Dando una vuelta por la isla norte de Nueva Zelanda

Salimos de Auckland a finales de octubre con intención de ponernos a trabajar en cuanto saliera algo, pero la cosa no fue tan fácil como esperábamos en un principio, y como no sabemos ser muy pacientes, nuestro culo inquieto nos llevó a recorrer casi toda la isla norte mientras esperábamos a que el trabajo apareciera (quizá teníamos la esperanza de que apareciera por arte de magia…)

Kiwifruit tree

Dejamos Auckland rumbo a la Bay of Plenty, cuna mundial del kiwifruit donde “siempre” hay trabajo en el campo. “Dentro de dos días estamos llenando nuestra cuenta de dólares kiwis, ya verás”. Sin ni siquiera decirlo entre nosotros, confiábamos en que la cosa fuera fácil y no tuviéramos que dedicarle mucho esfuerzo, porque no era lo que más nos apetecía. Re-escribir los CV’s, ir de sitio en sitio con una sonrisa preguntando por trabajo, llamar por teléfono a todo contacto que encontráramos… Que pocas ganas teníamos. “A mi que me den trabajo ya, que trabajar no me importa, lo que me da pereza es buscar…”

Después de una noche reparadora en Waihi, en un parking donde estaba permitido dormir, nos levantamos dispuestos a comernos el mundo. “En la primera packhouse que entremos, nos suplican que trabajemos con ellos”. Que ingenuos. Visitamos 10 packhouses y empresas de horticultura. TODAS contestaron: no hay trabajo, llegáis muy tarde-pronto. Menuda cara de tontos se nos quedó. Esa misma tarde fuimos a la biblioteca para intentar recalcular las cosas. No entendíamos nada. La página web PickNZ, dedicada al trabajo de temporada en NZ, decía que en noviembre empezaba la temporada más alta de demanda de trabajadores por esta zona del país. Estábamos a finales de Octubre, y la cosa pintaba muy quieta.

Horas de biblioteca

Sentimientos catastrofistas nos invadieron por momentos. “Ya verás, en un año no conseguimos trabajo, como si lo viera… ¿Y ahora qué?” En pocos minutos nos vimos en la peor de las situaciones, todos nuestros planes de viaje y de disfrutar de este maravilloso país se esfumaron pensando en que todo iba a salir mal, y nuestros ánimos se hundieron en las cavernas más profundas. Dimos por hecho que lo que habíamos leído en tantos sitios no se iba a aplicar a nosotros: En NZ hay trabajo, pero hay que estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. “Seguro que en ningún momento estamos en el lugar adecuado, siempre estamos en la otra punta del país”, pensamos.

En un momento de cordura y pensando en hacer bien las cosas, decidimos ir a la oficina de PickNZ que habría cuatro días después para empezar la temporada de primavera-verano de trabajo. “Seremos los primeros en registrarnos y en dos días estamos trabajando” Volvíamos a tener los ánimos por las nubes. Tomada esa decisión, dedicamos esos días a visitar algunos de los lugares emblemáticos de camino a Hawke’s Bay. Tauranga y el Mont Maunganui, Rotorua y algunas de sus aguas termales, pasar de largo Taupo y poder llegar a Napier el día de antes de que abrieran la oficina.

Tauranga vista desde la cumbre del Mont Maunganui

Lagos hirviendo en Rotorua

Después de una ducha calentita por un dólar en el i-site de Napier, nos pusimos guapos y nos presentamos en la oficina. La respuesta de la chica, después de tomarnos los datos, volvió a bajarnos la moral…  “El movimiento empezará a finales de diciembre”. ¡Menudo plan! Estábamos en un pueblo en el que no hay ningún sitio para dormir gratis, era el único donde la wifi en las bibliotecas se pagaban, y no había mucho interesante para hacer en nuestra opinión. ¿¡Qué hacemos aquí!? ¿Nos vamos a casa? ¡¿Volvemos al Sureste asiático?!

Después de dos noches de dormir mal, escondidos en sitios incómodos, decidimos salir de la zona y volver al centro de la isla para estar más cómodos sin que nuestros ahorros desaparecieran. En Taupo encontramos una zona de dormir gratuita bastante agradable, y decidimos instalarnos allí durante unos días. Gastar poca gasolina al tener que mover poco el coche, pasar las mañanas en la biblioteca y las tardes por el pueblo o alrededores del lago, escalando, corriendo… Nos pareció un buen plan.

Casita art decó en Napier

Uno de los días parecía que el tiempo iba a ser bueno, y decidimos intentar subir al Tongariro y al Ngauruhoe, pero el tiempo no fue el esperado, y nos retiramos cabizbajos. También hicimos otra visita relámpago de nuevo a Napier para entregar los papeles para un posible trabajo. En un día, durmiendo a mitad camino, hicimos la misma carretera por segunda vez Taupo – Napier – Taupo.

