Parque geotermal de Wai o Tapu

Gastarse el dinero o no gastárselo… Difícil decisión. Nunca sabes muy bien qué hacer, si valdrá la pena, si será dinero “bien invertido” porque te guste lo que obtienes al gastarlo…

Cuando contamos cada céntimo que tenemos y que gastamos para poder hacer que el viaje dure más, o para poder comprar un billete y conocer un nuevo país… es duro decidir pagar por un atractivo turístico.

La primera vez que pasamos por Rotorua decidimos no entrar porque hacía un día nublado y feo, y pensamos que no se verían igual los colores. A cambio, estuvimos un rato en una piscina termal natural al lado de la carretera, donde disfrutamos de unas aguas de esas que cuesta meterse de lo caliente que está, y encima gratis y prácticamente solos.

Pero durante nuestras vacaciones de Navidad, después de despedirnos de nuestros amigos con los que habíamos pasado una semana genial en los alrededores del lago Rotorua, decidimos gastarnos los 32 dólares por cabeza que vale la entrada del parque al ir de camino hacia Taupo.

Aunque a uno de los dos le costó más tomar la decisión de entrar al sitio, al final fuimos los dos. Al fin y al cabo ahora estamos trabajando y duele menos gastar ese dinero. Además creemos que hay cosas que SI que valen la pena, sobre todo si consiguen despertar tu curiosidad por cosas nuevas y diferentes, difíciles de ver, que te hacen cuestionarte lo pequeñitos que somos, y lo frágiles puestos al lado de la tierra y sus entrañas…

Todo el mundo te aconseja llegar antes de las 10 de la mañana para empezar la visita viendo la erupción del géiser de Lady Knox. ¡A las 10:15 es la erupción! Y te preguntas a ti mismo: en temas terrenales, donde todo es impredecible, y se sabe que La Tierra no tiene un reloj y no es exacta en nada de esto, ¿por qué es algo TAN puntual, y en el parque saben que a esa hora la querida Lady Knox va a hacer saltar sus aguas hacia el cielo?

Cuando tomas asiento en el “anfiteatro” frente al géiser, y se hace la hora clave, aparece un alegre maorí con un micro, y se dispone a contar la historia de cómo descubrieron aquel lugar, de cómo antiguamente se utilizaba para lavar la ropa o a uno mismo, y cómo en un descuido, alguien vertió jabón en el géiser y lo hizo despertar. ¡Amigo, ahí está el truco! No es que la señorita Knox decida que, para diversión de los turistas, vaya a ser puntual cada día del año, sino que ese amable maorí, tras contar la historia, echa en el interior del agujero el contenido de una bolsa, no sin mencionar que es un producto químico especialmente diseñado para no producir daños a la naturaleza. Mientras él sigue contando que el parque termal que vamos a visitar es único en el mundo, y que sólo en otros dos lugares se puede ver algo parecido (USA y Rusia), la señorita empieza a tirar espuma por la boca. Ya nadie presta atención a lo que el maorí cuenta, y todo el mundo empieza a hacer fotos. Al cabo de unos minutos, la espuma viene acompañada de agua, y enseguida empieza a elevarse hacia el cielo. Un ¡Oh! se oye en todo el anfiteatro, y los que se encuentran a la izquierda del géiser deben salir corriendo de sus estratégicos sitios porque el aire les tira todo el agua encima.

El maorí ya ha terminado de hablar, aunque nadie ha sido consciente de ello, y todo el mundo se precipita a la valla que rodea el géiser para hacerse la foto de turno. ¿Cuando ha sucedido la revolución de los palitos esos que ahora todo el mundo tiene? Mientras todo el mundo quiere el selfie de turno con el chorro de agua apuntando al cielo, yo me dedico a fotografiarlos a ellos haciéndose esa preciada foto del tipo “yo estuve aquí”. Media hora después casi todo el mundo ha salido corriendo, como si la otra zona del parque también tuviera horario, y entonces nos hacemos nuestro propio selfie; es que “yo también estuve aquí” 🙂

Volvemos a la furgo, nos acercamos a la entrada del parque (el géiser esta algo apartado), y nos disponemos a disfrutar del paseo. El nombre del parque significa en maorí Aguas Sagradas y está gestionado por el Departamento de Conservación del país (al parecer, por eso no es especialmente caro). Nada más entrar, te dan un folleto con el mapa y una explicación en tu idioma (y te das cuenta de que quizá no ha sido un hispanohablante el que ha realizado esa traducción…), y el olor y los agujeros en el suelo te dan la bienvenida. Todo está perfectamente señalizado y el camino es cómodo y agradable.

Después de un rato de paseo, tras unas cuentas fumarolas, piscinas de barro hirviendo o grandes cráteres donde oyes el agua al fondo burbujear, llegas a la zona estrella del parque: la paleta del artista y la Champagne Pool. Y te das cuenta de que en ningún momento las fotos van a hacer justicia a un sitio así.

La paleta del artista, con la Champagne Pool al fondo

Al cruzar por la pasarela encima de aquellas aguas hirviendo, es difícil apartar la mirada de los colores de la Champagne Pool, pero si sigues paseando, sigues viendo cosas sorprendentes (aunque todo hay que decir, después de verla, lo demás parece “menos sorprendente”). Pero el camino te muestra nuevas lagunas de colores extraños (debido a los agentes químicos que predominan en cada lugar), más fumarolas o pozas de barro hirviendo. ¡Como para caerse ahí!

Al igual que las fotografías no le hacen justicia a los colores, es una lástima que no puedan ponerse en una página de internet todos los sonidos, olores, sensaciones que hay al pasear por aquí. Te das cuenta de que La Tierra tiene mucha energía debajo del suelo, que somos juguetes encima de su superficie, y que por mucho que te imagines cosas sorprendentes, cuando las ves en vivo te das cuenta de que superan tus expectativas (en muchos casos)

Te podrías pasar horas mirando hipnotizado como burbujea el barro, jugando a adivinar cuando volverá a explotar una gran burbuja, salpicando a su alrededor con barro humeante. Te podrías pasar horas mirando los diferentes colores de la zona, intentando encontrar sitios ocultos donde el agua hierve más que alrededor, o dónde hay un agujero por donde se oye hervir los fluidos de la Tierra.

O jugar en los alrededores de la Champagne Pool a ver cuanto aguantas en medio de los vapores sin morirte de calor, mientras esperas al momento perfecto para captar la foto de los colores tan originales que rodean la piscina.

Y para rematar el día, después del paseo por la zona principal, puedes volver al coche y acercarte a las piscinas de barro, donde te vuelves a quedar hipnotizado viendo las burbujas de barro explotar cual pedo de la Tierra. “Un secreto”: en estas piscinas nadie controla la entrada, por si alguien quiere ver algo sin pagar. Éstas, y el río con agua termal al que fuimos la primera vez son gratis.

ByR

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