Máquinas de cortar árboles: trabajando en una Nursery

4 de Junio al 25 de Junio de 2015

“Hello,

Our names are Roberto and Berta, a couple who describes themselves as a nature and mountain lovers. We enjoy working outdoors and learning new tasks and things as every day is a challenge for us. Because of that we would like to became a member of your team to work in the nursery.

We are not afraid about working hard long days in cold weather conditions. As we do alpinism, we usually stay walking/climbing for 12/14 hours a day and sometimes in extreme weather. An example is when we climbed Muztagh Ata, a 7546 meter peak in Himalaya, or when we spent four months working in an orchard in Hastings doing pear/apple thinning and picking.

We can offer good atmosphere and energy in a team environment, hard work and the commitment to respect every person who is working with us.

If you would like to meet us or require further information, do not hesitate to keep in contact with us. We are around Nelson and have the option to go to your office to a possible interview.

Thank you and kind regards,

Roberto Franco and Berta Pastor

Carta de presentación

Y así es como empezó todo, con email un tanto atrevido y sin ningún tipo de tapujos. Ahí estábamos nosotros dos, con la mejor presentación posible que nos describe y con una foto haciendo lo que nos gusta: haciendo alpinismo y trabajando duro en el campo.

Sabíamos que podía ser un tanto subrealista y arriesgado pedir trabajo de esta manera pero si hay algo que hemos aprendido en este viaje es que hay que ser uno mismo, sin necesidad de esconder nuestra propia personalidad. ¿A quién se le podía ocurrir enviar una carta de presentación con una foto nuestra haciendo montaña…?

Algo debimos de hacer bien cuando al día siguiente teníamos en nuestra bandeja de entrada un correo el cual nos citaba para una entrevista con el manager de la empresa.  Fue una entrevista para conocernos mejor, vernos las caras, preguntas típicas y acabó diciéndonos aquello de… a final del día de hoy tenemos que dejar cerrado la contratación el equipo que va a hacer este tipo de trabajo… Os llamaremos esta tarde para deciros si os contratamos… A las dos horas sonó el teléfono: ¡El trabajo es vuestro! ¡Contrato para 3 semanas, justo lo que íbamos buscando antes de que llegaran los padres de Berta!

Y así es como empalmamos el trabajo de la packhouse con en el de la nursery. Una semana teníamos de por medio para hacer el traslado, empaquetar en la furgo de nuevo los trastos y movernos unos 35km al este hacia Nelson, ciudad que sirvió de base para las tres semanas de trabajo en la nursery.

Calles de Nelson

Dado que el contrato era de 3 semanas, el tiempo justo que necesitábamos hasta que vinieran los padres de Berta, buscamos alojamiento económico y lo más cerca posible del trabajo. Al final encontramos un camping bastante sencillo aunque con las facilidades que necesitábamos: cocina, lavandería y duchas gratuitas de agua caliente. Como habitación de estar utilizaríamos nuestra querida Huevona, una de las camas más cómodas que jamás hayamos tenido en Nueva Zelanda.

Moviendo la comida de la furgo a la cocina

Nuestro parcela en el camping

Desayunando los fines de semana en el camping

Llegó el día de ponerse el mono de trabajo, y el 4 de Junio allí estábamos los dos, con nuestras gumboots y listos a doblar el lomo por unos cuantos dólares. No sabíamos exactamente lo que íbamos a hacer en el trabajo. La única información que teníamos era que cobraríamos por producción, tantos árboles cortas, tanto cobras. Una furgoneta de la empresa nos llevó de las oficinas al bloque donde estaba nuestros nuevos compañeros, y una vez llegamos, nos dieron lo que fue nuestras compañeras de viaje durante las tres semanas: unas tijeras de podar, un pincel y un bote de pintura.

El trabajo consistía en hacer una especie de poda a arbolitos. A éstos se les había puesto un injerto, y nosotros éramos los encargados de realizar un corte totalmente plano justo por arriba de cada injerto. Una vez acabada la línea, teníamos que volver sobre nuestros pasos aplicando una resina al corte que acabábamos de hacer para que no le entrara ninguna enfermedad al árbol. Nos pusimos manos a la obra y a las dos horas de haber empezado me vino a la mente algo: qué bueno era aquel trabajo tan aburrido de la packhouse. Esto de trabajar en la nursery era agotador y además de doloroso. A los dos días de empezar todo nuestro cuerpo estaba lleno de agujetas, dolores en cada uno de los músculos de las piernas y la zona lumbar nos temblaba a cada movimiento que intentábamos hacer. Sin lugar a dudas era el trabajo más duro y físico que habíamos probado nunca, y empezamos a pensar en dejarlo o no.