Estábamos haciendo más kilómetros a la Huevona que a la moto de un hippie, como dicen, pero somos culos de mal asiento y lo de estar parados se nos da un poco mal (a unos peor que a otros…). Teníamos bastante asumido ya que el trabajo tardaría en llegar más de lo esperado, así que decidimos seguir visitando la isla norte. La otra punta nos llamaba a gritos; el Taranaki estaba esperándonos para intentar sacarle brillo a las puntas de nuestros crampones. Recorrimos la carretera (parte sin asfaltar) de la Forgotten World Highway y llegamos a los alrededores del parque nacional del Mont Egmont con muy buena previsión para el día siguiente. Pero esta vez, fue la montaña la que no nos dejó acariciarle la cumbre, y su dificultad nos echó para atrás.  Pasamos unos días en los alrededores, paseando o viendo la lluvia caer desde la ventana de la biblioteca o de la furgo.

Cena previa al intento del Taranaki

Para empezar a cerrar el círculo, decidimos volver hacia el norte. Teníamos que pasar en unos días por Auckland de nuevo, y había varios sitios que nos apetecía ver. Pero a mitad camino, y sin haber visitado la costa oeste de la isla aún, un contacto nos dice que para dos días después nos ofrece trabajo en la zona de Tauranga en los campos de kiwis. Nos descoloca el plan, pero como “promete” que nos da el trabajo, cambiamos y nos vamos para allí.

¿En qué sitio se ha visto que el primer día de trabajo te lo den libre? Pues esa misma tarde, el tío nos dice que han cambiado de opinión (sin vernos siquiera),y que no nos da el trabajo. ¿Qué le hacemos?  Dejémoslo estar…

Durante varios días recorriendo carreteras, sólo veíamos agua al otro lado del cristal

Para seguir tachando cosas de la lista, pasamos en plan rápido por la península de Coromandel (no hay ningún sitio para dormir gratuito, y tenemos entendido que es de los sitios donde más estrictos son y más fácil es ganarse una multa). En un día recorrimos la zona, vimos las dos cosas que nos apetecía, y nos fuimos a Auckland.

Visitamos de nuevo a Moana y a sus perros, que se pusieron  super contentos al vernos, y durante un par de días descansamos en su casa.

Esta vez lo que nos trastocó el itinerario fue una oferta para trabajar en Gisborne. Esta ciudad, bastante apartada de todo lo demás, la habíamos descartado en nuestro itinerario por no encontrarle ningún interés, y tras pasar una tarde en los jardines de Hamilton, pusimos rumbo hacia allí para ver si a la tercera era la vencida. “El contratista nos ha asegurado que tenemos trabajo, esta vez no puede fallar”. La cita era un domingo a las siete de la tarde en el parking del supermercado, y llegamos al pueblo un par de horas antes. Cuando el contratista apareció en el parking, más de 25 backpackers nos acercamos a él, y su cara fue un poema. “Sólo tengo trabajo para 10, no se de dónde habéis salido los demás…” ¿A que no sabéis qué? Nosotros no fuimos elegidos. Una de las parejas que escogió, metió a sus 6 amigos (que acababan de llegar a NZ hacía tres días) y los demás (que si habíamos contactado directamente con el jefe del contratista que vino), nos quedamos fuera.

Dicen que las malas experiencias vienen por algo, y esta fue así. Gisborne no estaba en nuestros planes, y a cambio pasamos la mejor semana de todo el mes dando vueltas por la isla. Una de las parejas que también se quedó sin el trabajo fueron Sergio y Macarena (español-argentina), y acabamos juntándonos con ellos todos los días a comer y cenar, y compartiendo charlas durante largas horas.

Además, hicimos Couchsurfing de nuevo, y pasamos cuatro noches con Nick y Alana, una pareja recién casada encantadora que nos acogió en su casa junto con su perro Baxter.

Cenanado con Nick y Alana en el club de pesca de Gisborne

Y como decíamos, en la vida hay que estar en el lugar adecuado en el momento adecuado para que las oportunidades te alcancen. La última noche con ellos fuimos a tomar algo al club de pesca del pueblo, y mientras charlábamos con Nick y un compañero suyo de trabajo, un chico se acercó a nuestra mesa y saludó al compañero de Nick. Este nos presentó, y cuando comentó que trabajaba en Hastings en una orchard, las cervezas gratis que nos habíamos tomado en el club nos ayudaron a no tener vergüenza y preguntarle los dos a la vez si tenía trabajo para nosotros.  Resultó que su suegro era el dueño de una de las mayores orchards de Hawke’s Bay, y al cabo de dos días empezamos a trabajar, justo el día que se cumplió nuestro viaje-aniversario de 1 año!

Que de vueltas da la vida!

ByR

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