Synlait, una fábrica de leche en polvo

Del 31 de agosto al 11 de septiembre de 2015

Último día del mes de agosto de 2015. Unos minutos antes de las 8 de la mañana aparcamos a la Huevona en el parking de una fábrica enorme que lanza vapor de agua por un montón de sitios. Unas letras enormes en el edificio más alto dicen en color azul: SYNLAIT.

Se supone que un señor llamado Greg nos espera en la recepción. Llegamos allí y nos dicen que esperemos, y al cabo de un rato, un hombre muy simpático nos saluda con una sonrisa y nos dice que vayamos con él. Un poco perdidos porque ni siquiera sabemos qué es lo que quieren que hagamos, empezamos un tour por la fábrica detrás de él. Nos enseña unas salas que sirven a la vez de comedor, cafetería, y sala de descanso. Nos cuenta cuando tenemos que hacer los descansos y a qué hora es la comida. Nos enseña los microondas, la máquina del café (gratis para todos) y nos explica cómo tenemos que firmar la entrada y la salida en la caseta de los de seguridad. Nos lleva dentro del warehouse (la enorme nave industrial donde se almacena el producto final de la fábrica), dentro del cual hay un almacén repleto de estanterías vacías que llegan hasta una altura de casi diez metros.

El Warehouse

El lugar donde los camiones descargaban la leche freca

“¿Sabéis conducir una carretilla elevadora?” Nos pregunta Greg. Nos miramos y un poco asustados le decimos que no; a ver si es una condición para el trabajo y mañana nos dicen que no volvamos porque no les servimos.

“No pasa nada. Mirad, estas son las carretillas. Estos son los botones de control, así hacia delante, así hacia atrás. Este botón es para elevar o bajar. Nunca os olvidéis de cerrar las barras de seguridad; no quiero que os caigáis. Coger una carretilla cada uno y pasar un rato practicando mientras yo hago unos repartos“.

Sin apenas saber cómo, nos encontramos con una carretilla cada uno, en un almacén enorme, y con libertad total para jugar durante un rato como si fueran los coches de choque de la feria. “Esto es surrealista”  Pero como somos unos chicos obedientes, unos minutos después ya sabemos meter las carretillas por los pasillos, subir, bajar, adelante, atrás…

Cuando Greg terminó sus repartos, volvió con nosotros, y sonrió contento al ver nuestro manejo de aquellos cochecitos. Seguimos con el tour y las explicaciones del funcionamiento de la fábrica, pero ni idea de para qué nos querían allí. Nos pidió que le ayudáramos a mover alguna cosa, nos enseñó algún otro sitio que sería importante para nosotros, y nos presentó a un señor llamado Simon no sabemos muy bien por qué.

Un rato antes de la hora de la comida, Greg comentó:

  • Rober, ¿conduces?
  • Eh… si claro.
  • ¿Tienes carnet legal aquí?
  • Si
  • Vale, pues vamos a ver a Simon

El camioncito que conduciremos estos días

Seguíamos sin entender nada, pero seguimos a Greg. En una parte de la nave había un pequeño camión, y Greg nos mandó subir y conducirlo fuera. Nos guió por los alrededores de la fábrica, le comentó al chico de seguridad quiénes éramos y que íbamos a trabajar con él (imaginamos que para que nos dejaran pasar cuando hiciera falta), y nos hizo aparcar delante de un edificio. Entramos allí, y nos encontramos a Simon, que nos llevó al piso de arriba, a un almacén desordenado y sucio. Empezó a explicarnos unas cosas de limpieza, comentó algo de unas listas que nos daría otra persona, dijo algo del camioncito que habíamos conducido antes… Y nosotros más perdidos que nunca. Cuando quiso enseñarnos otro sitio en aquel edificio, decidimos que aquello no podía seguir así y le interrumpimos.

“Simon, perdona, pero es que no sabemos cuál va a ser nuestra tarea aquí, así que lo que nos estás explicando no lo acabamos de entender”

“Ese almacén que os he enseñado ha sido el almacén de las piezas de mantenimiento desde que se inauguró la fábrica hace diez años. La fábrica ha crecido muy rápido y no ha habido mucho orden por aquí, así que hemos decidido reorganizarlo todo. Aquí se van a construir más oficinas, así que todo lo que hay en este almacén hay que llevarlo al nuevo donde habéis estado esta mañana. Para hacerlo bien, hemos decidido hacer un inventario, limpiar bien las piezas, llevarlas al nuevo almacén y ponerlas allí con una buena organización y una buena base de datos. Os hemos contratado a vosotros dos para hacer la primera fase del proceso, que es la de buscar aquí las cosas que tenemos en la base de datos, confirmar lo que hay y lo que no, si la cantidad que tenemos almacenada coincide con lo que pone en el ordenador, limpiarlo todo bien, y llevarlo con el camión al nuevo almacén. Allí Clare, la supervisora del nuevo almacén, catalogará todo y lo recolocará en su nuevo emplazamiento”

