Picking de peras y manzanas en Hawke’s Bay

30 de Enero a 21 de Marzo de 2015

El día 30 de Enero, toda la plantilla de RJ Flowers estaba lista a las 7 de la mañana para empezar una nueva etapa: recogida de peras. La primera variedad de peras que íbamos a recoger, y que además serviría como entrenamiento, era la llamada ‘sugar pears’. Todo el mundo recibió el capazo, nuestro mejor amigo, y casi nuestra única compañía, junto a la escalera, para los próximos días durante muchas horas al día. Nos explicaron la técnica, la manera de vaciar el capazo en la bin, cómo tratar con cuidado las peras… El ambiente estaba animado y todo el mundo ayudaba a los que éramos más novatos. El bloque en el que estábamos trabajando era un hervidero de actividad: los tractores iban de un lado a otro moviendo bins por las líneas o llevándolas a la packhouse, cada dos por tres alguien gritaba ‘tractor!’ para que le movieran la bin, las peras hacían eco al caer en una bin vacía…

Primer día de picking, con capazo y escalera

En el primer descanso, la pregunta estrella de los próximos meses empezó a resonar: ¿Cuántas bins? Era un día de entrenamiento, nos pagaban por hora, y en realidad el número de bins que recogiéramos no importaba, pero todo el mundo es curioso, y siempre queremos saber qué hacen los demás. Después del descanso de la comida, muchos de los compañeros que ya habían hecho esto antes terminaron con sus líneas, y empezó uno de los ratos más divertidos del día: todo el mundo a ayudar a las líneas de árboles más rezagadas. En poco menos de una hora, nos encontrábamos todos los trabajadores en las últimas líneas, las escaleras se chocaban entre ellas, había que pedir la vez para vaciar el capazo en la bin, y todo el mundo estaba de risas.

El camión moviendo bins de la orchard a la coolstore

“Home time!!” Primer día de picking superado! Junto con Monika y Steffane, volvimos a casa a comentar el día. Nuestras espaldas se quejaban, y después de un día tan intenso teníamos un hambre voraz, pero las primeras impresiones nos hicieron sentir excitados y nerviosos a la vez: está claro que va a ser muy duro, pero lo vamos a intentar.

Pensábamos que una vez que empezara el picking, todo iría rodado: tras una variedad de peras vendría la siguiente, sin parar. Los más veteranos de la empresa nos habían dicho que la primera semana era la peor, porque el cuerpo tenía que acomodarse a un trabajo muy físico, pero que después sería más llevadero. Pero como la temporada no estaba empezando como otros años, tampoco esto fue como tocaba. El día de entrenamiento fue un viernes, y ese fin de semana nos lo dieron libre. La siguiente semana tuvimos un par de días más para terminar con la variedad de ‘sugar pears’, y tras ello tuvimos un parón: vuelta al ‘thinning’ y al ‘muk around’. Nuestro cuerpo molido tuvo un descanso que agradecimos un montón. Además, dejamos de ser los únicos backpackers junto con Monika y Steffane: vinieron Ana y Alejandro, los chicos de Mochileo Low Cost. Ya conocíamos su blog, y habíamos hablado alguna vez por internet, pero la casualidad les llevó a pedir trabajo en nuestra empresa y les dimos la bienvenida al Butterfly. Nuevos compañeros de penurias con el capazo y la escalera. (Vinieron otra pareja de españoles casi a la vez que ellos a trabajar, pero no duraron en el picking y dejaron la empresa al cabo de unos días; “el picking no es para todo el mundo”, como dijo una supervisora)

En lo alto de la escalera como quien anda por su casa

Tras el parón de unos días, volvimos a reunirnos con las bins para recoger otra variedad de peras: las WBC. Este picking se hizo muy duro porque nos dieron una anilla de plástico con la orden de que ninguna pera recogida debía entrar por ese anillo. Las pequeñas debían quedarse en el árbol para un segundo picking que haríamos una semana después. Queriendo hacer las cosas bien, fuimos de los más lentos de la plantilla, y apenas llenamos 3 bins entre los dos. Pero por parte de los supervisores, siempre nos decían que lo estábamos haciendo bien, así que decidimos seguir con nuestra manera de trabajar.

Una semana después volvimos a la misma línea de árboles a recoger las peras que habíamos dejado, y esta vez llenamos 5 bins entre los dos. Pero nuestra preocupación era grande: hasta ahora nos habían pagado por hora porque era un entrenamiento, pero a partir de ahora se pagaba por contract, y el mínimo que debíamos hacer cada uno eran 3 bins y media por día. ¡Y entre los dos habíamos llenado 5! “En breve la empresa nos invita a irnos porque no somos rentables, ya verás.”

