surfera. Piha es el pueblo principal de la zona (cuatro casas de veraneo, eso si, menudas casas), con una playa de arena negra y una roca en medio llamada “La Roca del León”. 

Pasamos un par de días muy tranquilos por allí; hacía frío y no nos entraron ganas de andar mucho. Hay varios caminos que salen desde la playa a miradores o cuevas por la zona, pero el frío y el viento nos echó para atrás. A cambio, alucinamos con alguna de las casas construidas por la zona, y alguno de las “cosas” que tenían aparcadas en la puerta.

Fueron unos días chulos por una zona que no suele tener mucha publicidad entre los turistas, con lo que estuvimos muy tranquilos. Las playas son impresionantes (aunque al parecer bastante peligrosas para el baño, por las corrientes que tienen), pero ya empezamos a tener muchas ganas de ver montañas de verdad. Es que hay drogas que requieren dosis altas, y nosotros llevamos muchos meses de abstinencia.

ByR

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