Mount Avalanche Peak

16 de Abril de 2015

Tras la larga espera y después de haber disfrutado de las primeras vistas de los Alpes, llegó el momento de salir a la montaña. Para una primera toma de contacto elegimos subir el Avalanche Peak, una montaña de 1833 metros de altura sin ninguna dificultad técnica. El único problema que presenta la montaña es cuando se intenta ascender en invierno, pues las rutas que llevan a su cima pasan por un par de puntos con muchas probabilidades de avalanchas, de aquí el nombre de Avalanche Peak.

Sabiendo esto y habiendo preguntado por el estado de la nieve en el centro de información el día anterior, empezamos a andar cuando el sol empezaba a asomar por el fondo del valle. Al parecer éramos los primeros en empezar a caminar y a eso de las 8am ya estábamos en medio del bosque de la zona baja de la montaña.

Salida del parking para empezar la ruta Scott, a 780 metros de altura

Primeros pasos por el bosque

A cada paso que dábamos nos elevábamos más sobre el valle, teniendo buenas vistas a nuestro alrededor, con cascadas, montañas nevadas y glaciares colgados. Cuando llevábamos una hora y media en la ruta llegamos al fin del bosque, a una altura de unos 1300 metros. Llevábamos la mitad de la subida y nos encontrábamos bien físicamente, pero nos íbamos dando cuenta que, las montañas de Nueva Zelanda, a pesar de ser más bajitas que las que tenemos en Pirineos o Alpes, presentan paredes verticales de difícil acceso. Esto, junto a un terreno desconocido y a veces caótico debido a esos glaciares que no estamos tan acostumbrados a ver ni transitar por ellos, nos hizo bajar a la tierra y darnos cuenta que lo de hacer alpinismo por estos lugares iba a estar complicado. Al menos al mismo nivel que lo veníamos haciendo en años anteriores.

Dejando el bosque atrás

Avalanche Peak a la izquierda

Dejando estas ideas a un lado, tomamos algo de comida y agua y continuamos hacia la cumbre de nuestra primera montaña en los Alpes de las antípodas. Con un sendero muy bien marcado con postes de colores, llegamos al punto donde se juntan los dos caminos para recorrer la cresta final que lleva a la cumbre. Para nuestra sorpresa, el camino que pisaba el punto más alto de montaña recorría el filo de la montaña, que sin ser muy expuesto, en algunos puntos requería utilizar las manos para pasar ciertos puntos del cresterío. En tres horas y media habíamos llegado a la cumbre del Avalanche Peak, en un día con un sol radiante que nos permitió disfrutar de las vistas.

Empezando la cresta que da acceso a la cumbre

Pasos no difíciles pero que requieren atención

Últimos pasos hacia la cumbre

Cumbre con el Monte Rolleston al fondo

Gente recorriendo la cresta

Panorámica desde la cumbre del Avalanche Peak

Pasamos casi una hora en la cima, de pura contemplación y reflexión. Enfrente nuestro se elevaba el Monte Rolleston, con aspecto más himaláyico que pirenáico. Y lo que más nos hizo pensar fue saber que tenía escasos 2275 metros. Si este es el aspecto que tiene un pico de dos mil metros, con esos glaciares colgados y esas paredes de roca helada… De los tresmiles mejor ni hablamos, ¿no? Algo había hecho “clic” en nosotros. Vinimos con unas ganas locas de montaña a Nueva Zelanda. Cargamos con muchos kilos de material al llegar en avión, porque no queríamos que ninguna cumbre se nos escapara. Después de los meses por Asia, moríamos por ponernos los crampones y oír crujir el hielo bajo nuestros pies. Pero aquella imagen nos hizo bajar de las nubes: aquel terreno estaba a otro nivel, y las ilusiones de hacer montaña como locos se esfumaron.

Tras esa hora en la cumbre, y con los ánimos algo tocados, decidimos empezar la bajada por el mismo camino (Scotts Track), dado que esta ruta tenía mejores vistas que la del otro lado. La bajada fue bastante directa y en menos de lo esperado llegamos al coche con ganas de hacernos un buen plato de pasta y reflexionar acerca de las montañas de Nueva Zelanda.

Adentrándonos en el bosque en la bajada

Fin de la ruta

Acabamos de empezar como aquel que dice a ver la cordillera, pero algo nos dice que no va a ser tan fácil hacer el tipo de montaña que tanto estamos acostumbrados a hacer en nuestras montañas europeas. La sensación que nos llevamos es que aquí, cualquier montaña, aunque sea un 2000, tiene unos glaciares que dan mucho respeto. El tiempo cambia constantemente, los desniveles y las distancias que hay que hacer para las aproximaciones son bastante bestias, y la temporada, los ríos y el estado de la nieve cambian las condiciones de la montaña.

Quizá en Nueva Zelanda tengamos que conformarnos con hacer salidas de un día como la que hicimos en el Avalanche, y guardar el piolet y la cuerda para cuando volvamos a casa. Sea lo que sea, no pararemos de disfrutar de lo que nos gusta, que es salir a la montaña.

Monte Rolleston

Perfil de altura-tiempo de la ascensión:

RyB

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2 comentarios en “Mount Avalanche Peak

    • Hola chicos! Esperamos que ese “golpe de realidad” no os haya desanimado! Aquí hay muchas posibilidades de hacer cosas, pero si que es verdad que alpinismo como tenemos en Europa, de un nivel medio, por lo menos a nosotros no nos parece que haya… También es verdad que no hemos tenido tiempo de mirar las cosas con calma, buscar, informarnos… Quién sabe, quizá haya cosas más accesibles, pero habrá que relacionarse con los alpinistas locales, y a lo mejor encontramos secretos escondidos 😉 Un saludo!

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