Feria de ganadería y agricultura de Ashburton

31 de Octubre de 2015

Los kiwis se muestran orgullosos de muchas de sus cosas. Están orgullosos de su tierra: te preguntan si te gusta su país y sus paisajes, y viajan mucho por ambas islas en sus flamantes casas rodantes. Están orgullosos de sus barbacoas, aunque los argentinos opinen que no tienen nada de especial. Están orgullosos de sus políticas de cuidado del medio ambiente, con sus carteles por todas partes, sus señalizaciones, sus WC en lugares impensables y sus campsites para que la gente no acampe en cualquier sitio y se estropeen los parajes.

Y por supuesto, están orgullosos de su industria primaria. La agricultura y la ganadería es uno de los puntos fuertes de la economía del país, y no dudan en lucirlo. Una de las cosas que más se oye de Nueva Zelanda en el extranjero es aquello de: “hay más ovejas que personas” (aunque también se ven muchas vacas).

Por ello, cuando nuestros amigos nos contaron que ese fin de semana había una feria de agricultura en Ashburton, la capital de las llanuras de Canterbury (principal zona de agricultura y ganadería del país), no lo dudamos ni un momento.

Ya sin la Huevona con nosotros, hicimos autostop hasta Ashburton. Al llegar a la zona donde se celebraba la feria, nos encontramos un montón de gente y un ambiente muy animado.

Maquinaria de granja de todos los tamaños y colores expuesta sobre el césped como si aquello fuera una feria de automóviles; puestos de fertilizantes, piensos o semillas; una zona donde competían perros adiestrados; la zona de animales con caballos, ovejas, llamas, cabras, gallinas, alguna vaca con su ternero… Pasear por allí era todo un espectáculo.

En Nueva Zelanda, tener un bicho de estos en la puerta de casa mola más que tener un Ferrari

A ver qué oveja es más bonita

Perros compitiendo en circuitos de obtáculos

Competición de saltos con caballos

Uno de los puntos fuertes de la feria es la competición de esquilar ovejas. Nos acercamos al cobertizo, y vemos cuatro hombres subidos a la tarina arreglando sus herramientas. Están callados, sin hablar con nadie, y se concentran en preparar todo lo que necesitan para el gran momento. Un juez dice por megafonía que en breve empezarán y presenta a los participantes. Cuando se anuncia el comienzo de la competición, cuatro asustadas ovejas muy peludas salen de los cajones de detrás de los competidores. Con manos maestras las inmovilizan y empieza el espectáculo. Por cada competidor hay tres o cuatro personas controlando y ayudando: una que recoge la lana esquilada y dos o tres que vigilan el proceso, que no se le haga daño a la oveja y que el corte sea limpio y cuidadoso. La oveja ni se mueve; paralizada por el pánico y el cuerpo habilidoso del esquilador, se deja colocar en las diferentes posiciones mientras sus melenas van cayendo al suelo. Cuando el último trozo de lana es separado de su piel, el hombre suelta su presión, y la oveja sale disparada hacia el cajón.

La competición consistía en esquilar a cinco ovejas una detrás de otra. El primero que terminaba, ganaba la ronda.

Ovejas recién esquiladas en el concurso

Pero este no era el único concurso que había en la feria. Paseando por una de las secciones llena de animales, descubrimos que a los kiwis también les encanta lucir los mejores ejemlares de cada raza de sus queridos animales. Además de los caballos, que tienen en mucha estima como ya habíamos visto en otros sitios, también cuidan las razas de ovejas o llamas. Guardan los mejores ejemplares de las distintas razas y las presentan a concursos para ver cuál es la más guapa.

Ovejas muy cuidadas esperando al criterio de los jueces del concurso

Las llamas también pasan por el concurso de belleza

Estas ya habían pasado por la peluqería y el maquillaje y estaban a la espera de que les pasearan por delante de los jueces

Algunos ejemplares eran realmente impresionantes

El día fue divertido, conseguimos conocer un poco más la cultura kiwi, y seguimos sorprendiéndonos de algunas cosas que no son normales de ver en la otra parte del mundo. Además, nunca nos habíamos parado a pensar la barbaridad de tipos y colores de lanas que existen. ¡Siempre se pueden aprender cosas nuevas y los kiwis siempre tienen muchas cosas interesantes que enseñarnos!

ByR

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