La West Coast de principio a fin

Del 14 al 18 de Julio de 2015

Si alguien te cuenta que ha visitado la West Coast de Nueva Zelanda con días perfectos, seguro que algo de lo que dice no es cierto (o es que ha tenido MUCHA suerte). En la costa oeste, las nubes y el cielo gris son el pan de cada día, así que mejor no ir con la esperanza de que vas a tener suerte y a ti no te va a tocar… Mejor hacerse la idea de que hará mal tiempo, y si amanece un día radiante, sonreir y disfrutarlo.

Dejamos Wanaka contentos con la excursión y el día en el lago helado, y pusimos rumbo hacia el norte sin muchas expectativas. Al principio era una zona que Rober y yo ya conocíamos, pero aun así fuimos parando en los diferentes sitios que se pueden ver: cascadas, las Blue Pools, bosques…

A pesar de la llovizna y el cielo gris, disfrutamos de la jornada. Los bosques siguen dejándome sin palabras en esta zona del país, y aunque parece todo el rato lo mismo, pasear por ellos resulta mágico, y el ambiente de un día de niebla le va que ni pintado; le agrega un toque místico muy apropiado. Es un bosque de fantasía y sumergirte en él es como sumergirse en esas novelas fantásticas, de las que te atrapan desde la primera página y te trasladan a mundos imaginarios.

Cuando lees sobre los atractivos de la zona, todo el mundo te destaca los glaciares. Parece que la sección entre el lago Wanaka y Haast, cuando llegas a la costa, desaparece de cualquier lista de imprescindibles. Como mucho te comentan el paseo a las Blue Pools y poco mas. Pero todos esos bosques, que están dentro de los límites del Parque Nacional del Monte Aspiring, se mantienen en el anonimato que mantiene en gran parte su magia.

Nosotros también llevábamos una idea parecida a todo el mundo, y contábamos con llegar a la zona de los glaciares en el día para disfrutar de “lo que hay que ver” por allí. Pero nos atraparon los bosques mágicos y acabamos alargando el tiempo que pasamos por allí, de tal manera que tuvimos que parar a dormir antes de llegar a los glaciares.

Puentes de un solo carril, muy común por esta zona

Al día siguiente siguió como norma el cielo gris, las nubes y la llovizna tonta. Quisimos hacer el camino hasta las faldas del glaciar Fox, pero nos lo encontramos cerrado por peligro de derrumbamiento. Fue un chasco, pero nos intentamos consolar con que el camino hasta aquí había estado muy bien, y aun quedaban otras cosas por ver. Al fin y al cabo, ver un glaciar no es ninguna novedad para ninguno de nosotros.

El lago espejo sin reflejo

También tuvimos la mala suerte de no ver el lago Matheson con el reflejo de las montañas detrás (como lo vimos nosotros en Abril) y el chasco de ir buscando unas “hot pools” para bañarnos, y encontrarnos un charquito al lado de la carretera con agua tibia.

Pero a cambio esa noche nos dimos un capricho para quitarnos todas las penas de un día sin mucha suerte: fuimos a las termas que hay en el pueblo de Franz Josef. No son de agua termal, pero nos sentó de maravilla aquel baño.

Y para terminar con la zona de los glaciares, al día siguiente fuimos a recorrer el valle del glaciar Franz Josef. Tuvimos un poco más de suerte, y el sol asomó a ratos. Fue un paseo bonito, y observar como el glaciar ha esculpido el valle, y también como ha retrocedido en los últimos años, hiela la sangre a ratos.

Una vez que terminamos este paseo, volvimos a la carretera, siguiente parada: la zona hacia el norte de Hokitika, que era nueva para los cuatro, puesto que nosotros dos todavía no habíamos estado.

Pasamos Hokitika, donde la garganta del mismo nombre no nos dijo nada porque con el día gris, el color característico de sus aguas no se vio. Pero a cambio, vimos el arco iris más espectacular de nuestras vidas. Se nos hizo de noche de nuevo, así que paramos cerca de Greymouth a dormir.

Dicen que la zona norte de la West Coast es impresionante, y mucha gente la prefiere a la zona sur, donde estan los glaciares. El día nos sorprendió soleado, y pusimos rumbo a nuestra primera parada: Punakaiki y las Pancake Rocks.

El paisaje era diferente, había palmeras a los costados de la carretera, y esta serpenteaba cerca de una costa abrupta.

Nos tomamos con calma la visita a las Pancake Rocks, y lo agradecimos porque conseguimos ver el géiser de agua que dicen es tan difícil de ver. Jugamos a intentar predecir cuando iba a salir el agua disparada hacia al cielo, y a buscar cuál sería la posibilidad de sobrevivir si cayéramos al agua con el mar tan embravecido (descubrimos que había pocas posibilidades de ello)

El gesiser

Para acabar nuestro recorrido por la West Coast, hicimos la última parada en cabo Foulwind, donde una colonia de focas nos distrajo durante un buen rato, y el atardecer nos pilló mirando el paisaje.

Realmente la zona norte de la West Coast da para una visita más tranquila, pero la mala pata es que no hay ningún sitio a mitad para dormir de manera gratuita con vehículo Non Self-Contained. Con nuestra super motorhome no tuvimos problemas, pero con la Huevona no habríamos podido disfrutar igual de la zona.

ByR

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