Cuando la montaña dice no… Intento a Tongariro, Ngauruhoe y Taranaki

Nueva Zelanda es sinónimo de montañas, naturaleza, ríos, valles, glaciares, bosques… Precisamente ese fue el principal motivo que nos motivó para llegar a las antípodas. Recorrer sus carreteras, que serpentean los valles y subir muchas de sus cumbres, ya sean altas o bajas, nevadas o de roca.

Tongariro y Ngauruhoe, así es como los vimos el día antes de intentar sus cumbres

Empezamos nuestro viaje por la Isla Norte, considerada el patito feo del país si se compara con su vecina, la cual acapara la mayor concentración de montañas con los Alpes Neozelandeses. A pesar de ello no queríamos dejar pasar la oportunidad de conocer ambos escenarios y por ello, indagando por la hemeroteca, nos topamos con dos de los cuatro parques nacionales que tiene la Isla Norte: el Tongariro National Park y el Egmont National Park. En ellos se encuentran las montañas más altas de dicha isla y presentaba un buen atractivo como comienzo de la actividad montañera.

4 de Noviembre de 2014

El Tongariro National Park es uno de los Parques Nacionales más impresionantes del país en cuanto a actividad volcánica se refiere. El más antiguo de Nueva Zelanda, y cuarto del mundo, es vigilado desde las alturas por el Ruapehu, la montaña más alta de la zona con 2797m. Le siguen el Ngauruhoe y el Tongariro, los cuales son de fácil acceso si se toma el Tongariro Alpine Crossing. Este trekking está considerado como unos de los más bonitos del mundo que se puede abordar en un solo día (19km / 6-8 horas). Así que ante tal panorama, nos vestimos, después de tanto tiempo, de montañeros y nos planteamos hacer dos de las cumbres principales, el Tongariro 1917m y el Ngauruhoe 2287m.

Tongariro, Ngauruhoe y Ruapehu, días más tardes de nuestro intento

Tongariro y Ngauruhoe días más tardes de nuestro intento

Con la supuesta llegada del buen tiempo, y ante la predicción de sol y nubes, salimos a las 7:30 desde el parking. Parece que esta noche ha nevado un poco y cogemos bota y crampón que van directos a la mochila a la espera de salir en escena cuando se les requiera. La primera hora de la caminata discurre por un valle de tonos marrones anaranjados que disfrutamos mucho,  dado que son los primeros pasos de montaña en Nueva Zelanda.

Llegamos al fondo del valle, donde el sendero empieza a ganar desnivel y a buen ritmo llegamos al cráter sur. El tiempo parece que va empeorando a medida que vamos avanzando y las posibilidades de hacer cumbre van viéndose reducidas por momentos. Si algo tiene bonito esta zona del parque son las vistas y colores vivos que ofrecen las lagunas circundantes a los volcanes.

Cráter Sur

Es una zona muy activa, de hecho la última erupción del Ruapehu data del 1995 y 1996, y con este tiempo de niebla, viento, y diversas nevadas no estamos teniendo la posibilidad de ver ni disfrutar de lo que nos rodea. Llegamos en apenas 3 horas al punto más alto del trekking, el cráter rojo, desde donde se parte para hacer cumbre en el Tongariro. Ante la nevada y el viento, decidimos ni intentarlo y dejar ambas cumbres para la próxima vez que volvamos.

Ante la falta de visibilidad y vistas nulas, decidimos darnos la vuelta

9 de Noviembre de 2014

Después de esta salida nos quedamos un poco con mal sabor de boca, pues teníamos muchas ganas de salir a la montaña y pisar alguna de las cumbres. Ante la ventana de buen tiempo que daban en el oeste de la isla, no dudamos ni un segundo y nos encaminamos hacia el Egmont National Park, donde se ubica el Monte Tanaraki. Esta montaña es un volcán que muestra toda su belleza desde el punto de donde se le mire. Un cono perfecto que emerge desde el fondo de la tierra y se alza hasta 2518 metros de altitud. Al parecer los cambios de tiempo son habituales y la pérdida de visibilidad suele ser un problema si no se conoce bien el camino a seguir.