Detalle de los injertos en los árbolitos

Corte justo arriba del injerto

Pintando el corte que acabamos de hacer

Berta, ni con todo el esfuerzo del mundo, era capar de llegar al mínimo exigido por la empresa (3500 árboles al día), así que la hora le salía siempre al mínimo. En cambio, a mi no se me daba del todo mal y en el segundo día de trabajo ya estaba ganando más del mínimo por hora. Como empezamos el trabajo un jueves, tuvimos el fin de semana cerca para descansar la espalda y analizar la situación, y llegamos a un acuerdo: Berta dejaría el trabajo, se dedicaría a adelantar posts para el blog  y yo seguiría, dado que me veía capaz de mejorar a cada día.

¡Qué bien sienta sentarse por unos minutos!

Trabajamos juntos hasta que cumplimos una semana en la Nursery, y a partir de aquí, nuestra rutina cambió y nos separamos durante 8 horas al día por segunda vez desde que salimos de España.

Todas las mañanas sonaba el despertador a las 6:30, desayunábamos juntos y Berta me dejaba en el trabajo. Ella pasaba casi todo el día metida en la biblioteca, preparando la ruta que haríamos con sus padres al mes siguiente y escribiendo posts que nos quedaban por publicar en el blog.

El invierno se acercaba, el frío se hacía notar y la luz del sol no iluminaba el día hasta casi las 8am, media hora más tarde de lo que yo empezaba a trabajar.

Momento de la mañana en el que nos separamos en el parking de la nursery

Primeros árboles cortados del día

A cada día que pasaba, los dolores de los primeros días iban desapareciendo, y lo que fue un duro trabajo lo convertí en un nuevo desafío: intentar ser uno de los más rápidos del equipo y llegar al récord de árboles cortados por día. Empezaba la mañana a toda máquina, cortaba árboles a ritmo de la música que sonaba y, sin que mis compañeros entendieran que hacía, no paraba ni siquiera a almorzar. Trago de agua y a seguir cortando (cut cut cut cut, resonaba en mi cerebro)… Así hasta las 12:30 que paraba a comer. Este momento era el clave del día, cuando le preguntaba al encargado cuántos árboles llevaba cortados hasta ahora… Cuando me confirmaba que llevaba cerca de 4000, o bien me relajaba o bien seguía sin bajar el ritmo, dependiendo de cómo me sintiera físicamente. El mínimo ya lo había superado de sobra y aún tenía 3 horas para ganar dinero extra.

Líneas que llegaban a casi 1000 árboles

Lo que fue un NO QUIERO TRABAJAR AQUÍ los dos primeros días, se convirtió en una especie de desafío, donde cada día intentaba mejorar al anterior. Por supuesto que llegaba cansado a casa, pero a cambio, era una satisfacción personal saber que cada día que pasaba cortaba más de 6000 árboles diarios lo que se traducía en un sueldo casi al doble del que pudiera ganar en otra empresa cobrando el mínimo por ley. El último día casi hice el récord: 7300 árboles que fueron superados por otro compañero que ni siquiera paró a comer… él hizo casi 8000!!

Preparando las etiquetas que poníamos en cada una de las líneas que cortábamos

Los pantalones no resistieron el duro trabajo de la Nursery y tras el trabajo y muchas montañas subidas alrededor del mundo, fueron jubilados

Así eran todos los días, de lunes a viernes, uno a trabajar a la nursery y el otro a la biblioteca. Nos compenetramos muy bien en las tareas que a cada uno le tocaban: yo trabajaba para ganar dinero y ella trabajaba para poner al día el blog y se encargaba de las comidas y cenas. Fueron tres semanas en las que los fines de semana los dedicamos a dar paseos por la zona de Tasman, la zona norte de la isla sur. Vimos caballos, carreras de bicis, practicamos con la slackline, paseos por bosques y las calles de Nelson… Se nos pasó rápido, y lo que aparentemente parecía el peor trabajo de nuestras vidas, para mi se convirtió en un juego, un reto que me sirvió para superarme cada día.

Berta haciendo equilibrios

Tocando el ukelele en una de las playas de la zona de Nelson

Paseando por los alrededores del Mount Arthur

RyB

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