Desafío Housesitters

Hablar de que la sociedad occidental hoy en día tiene un gran problema político, económico, ecológico, social… no es ser originales. Durante nuestro viaje hemos intentado conocer nuevas culturas para ver cómo vive otra gente e intentar cuestionarnos los estereotipos que están más extendidos. Una de las cosas en las que España va por detrás del resto de occidente es en temas de consumo colaborativo. Seguro que muchos ni siquiera han oído nunca ese nombre (pero si que conocemos algunas cosas sobre ese tema, por suerte).

Durante nuestro viaje nos hemos ido replanteando muchas cosas: conceptos minimalistas para cargar menos peso en la mochila, compartir alojamiento a través del Couchsurfing, hacer autostop para aprovechar que otro coche va al mismo lugar que nosotros…

Al decidir venir a Nueva Zelanda, rebuscando por internet nuevas cosas para probar, caímos por casualidad en alguna web donde hablaba del housesitting. Nos informamos, y la idea nos gustó un montón: tener una casa para ti sólo, a cambio de cuidarla y cuidar los animales que tengan los dueños. Nos encantan los animales, pero nunca hemos tenido perro ni gato porque no nos gusta pensar en que estén encerrados en un piso en la ciudad.

En España no es muy conocido, con lo cuál lo primero que dijeron nuestros familiares y amigos fue algo así como:“¿Y la gente te deja su casa así sin más?¿Siendo un total desconocido? ¿Y se van de vacaciones sin preocuparse de lo que pueda pasar? Yo nunca metería a un desconocido en mi casa así sin más…” Al fin y al cabo son preguntas muy parecidas a las que nos han hecho muchas veces al hablar del Couchsurfing.

Pero en países como Nueva Zelanda, Australia, centro de Europa o Estados Unidos, buscar un cuidador para tu casa y tus mascotas cuando te vas de vacaciones es bastante normal (eso no quita que haya gente que haga las mismas preguntas por estos países). Ser housesitter es un trabajo voluntario. No te pagan por ello, pero a cambio tienes alojamiento gratis durante ese tiempo. Todo el mundo sale ganando: los sitters por tener alojamiento gratuito durante ese tiempo, los dueños por tener la tranquilidad de que sus amigos peludos estarán cuidados durante todo el tiempo que están de vacaciones. A veces te piden que cuides también el jardín, les recojas el correo, limpies la casa…

Otro de los temas donde hemos empezado a indagar y probar es el siguiente: desde la rutina del trabajador, todo el mundo nos dice: ¿cómo es posible que llevéis tantos meses viajando? ¿Sois ricos? A lo que nosotros respondemos: NO. No somos ricos en absoluto. Salimos de Espana con dinero ahorrado, pero para nada una gran suma. Pero hay un tema que normalmente la gente no se plantea: no es tanto el ganar más o menos dinero (o tener dinero, en su caso), sino el combinarlo con NO GASTAR. Pasar un mes de housesitters puede parecer, a ojos de mucha gente, una perdida de tiempo en muchos sentidos. No estás trabajando, no estas “produciendo” ganancias. Pero si lo que hacemos es NO GASTAR NADA, al fin y al cabo estas haciendo que tu dinero dure más. Este es un concepto que muchas personas ni se plantean, pero es otra manera de hacer que un viaje dure más, que vivir viajando sea productivo en muchos sentidos.

Decidimos intentarlo, y después de enviar varias solicitudes en la web de Kiwi House SittersMoana nos aceptó para cuidar su casa y sus cuatro perros durante diez días en Auckland. Nos encantó la idea y cerramos el trato. A los pocos días de hablar con Moana, Jon nos aceptó también la solicitud, y antes de llegar a Nueva Zelanda, ya teníamos un mes casi completo de housesitters. Primero iríamos dos semanas a casa de Jon y su familia, a una hora al norte de Auckland, y justo después, diez días en casa de Moana en el sur de la ciudad de Auckland.

Con estas solicitudes aceptadas y el trato cerrado con ambos, nos dimos cuenta de que era un nuevo reto. ¿Y si nos proponemos algo…? Sabemos que va a ser un reto difícil de cumplir, pero con que nos aproximemos a él lo más posible, ya será todo un logro. Cosas como el Woofing, WorkAway, Couchsurfing… fueron apareciendo en nuestros pensamiento. Ya os iremos contando qué es eso, pero por de pronto, esto es lo que nos hemos planteado: No pagar alojamiento estos meses. Pensar en hacer eso durante todo el año es mucho decir, pero las autopías están para intentar aproximarse a ellas en lo más posible. Quién sabe, pero tenemos nuevo #DesafíoNZ! Entre vivir en la furgo, y probar diferentes opciones de Consumo Colaborativo, quién sabe, quizá lo logremos.

Jon y su familia dejaron a nuestro cargo a su perro Tane, su gato Vang Vang, a dos gallinas, tres ovejas y dos corderitos. A cambio, disfrutamos de una casa en lo alto de una colina, con unas vistas espectaculares, y una gran oportunidad para sentirnos caseros después de tantos meses.

Fueron dos semanas en las que nos abrumó su confianza: casi ni les vimos, apenas el día de antes de ir a empezar nuestro trabajo, cuando nos explicaron todo lo que teníamos que hacer. Como cogían un vuelo muy temprano para irse de vacaciones, nos dijeron: os dejaremos las llaves debajo de la maceta, venís el día 20 a la hora que queráis. Y no hace falta que el día 10 nos esperéis, llegaremos tarde, podéis iros cuando queráis y dejar la llave en la mesa, pues llevaremos una copia.

