La isla de ‘Eua, fósil del Pacífico

7 al 11 de Agosto de 2015

El viajar rápido es algo que no nos gusta. Desde que empezamos a recorrer el sudeste asiático decidimos que preferíamos estar en pocos sitios y disfrutarlos, en lugar de estar en muchos y no poder visitar tranquilamente el lugar. Este mismo razonamiento aplicamos en Tonga, y tras estudiar cómo funcionaba el transporte en el país, y darnos cuenta que la visita a Vava’u nos iba a obligar a permanecer mucho tiempo en aviones y ferries, decidimos centrarnos solo en dos grupos, el de Ha’apai y el de Tongatapu.

Alrededores de Tongatapu

Decidido esto, dejamos para el final una visita de cinco días a ‘Eua, la isla geográficamente hablando, más antigua del país. Muchos de los viajeros que conocimos nos habían hablado bien de ella. Al parecer tenía unas zonas para bucear increíbles, unos senderos para hacer algún treking, selvas para perderse entre las raíces de sus árboles… Con tantos buenos consejos no dudamos en ir y ver cómo era aquel lugar…

Atardece en ‘Eua

Nos presentamos en el puerto el día 6 de Agosto con la convicción de que el barco saldría hacia ‘Eua esa misma mañana. Tal fue nuestra sorpresa que cuando llegamos a la ventanilla para comprar los billetes, la ilusión de zarpar en ese mismo instante se desvaneció. Ese día habían decidido que el barco no salía del puerto, así que no nos quedó otro remedio que esperar hasta el día siguiente. Después de asegurarnos que al día siguiente habría barco, pasamos un día agradable haciendo autostop por Tongatapu y visitando sus rincones.

Onemato, el barco que hace el trayecto Tongatapu – ‘Eua

Un barco medianamente aceptable nos recibió a media mañana. Aquella mañana el mar no estaba de buen humor, y el fuerte oleaje hizo que tuviéramos un viaje un tanto agónico. La habitación de pasajeros se encontraba en uno de los puntos más altos del barco, lo cual multiplicó la sensación de movimiento. Después de sufrir dos horas de continuo vaivén, nos adentramos en la ensenada del puerto de ‘Eua, y nuestros cuerpos pudieron descansar. Con el hotel ya reservado, nos dispusimos a hacer autostop para poder llegar a él. Un hombre con una camioneta nos vio aparecer desde el puerto, y muy amablemente nos dejó en la puerta de nuestra guesthouse sin cobro alguno.

Casas hechas de madera y hojalata

Un jardín de lo más cuidado, con diferentes plantas de colores, nos dio la bienvenida a nuestra nueva casa. Tras dejar nuestro equipaje en nuestro bungalow y echar un vistazo a las posibles actividades de la zona, nos fuimos a pasear hacia la parte sur de la isla. En unos cuarenta minutos de caminata por carreteras donde apenas había vida alrededor, llegamos a una playa con bonitas vistas pero que, debido a su arrecife y a las corrientes de agua, no nos atrevimos a bañarnos. A pesar de ello, disfrutamos del sol, de las piedras de diferentes colores que encontramos por el suelo, así como largas conversaciones con la chica austriaca que acabábamos de conocer.

Uno de los bungalows

Taiana’s Place, un tranquilo lugar en mitad de la isla de ‘Eua

Primera excursión al sur de la isla y con el mejor sol que tuvimos…

Decenas de cuevas accesibles colgadas en acantilados, descenso a través de cuevas a la playa, increíbles vistas a la costa. Bosques, snorkeling, pasos de escalada para llegar al agua… Así es como amanecimos en nuestro segundo día en ‘Eua. Habíamos decidido hacer una de las actividades más interesantes que tenía la isla; un treking que se posicionaba dentro del Top 5 de la zona.

El día amaneció feo, estaba nublado y por momentos caían gotas de agua… Nos desanimamos una vez más por culpa del tiempo, pues estábamos teniendo muy mala suerte… A pesar de ello decidimos seguir adelante con la excursión. Una vez más, hicimos autostop para llegar al inicio de la ruta. Empezamos a caminar por un carretera sin asfaltar y un poco más tarde ya estábamos por un sendero rodeado de árboles. Siguiendo en todo momento las indicaciones, avistamos el sendero que empezaba a descender hacia la playa. Un pequeño destrepe de unos 10 metros equipado con unas cuerdas daba inicio a un camino en medio de un bosque tropical. La sensación de caminar por este tipo de bosques ya la tuvimos en Malasia: una humedad que se te pegaba al cuerpo y un camino poco marcado, nos hacían poner los cinco sentidos sobre nuestros pasos.

Primeros pasos de la excursión en autostop

Caminando por carreteras sin asfaltar antes de entrar en la zona de selva

Árbol que nos indica el desvío para empezar a destrepar hacia la playa

De pronto, nos tropezamos con una serie de cuevas, todas ellas conectadas por túneles y pasillos, donde disfrutamos como niños rebuscando por el suelo en busca de fósiles. Agujero por aquí, salida por allá, ahora enciende el frontal que no veo, ten cuidado y agáchate bien no vaya a ser que te des un golpe en la cabeza al pasar por ese pequeño orificio… Llegamos a la playa, que resultó no ser nada especial.

Yo creo que se juntó todo un poco: el día que hacía, la lluvia, la suciedad que arrastraba el mar depositando decenas de botellas de plástico en la orilla… Aún así, dimos una vuelta y volvimos sobre nuestros pasos en busca de Petra, nuestra amiga que se quedó al inicio del descenso.

Entrada a una de las cuevas

Jugando al escondite entre agujeros y columnas

Suciedad en la orilla de la playa

En esa playa hemos estado

Solo nos quedaban un par de días por la isla y el tiempo no pintaba muy bien. Aún así, teníamos claro que queríamos acercarnos a uno de los árboles más grandes del país: el gran Ovava Tree.

Al día siguiente, nos reunimos todos los que estábamos alojados en el hostal, entre ellos otros dos chicos españoles, y nos fuimos de excursión en busca de ese árbol. Cuando llegamos al lugar donde se encontraba el gran Ovava Tree nos quedamos boquiabiertos. Un mega tronco cubierto de raíces y lianas que descendían desde lo más alto nos dejó totalmente sorprendidos. Investigando un poco supimos que este árbol tiene al menos 800 años y la razón de que sea tan grande es porque por el subsuelo, corre un manantial de agua. De él, sus raíces absorben continuamente agua y las lianas, que llegan al suelo, se enraízan, y acaban engordando y creciendo.

Rodeado de raíces

No es nada sorprendente que en ‘Eua encontremos este árbol tan longevo, pues esta isla tiene 40 millones de años, 30 millones de años más que las demás islas tonganas. El resultado es  que en ella se encuentren formaciones geológicas muy diferentes a las otras islas, como acantilados, cuevas, bosques… Lástima que el mal tiempo no nos dejara disfrutar todo lo que hubiéramos podido, dejándonos con ganas de más.

RyB

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