Monika y Steffane ya se habían marchado de la empresa; tras 7 meses trabajando, se habían ganado un par de meses de vacaciones para visitar la isla sur antes de volver a República Checa. De esta forma nos quedamos nosotros con Ana y Alejandro. Dos parejas de españoles mano a mano para afrontar el picking.

Aún así nos quedaba un último parón: una vez terminamos con las WBC, paramos durante una semana en la que nos reunimos de nuevo con los kiwis y el thinning. Durante esos días llegamos a la conclusión de que preferíamos hacer picking: mucho más agotador, pero también mil veces menos aburrido, con lo cual las horas pasaban volando.

Durante esa semana, al equipo de 4 backpackers-pickers-españoles nos arrebataron un componente: los jefes se habían enterado de que Rober era ingeniero, y como la empresa estaba construyendo una nueva cámara frigorífica, decidieron que era más útil tenerle allí de ayudante que recogiendo peras o paseando por las parras de los kiwis. Al principio no le encomendaron una faena muy de ingeniero: tuvo que pintar muchas cosas que hacían falta para el montaje, como bolardos, puertas… Pero al cabo de una semana la cosa se puso más seria, y empezó a trabajar con las tuberías. Tuvo que aislar todas las tuberías del sistema de refrigeración de la cámara. El dueño de la empresa, padre de la manager, y el que había empezado de cero en el negocio, era el que estaba diseñando y gestionando toda la construcción (un hombre de 74 años con más energía que nosotros), y era el que supervisaba el trabajo de Rober. Acabó tan contento con su trabajo “vistiendo” tuberías, que hasta le nombró trabajador de la semana! (y la empresa le regaló una vale de 50$ para el supermercado)

Pintando bolardos

Zona de las tuberías sin impermiabilizar. Consecuencia: una capa de hielo

¡Trabajador de la semana!

Mientras tanto, los pringados que nos quedamos con las peras, el día 24 de febrero cogimos con fuerza el picking. Las dos variedades de peras que más plantaciones tenía la empresa: packham y bosc, estaban lista para ser recogidas. Ahora empezaba el picking de verdad. Ahora se vería quién valía y quién no. Ana, Alejandro y yo íbamos a descubrir si nuestras espaldas y nuestras ganas iban a poder con el desafío de aguantar 6 días a la semana durante 9 horas al día. Teníamos mucho que demostrarnos a nosotros mismos y a la empresa. Sabíamos que era difícil llegar al mínimo de bins todos los días y además demostrar que nos esforzábamos.

Ya no nos dejaban ir por parejas en la misma línea, querían que cada persona llenara su propia bin, sin ayuda de nadie, y los supervisores podían ver de esta manera si hacíamos bien las cosas, tratábamos con cuidado la fruta, y recogíamos todo con calidad además de con la cantidad adecuada. Muchos factores a tener en cuenta.

Yo solita enfrentándome a las peras

El primer día no tuvo nada diferente a los demás días de picking que habíamos hecho, salvo el hecho de que cada uno teníamos nuestra línea, nuestra bin y nuestra estrategia para subir a los árboles y vaciarlos de peras. Las peras Packham tenían una peculiaridad: muchas de ellas eran más grandes que nuestra mano, y el peso del capazo lleno era considerable, con lo cual nuestras espaldas se quejaban más conforme pasaba el día. Yo conseguí llenar dos bins, y dejarme media bin para el día siguiente. Y el segundo día, junto a mis tremendas agujetas por todo el cuerpo, pero con la ayuda algún rato del jefe, que se puso el capazo y recogió peras conmigo, para mi sorpresa conseguí llenar cuatro bins. Parecía que con esfuerzo podíamos hacer un buen trabajo.

Pero esa euforia no duró mucho, porque al día siguiente nuestro cuerpo se quejó más aún. Nos dolía cada músculo, ponerse de nuevo el capazo era un suplicio, y ya desde primera hora del día nos pesaba todo y nos costaba un montón movernos. Mis piernas eran un cuadro abstracto de moratones y mis brazos estaban llenos de arañazos.

Moratones, diferencia de color de piel entre brazos y piernas como consecuencia de estar todo el día al sol, arañazos… ‘Picker style’

Pero aún así seguimos esforzándonos porque todo el mundo nos decía que lo estábamos haciendo muy bien. A nosotros en realidad no nos cuadraba que los supervisores nos repitieran ‘good job’ cada vez que se acercaban a nuestra bin, porque estábamos preocupados por no llegar al mínimo de bins que teníamos que hacer por día, pero el caso es que nos estaban pagando bien (por hora si no llegábamos al mínimo) y parecía que estaban contentos.