Nos sentimos muy cómodos en la casa desde el principio, nos enamoramos de Tane y de Vang Vang, y jugamos con ellos todo lo que pudimos. Ademas, empezamos a escribir para el blog y a intentar ponernos al día con muchas cosas. Fuimos un poco antisociales, solo bajamos al pueblo un día, pero nos sentó genial la experiencia de estar tranquilos y en soledad.

Encender la estufa, ver la tele, cocinar lentejas, hacer cookies caseras, saltar en la cama elástica, ir a ver las gallinas cada mañana esperando tener huevos para desayunar (y no tener ni uno en dos semanas), que a la furgo le costara arrancar después de una semana parada, y nos entrara el pánico.

Ver el eclipse lunar, ver las estrellas, disfrutar de las vistas, acariciar a Vang Vang, asustarnos al verle aparecer con un ratón en la boca (en tres ocasiones), intentar tocar el piano, seguir aprendiendo a tocar el ukelele…

Intentar cocinar una pizza en el horno de leña, pero al haber esperado mucho, estábamos hambrientos y no tuvimos la paciencia necesaria para esperar a que las brasas se cogieran, así que acabamos en el horno eléctrico (y que ricas salieron las pizzas). Dormir en la misma cama dos semanas seguidas, tener esa casa para nosotros solos… Y darnos cuenta que esta forma de viajar nos gusta mucho y tendremos que hacerlo más veces.

Después de dos semanas sintiéndonos como en casa, tuvimos que despedirnos de Tane y Vang Vang (y el resto de bichos, pero esos ni se enteraron…). Ambos estuvieron todo el dia nerviosos, al vernos meter trastos en la furgo, y cuando quisimos marcharnos, Vang Vang había desaparecido por el campo y no le pudimos decir adiós. A cambio, tuvimos que despedirnos de Tane tres veces. Los dueños nos habían dicho que le dejáramos sin atar, que no había problema. Al primer intento se vino corriendo detrás de la furgo, no hubo manera de que se quedara en casa. Al segundo intento, yo (Berta) tuvo que subirme con él, dejarle en la puerta, decirle “Wait” (espera) varias veces, y irme a ver si había suerte. “Wait” es la palabra a la que responde cuando le damos de comer, sabe que tiene que esperar quieto sin moverse hasta que le decimos OK. Esperó un par de minutos mirándome bajar por la rampa hacia la carretera, luego corrió detrás mio. Otro intento fallido, y como ya no sabíamos qué hacer, acabamos atándole en su casita. Fue duro decirle adios, nos encantaba ese perro.

Pero ese mismo día, fuimos a buscar nuevos compañeros peludos. Moana, una mujer de 65 años que ha decidido darse el capricho de ir a conocer el Taj Mahal y un pedacito de la India durante diez días, dejó a nuestro cargo a Kotahi, Tama, Perky y Cricket. Sus cuatro perros, un poco mimados pero encantadores. A cambio, disfrutamos de vivir en un barrio muy agradable de Auckland, enfrente de la bahía de Mangere Bridge, y con un vecindario muy amable (y emocionados por tener a una pareja de españoles aventureros con ellos).

Han sido sólo diez días, pero han sido intensos. Por un lado, porque hemos currado un montón en el blog para dejarlo apunto para el resto del año (eso creemos). Hemos escrito bastantes entradas nuevas, nos hemos puesto al día, y estamos deseando volver a rodar para tener nuevas experiencias que contar.

Por otro lado, tres veces al día teníamos que salir a pasear a los perros, y casi siempre nos encontrábamos a algún vecino interesado en saber quienes éramos, qué hacíamos, cuánto tiempo estaríamos. Nos han invitado a ir a varias casas, algunos vecinos nos han dicho que les llamemos cuando necesitemos cualquier cosa, que si volvemos a Auckland podemos ir a estar en sus casas. Nos han traido fresas y flores de sus jardines, nos han invitado a cafe y hemos tenido interesantes charlas donde nuestro oido con el acento neozelandés ha ido mejorando.

Nos hemos enamorado tambien de estos perros, y hemos disfrutado de ir aprendiendo como es cada uno de ellos, con su propia personalidad. Les hemos maldecido en algún momento cuando hemos descubierto como habían destrozado nuestras gafas de sol, o cuando una mañana descubrimos que habían hecho sus necesidades en el salón; suponemos que fruto de que algo que les dimos de cenar estaba en mal estado. Moana nos dejó varios kilos de limones diciendo que ella no se los iba a comer, e hicimos lemond curd (salio riquísima para ser la primera vez). Hemos cocinado más cookies, más lentejas, carne y pescado (nos dijo que nos sintiéramos libres de comer lo que hubiera en la cocina).

Ha sido casi un mes durante el cual hemos sido muy caseros y nos hemos sentido acompañados por muchos animales peludos. Hemos cocinado, hemos escrito en el blog (mucho), hemos paseado, hemos salido a correr (muy poco, aunque el plan era hacerlo más, el ordenador nos ha absorbido mucho), hemos conocido gente encantadora, les hemos cogido tanto cariño a los animales que es difícil decirles adiós… Pero otra parte del viaje ha llegado a su fin y volvemos a la carretera. Volvemos a ser nómadas y nos vamos hacia el sur. Para alegría de algunos, nos vamos a buscar algún trabajito, que ya toca hacer algo de provecho para nuestras cuentas bancarias.

¡Nuestro vídeo con los bichos!

ByR

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4 comentarios en “Desafío Housesitters

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