El Monte Taranaki nos recibe entre nubes

Llegamos al parking a eso de las 16:30, nos registramos en el centro de visitantes, y preparamos las mochilas (incluido revisar crampones y cosas varias; una de las pegas de ser “familia montañera” es que en nuestra casa estas cosas están multiplicadas, y algunas de ellas varias veces. Se nos ocurrió revisar que los crampones estuvieran bien ajustados a las botas, y nos dimos cuenta que los padres de Berta nos habían enviado los crampones de su madre, en vez de los suyos, que son iguales… menos mal que son ajustables y no es un gran problema). Decidimos madrugar e intentarlo del tirón, prescindiendo de hacer noche en un refugio que hay a mitad camino más o menos. Desde el parking, que está a 950 metros, nos separan 1600 metros de desnivel, y pensamos que estamos preparados para hacerlos. Cuando cae la tarde la montaña nos muestra su cara más bonita y nos vamos a la cama con el deseo de coronar su cumbre.

Cae la noche y las nubes se marchan

Suena el despertador a las 4:30 y en una hora estamos de camino por la falda de la montaña. Las luces del amanecer iluminan con tonos amarillos y naranjas el macizo del Tongariro, pudiendo adivinar las siluetas del Tongariro, Ngauruhoe y Ruapehu. No hace mucho frío, unos 6 ºC, y el único incordio es caminar por terreno de piedra con bota dura. El camino ayuda a ganar desnivel rápido y en unas 3 horas ya hemos hecho 1000 metros de desnivel.

Tongariro, Ngauruhoe y Ruapehu iluminados por las primeras luces del día

Últimas rampas antes de llegar al refugio

Nos encontramos bien físicamente a pesar de haber estado casi 9 meses viajando por el Sudeste Asiático de campo y playa. A mitad camino nos cruzamos con dos chicos, uno francés y otro chileno, y compartimos la segunda parte de la ascensión juntos.

Laderas bastante incómodas para subir. Un paso adelante es medio atrás

Sobre los 2000 nos calzamos crampones y, con pilet en mano, vamos ascendiendo la ladera norte del monte Taranaki. La ascensión nos va sorprendiendo a cada paso que damos. Al menos para mi (Rober), es la primera vez que intento la ascensión a un volcán solitario. Las vistas son completamente distintas a lo que estamos acostumbrados. Laderas que acaban casi a los pies de la montaña,  pies rodeados de un bosque inmenso, y a veces entrecortados por el avance de la lava de hace miles de años.

Diagonal antes de empezar la pala final

Realizamos una diagonal hasta alcanzar unas piedras que nos indican que hay que girar para encarar los últimos 150 metros que nos llevarán al cráter del volcán, y con ello casi a su cumbre. Avanzamos unos 20 metros y empezamos a sentirnos incómodos. La pendiente ha ido cambiando progresivamente a medida que avanzábamos por la diagonal y ahora, toma unos 50 grados de inclinación. Ante tal situación (la nieve dura en forma de hielo, en la que sólo se clavan las puntas delanteras de los crampones, y no sentirnos con la suficiente confianza para seguir), decidimos darnos la vuelta a pesar de quedar eso, 150 metros a la cumbre.

Última pala y punto dónde nos dimos la vuelta

Una vez más, la montaña no nos quiere dar la bienvenida. Quizá el parón de casi un año sin tocar nieve, la falta de costumbre de estar en esas situaciones de miedo… nos hizo darnos la vuelta. No nos lamentamos ni mucho menos, la montaña va a seguir ahí esperando a que se de el día y el momento adecuado para que podamos llegar a su cumbre. Volveremos sin lugar a dudas y esperemos que, de una vez, a la tercera sea la vencida de poder hacer cumbre en alguna de las montañas neozelandesas.

RyB

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s