Queen Charlotte Track, Marlborough Sound

20 y 21 de Julio de 2015

Nueva Zelanda es una caja de sorpresas. Ya desde hace tiempo venimos planteándonos que si, después de vivir en España todos estos años, aún no conocemos ni una ínfima parte del país, no podemos pretender conocer uno como este en menos de un año. Aún así es difícil no querer verlo “todo” en este corto período de tiempo.

La zona de los fiordos de Marlborough no recibe tanta publicidad como otras zonas de la isla sur. Es lógico, en rutas turísticas de menos de un mes, todo el mundo tiene que priorizar, y normalmente toda la sección noroeste de la isla se cae de la lista de “must to do”.

Nosotros, siguiendo la corriente, lo habíamos descartado en nuestra planificación de ruta con mis padres, pero en cuanto llegaron, mi padre comentó que le apetecía ir. Al final nos cuadraron las fechas y terminamos la vuelta a la isla allí, antes de poner rumbo hacia Christchurch.

Desde Nelson Lakes pusimos rumbo hacia Blenheim, y antes de llegar nos desviamos hacia Havelock para coger la carretera que recorría el fiordo de Kenepuru.

Havelok al atardecer

Otro de los problemas de viajar en invierno es la escasez de horas de luz. Hicimos toda la carretera por al lado del fiordo ya de noche y llegamos a un campground que no tenía mala pinta, además de estar totalmente vacío. Nadie nos haría compañía esta noche y hacía un frío de mil demonios. Pero al levantarnos al día siguiente, la suerte volvió a acompañarnos y salió un día precioso.

El Queen Charlotte Track no está en la lista de los Great Walks del país, pero tiene una infraestructura parecida. Una ruta de 70 kilómetros de longitud (en una dirección) para hacer en varios días por el costado de los fiordos, con refugios para pernoctar o zona de acampada. Al ir al lado del mar, no tiene mucho desnivel  y todo el trayecto es por en medio de la vegetación autóctona de la zona, entre ellos la Silver Fern característica del país y que está poco presente en la isla sur.

Nosotros decidimos hacer un trozo a mitad, donde podíamos llegar en coche. Llegar hasta donde nos apeteciera, y dar la vuelta cuando nos cansáramos. Nos planteamos contratar un “water-taxi” para que nos recogiera al final del camino y así poder andar hasta más lejos, pero al ser temporada baja, al llegar allí no había nadie (además, son cosas que casi todo el mundo hace desde el i-site antes de llegar). Nos lo planteamos como un paseo tranquilo para disfrutar del buen tiempo y el paisaje.

No nos cruzamos con nadie en el camino, y apenas nos acompañó en todo el día el sonido de los pajaritos que revoloteaban a nuestro alrededor. Cuando nos asomábamos por fuera de la vegetación, el mar estaba en calma y casi se podía ver el fondo.

Cuando llevábamos algo mas de dos horas andando, llegamos a la conclusión de que, aunque era un paisaje muy bonito, era todo el rato lo mismo. Además, como era totalmente llano, no tenia mucho interés en el aspecto físico, y nos aburrimos. Decidimos dar la vuelta antes de llegar al sitio que habiamos pensando mirando el mapa.

Por suerte, el fiordo aun nos tenia una sorpresa esperando. Como no habia nadie, todo a nuestro alrededor estaba en un silencio tranquilo, propio del monte. Un ruido extraño llamó nuestra atención, y paramos a escuchar para intentar adivinar que era. Volvió a sonar, venía del agua. ¿Qué es eso? Mirando a nuestro alrededor para buscar el origen de aquel ruido, lo descubrimos y gritamos de excitación: una manada de delfines se acercaba a la cala donde estábamos! El ruido que habia llamado nuestra atención era el sonido que hacian al salir a respirar. ¡Habían más de 30 delfines!

Bajamos hasta una de las calas a ver si teníamos suerte y se acercaban. Hasta pensamos en ir corriendo a la caravana para buscar el neopreno que llevábamos (lo descartamos enseguida…). La excitación nos podía, y corrimos por el camino en busca de algún sitio donde se vieran mejor. Desde una cala les vimos saltar, brincar fuera del agua, jugar. Fue todo un espectáculo que apenas pudimos inmortalizar con la cámara porque estábamos pasmados mirándolos.

Cuando se marcharon hacia mar abierto, y les perdimos de vista, tuvimos que seguir nuestro camino para volver a nuestra casa rodante.

Interior de una Silver Fern

Al final resulto ser una excursión bonita aunque un poco repetitiva. Es un paisaje precioso, pero hacer el Track entero no se si me llama la atención. Sin embargo, para un paseo de un día como el que nosotros hicimos, los recomendamos mucho.

Salimos de la zona de fiordos al atardecer y pusimos rumbo hacia el sur; el viaje llegaba a su fin y debíamos ir hacia Chrsitchurch.

ByR

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s