Durante dos semanas el ambiente entre los pickers era agradable y a pesar de lo duro del trabajo, todo el mundo sonreía e incluso nos ayudábamos de vez en cuando. Con el paso de los días todo el mundo sabía a quién era bueno tener en la línea de al lado (había algunos que solían tener las manos largas y cogían la fruta del lado del árbol que era del compañero) o quién iba más rápido. Nosotros sabíamos que no podíamos compararnos en velocidad con la mayoría de los compañeros, porque cuando conseguíamos llenar tres bins a duras penas y dándolo todo durante las 9 horas del día, en la línea de al lado podíamos tener un chico de Vanuatu que terminaba llenando 8 bins y no parecía ni esforzarse.

Devi y Shona, supervisoras y muy buena gente

Con este tamaño de peras, las bins se llenaban bastante rápido

También sabíamos cómo trabajaban cada uno de los conductores de tractores y cómo debíamos actuar cuando entraban en nuestra línea: los dos hermanos maoríes eran muy majos, entrando con cuidado y a veces hasta parando el tractor y recogiendo algunas peras para ayudarte a terminar una bin. También había un kiwi bastante mayor que era un loco al volante, entraba a toda velocidad entre los árboles y en marcha atrás, y encima te gritaba ‘don´t panic!’ con un tono de voz de dibujo animado, con lo que no sabías si reírte a carcajadas, o bajar corriendo de la escalera para que no se te llevara por delante. Eso si, esa frase pasó a ser coletilla en toda la orchard al cabo de unos días. Y por último estaban otros dos kiwis algo más jóvenes, que no se si por vergonzosos o por buenas personas, entraba intentando no molestarte, despacio, muchas veces cuando no les necesitabas (porque tu bin aún no estaba llena o porque no necesitabas que la movieran), y luego cuando te hacía falta que vinieran, no aparecían durante casi una hora o no te hacían caso.

‘Tractor drivers’

Y tras un par de semanas, cuando ya éramos “pickers profesionales”, estábamos siempre rozando recoger el mínimo de bins (o lo conseguíamos), y estas dos variedades de peras estaban a punto de ser recogidas por completo, Rober terminó su trabajo en la coolstore y se unió al equipo. Quería probar su velocidad y realmente se sorprendió él mismo y todos los demás nos sorprendimos. Hasta los chicos de Vanuatu le dijeron que era muy rápido. El segundo día recogió seis bins él solo. ¡Qué gusto dio ver la nómina esa semana!

Pero al cabo de unos días en los que estuvimos los cuatro de pickers (y una pareja de alemanes que se habían unido al equipo ‘butterflies’ y que también eran muy majos), las peras se acabaron y empezó el picking de manzanas.

¡Cómo habían cambiado las manzanas desde que hicimos el thinning!

El primer día fue de entrenamiento, con dos personas por fila para que aprendiéramos la técnica para recoger la variedad “Jazz”. Nuestro ánimo volvió a decaer: tras sentirnos fuertes con las peras, y ver que con esfuerzo y concentración podíamos rozar el mínimo, con las manzanas volvimos a reducir la velocidad. Teníamos que recogerlas en función de su color, y si no eran suficientemente rojas (tenían que tener un 50% de la piel de rojo intenso), debíamos dejarlas en el árbol para una segunda recogida más adelante. Cómo no teníamos el ojo acostumbrado, rememoramos los días en que recogimos la variedad de peras WBC, con el anillo de plástico. Nos costaba un montón llenar la bin, y aunque el capazo era mucho menos pesado porque las manzanas son más ligeras que las peras, parecía que nunca conseguíamos terminar la bin.

Aún así ese primer día fue divertido, porque como todo el mundo cobraba por hora al ser día de entrenamiento, estábamos de risas, hablando con los de la línea de al lado o escuchando música (¿sabíais que la canción de ‘La Macarena’ es famosa en este lado del planeta, y hasta los chicos de Vanuatu la conocía y se reían al oírla?). A última hora del día, los más rápidos fueron poniéndose en las líneas de los más lentos para terminar el bloque, y al final estábamos más de diez personas por línea, con seis u ocho escaleras para diez o quince árboles y el consecuente cachondeo.

Después del primer día de picking de manzanas, que fue un sábado, empezó lo que era nuestra última semana de trabajo en la empresa. Fue una semana rara, porque se juntaron muchas cosas a la vez.

