De Hamilton a Gisborne: último trayecto de nuestra vuelta por la isla norte

21 de Noviembre al 2 de Diciembre de 2014

Al fin y al cabo las cosas siempre pueden mejorar ¿o no?… Tras haber ido a Tauranga en busca de aquel trabajo recogiendo flores y, afortunadamente ser rechazados (aquello de cobrar 7$ por cada kilo de flor recogida no sonaba muy legal que dijéramos),  replanteamos nuestro viaje, visitamos a Moana en Auckland y salimos de la gran ciudad volviendo a la carretera con la ilusión de que esta vez, si que si, conseguiríamos ese trabajo de ‘apple thinning’ en Gisborne. Después de realizar una vuelta express alrededor de la isla norte, ya teníamos ganas de asentarnos en un lugar, ganar algo de dinero y darle descanso a La Huevona. De Auckland a Gisborne nos separaban 500km, así que aprovechamos el trayecto para ir haciendo paradas y visitar alguna de las ciudades que teníamos pendientes.

Jardín de rosas, Jardines de Hamilton

Jardín de , Jardines de Hamilton

La primera parada la hicimos en Hamilton y, con aquello de la prisa, no le pudimos dedicar el tiempo que nos hubiera gustado. Tras la visita obligatoria al I-Site y recoger el mapita de la ciudad, nos dimos una vuelta por sus calles hasta que se nos acabó el tiempo del parquímetro que nos había regalado una mujer… De lo poco que vimos no nos llamó apenas nada la atención… Una librería llena de libros de segunda mano, un ambiente con un encanto especial y en las proximidades de su entrada, un piano en la calle en el que cualquiera podía sentarse y tocar… Lástima que nosotros nos sepamos tocar (todavía).

Tras deambular por las calles pusimos toda nuestra atención en visitar los jardines de la ciudad. Ubicados a unos 3 km a las afueras, estos jardines constituyen un gran espacio verde dedicado a la historia, contexto y significado de los jardines. Decenas de pequeños espacios ambientan la jornada del visitante, trasladándolo a varios rincones de nuestro planeta tierra. Jardín del erudito chino, jardín de flores inglés, contemplación japonés, italiano, americano…

Entrada al jardín chino

Interior del jardín chino

Jardín mediterráneo

Jardín de la India

Jardín modernista americano

Infinidad de modalidades diferentes con fantasía y un toque especial hacen que los Jardines de Hamilton sean un ‘must do’ para todo aquel que visite Nueva Zelanda.

Jardín maori ‘ Te Parapara’

Jardín maori ‘ Te Parapara’

Jardín maori ‘ Te Parapara’

Esa misma tarde, y tras pasear por los jardines unas dos horas, volvimos a la carretera para acabar nuestra jornada en Rotorua. Tan solo estuvimos de paso ya que pensamos que sería mejor visitarla con mucha más calma en los próximos meses.

Río Waiokea, a su paso entre Opotiki y Gisborne

Rotorua con su amplia oferta de actividades al aire libre

Y con toda la ilusión llegamos a Gisborne y nada más llegar, palmadita en la espalda y otra vez será con el trabajo. Había que volver a levantarse y nos lo tomamos con un poco de más calma. No fuimos elegidos para el apple thinning, pero a cambio conocimos a Sergio y Macarena, una pareja español-argentina que se han convertido en muy buenos amigos nuestros y nos salió la posibilidad de hacer couchsurfing con Nick y Alana, dos kiwis encantadores.

Gisborne

Gisborne

Con alojamiento gratis y la posibilidad de aprender y descubrir cómo viven dos kiwis recién casados, nos pasamos una semana bastante socio-cultural. Por las mañanas con Sergio y Macarena en la playa, tocando el ukelele, jugando al ajedrez, paseando por la ciudad… Y por las tardes, cuando nuestros anfitriones salían de sus trabajos, salíamos a dar algún paseo por la playa y a jugar con Baxter, el perro que tenían, siempre atento a su pelota de tenis.

Jugando al ajedrez con Sergio

¡Atención, pinguinos en el próximo kilómetro! Lástima que no viéramos ninguno

Nick y su perro Baxter en un domingo de pesca

Baxter preparado para recoger su pelota

El fin de semana hubo competición de pesca, y Nick estuvo toda la mañana por el mar con la barca. Cuando volvieron nos enseñaron las piezas que habían conseguido y por mala fortuna, no se acercaron ni por asomo a la primera posición. A cambio, esa misma noche, conseguimos en el momento y lugar menos esperado lo que tanto íbamos buscando desde hacía un mes.

Nick volviendo del día de pesca

Las pocas kawas que pescaron ese día

Barco en miniatura en el puerto de Gisborne

 Y como la suerte hay que buscarla, mientras cenábamos en el club de pesca, conocimos a Cris y tras unas cervezas, conseguimos, esta vez sí, el trabajo que tanto habíamos perseguido. Para nuestra sorpresa sería en Hastings, a 250 km de dónde estábamos y donde fuimos por primera vez a buscar trabajo… ¡La de vueltas que da uno!

RyB

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