Ahora todo tiene sentido. Ahora entenderemos mejor cada cosa nueva que nos enseñen. Y no solo eso, es que parece divertido! Al parecer, necesitábamos que Clare nos imprimiera las listas de lo que podíamos empezar a buscar y limpiar. Sólo había una cosa que nos llamó la atención desde un principio cuando entendimos para qué estábamos allí: en ese almacén había muchas cosas, mucho desorden y mucho polvo. ¿En serio era un trabajo para dos semanas?

El resto de ese día lo pasamos con Greg y con las carretillas: tuvimos que mover algunos de los estantes del nuevo almacén para arreglar las estanterías donde iban a colocarse las piezas de mantenimiento. Al volver a casa, cansados pero contentos, teníamos la sensación de que las cosas podían salir bien.

Además, nuestro anfitrión para esos días parecía muy majo, y ya nos había dicho que podíamos estar con él en la granja durante varios días sin problemas. Vivía en una pequeña casita en medio de los campos donde pacían las vacas, y nos contó cómo era el trabajo con las vacas y los terneros recién nacidos; agotador pero entretenido. Además, los vecinos habían adoptado unos corderitos recién nacidos que las madres habían rechazado, y estaban en el campo de al lado.

Nuestra casita esos días

Ternero recién nacido

Nuestro segundo día de trabajo ya fue encaminado a empezar con nuestra tarea. Nos dieron las listas de la base de datos y nos dejaron solos para empezar a catalogar, limpiar y trasladar.  Después de unas horas, llegamos a una conclusión: no sabemos quién ha hecho la estimación de que en dos semanas este almacén estará vacio y todo estará en el nuevo, porque hay tanto desorden, caos y polvo, que a nosotros nos da a sensación de que aquí hay trabajo para mucho más tiempo. Como a nosotros eso nos interesaba, decidimos tomárnoslo con calma. Además, todo el mundo en la fábrica iba con calma. Los kiwis no saben lo que es el estrés, así que nosotros nos adaptamos a ello muy rápido.

Y en los descansos empezamos a conocer a los equipos de otras partes de la fábrica, y efectivamente, estaba lleno de latinos. Varios de ellos estaban en el warehouse también, pero con tareas diferentes, y otros estaban en alguna de las secciones donde se trataba la leche. Todos nos contaron que el ritmo en casi todas las secciones era de lo más relajado.

Buscar items de la lista en las estanterías

Y limpiarlos

A mitad de la semana siguiente, cuando ya nos sentíamos mucho más adaptados al ritmo y los horarios, teníamos una cosa mucho más clara: aquel trabajo que querían hacer, no era cosa que se pudiera terminar en un par de semanas, sino que hacía falta más de un mes. En el almacén viejo el desorden era mayor del que pensaban, las cosas no estaban donde debían estar, o no estaban directamente.

Además, Clare era la encargada de hacer la segunda parte del trabajo, pero no iba al mismo ritmo. Ella tenía más cosas que hacer en el almacén, y estaba sola para hacer el nuevo catálogo y ponerlo todo en la nueva localización. Resultado: cada vez habían más cajas de las que nosotros llevábamos acumuladas esperando a que Clare hiciera su parte.

Visto eso, Clare tomó dos decisiones: pidió que alargaran nuestro contrato dos semanas más y además nos pidió que le ayudáramos también en la segunda parte del proceso. Ese día volvimos a casa muy contentos: ya teníamos asegurado el trabajo para estar un mes en Synlait, y además la cosa cada vez iba a costar más tiempo porque ya no íbamos a hacer sólo una parte, sino casi todo el proceso.

El nuevo almacén, donde llevábamos las cosas limpias

Cada día nos dan cosas nuevas que hacer

Ese día decidimos buscar casa en el pueblo más cercano a la fábrica: Rakaia. Cuantos menos kilómetros tuviéramos que recorrer para ir a trabajar, mejor.

Acabábamos de cumplir un año viviendo en Nueva Zelanda, parecía que podíamos tener trabajo hasta el final de nuestro visado, un trabajo agradable y con gente muy maja alrededor, y la zona donde estábamos nos gustaba mucho. ¡Todo iba sobre ruedas!

ByR

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