Hicimos una tarde de picking de kiwis, de una variedad del ‘Kiwi Gold’. Al ser una fruta muy delicada, íbamos por hora para que nadie quisiera ir rápido y estropeara la fruta. Fue un rato de lo más divertido, con todo el grupo de trabajadores (entre 30 y 40 personas) metidos debajo de las parras del kiwi, recogiendo entre todos todo el fruto y haciendo bromas a la vez. ¡Ahora podemos decir que hemos recogido kiwis, muy propio de este país!

Kiwifruit picking

También recogimos a ratos una variedad de peras llamada ‘Winter Nellis’. Si las Packham eran más grandes que una mano, estas eran más pequeñas que una pelota de tenis, y llenar una bin se hacía eterno! Además, las ramas tenían pinchas, y acabamos con los brazos llenos de cortes y rasguños.

Algunos de los tipos de peras que recogimos. Faltan las WBC, que se parecían mucho a las Packham

Como la temporada de picking empezaba su apogeo, la empresa empezó a contratar gente, principalmente mochileros. En un par de días pasamos de ser los seis ‘butterflies’ a ser casi veinte mochileros. Lo curioso del tema es que, a pesar de tener sólo 200 visas al año para españoles, nos juntamos más de diez en la empresa.

Tras un duro día, nada mejor como hacer un poco de yoga suave para que nuestras espaldas no sufran

Todos nos preguntaban asustados en sus primeros días cómo era esto del picking. El ‘apple picking’ tiene fama de ser uno de los trabajos más duros de temporeros, y todos venían con miedo. Nosotros habíamos sufrido los primeros días con las peras hasta que nuestros cuerpos se habían acostumbrado, y sabíamos que a ratos queríamos pegarle una patada al capazo y mandarlo al carajo. Nos dolía todo incluso cuando llevábamos más de un mes haciendo picking, y subir a la escalera varios cientos de veces al día se hacía muy pesado. Nos costaba levantarnos por las mañanas una barbaridad, por las tardes éramos incapaces de hacer algo que no fuera descansar (yo dormía siesta prácticamente todos los días), preparar comida o tirarnos en el sofá, y los fines de semana no eran otra cosa que dormir y hacer las cosas justas que no se podían hacer durante la semana (poner lavadora, comprar en el super…). Vamos, que estábamos agotados.

Aún así, cada vez que nos preguntaban qué opinábamos, nos era difícil decir cosas malas, y hasta dijimos que nos gustaba. Luego nos dimos cuenta, y creemos que todos debieron pensar que éramos masocas o estábamos locos. ¿Por qué parecía que alabábamos el picking como si fuera el mejor trabajo del mundo…?

Esta es mi conclusión: nos lo pusimos como un reto personal. Cada uno de nosotros luchó contra el cansancio, el dolor muscular y la facilidad de decir “lo dejo, no puedo”. Nos esforzamos cada día, intentando hacer bien las cosas y esperando cada día que nos dijeran que lo hacíamos mal o íbamos muy despacio y que no hacía falta que volviéramos al día siguiente. Ese día nunca llegó, y a cambio siempre nos repitieron que lo hacíamos bien y siguiéramos así, sin mencionar en ningún momento la palabra “velocidad”. Creo que los jefes llegaron a la conclusión de que nuestro trabajo era de calidad a la vez que con una velocidad relativamente buena. Ese reconocimiento, sumado a nuestro orgullo por estar soportando el desafío de aguantar el picking, además de lo agradable que era el ambiente con todo el mundo, hizo que cada vez que nos preguntaran, sólo fuéramos capaces de decirles que lo intentaran, que los primeros días siempre eran los peores pero luego podía hasta gustarte el trabajo.

Al fin y al cabo, el mayor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer, y nosotros dejamos la empresa orgullosos por lo que hemos hecho y contentos por las experiencias vividas estos cuatro meses trabajando en Hakwe’s Bay.

ByR

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2 comentarios en “Picking de peras y manzanas en Hawke’s Bay

    • Hola ludmila. Nosotros conocimos al yerno del dueño en un club de pesca tomando unas cervezas y esa noche conseguimos el trabajo… ¡Algo que sólo puede pasar en Nueva Zelanda!! Ahora es buen momento para conseguir trabajo en el thinning de manzanas. La empresa se llama RJ Flowers (http://rjflowers.co.nz/) y lo mejor es que vayáis en persona y preguntéis si tienen trabajo para vosotros.
      Saludos y mucha suerte!

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