Días de relax en Pokhara

14 al 22 de Noviembre de 2016

El trekking había sido muy intenso, mejorando con creces nuestras expectativas. Habíamos tenido buen tiempo, cielos despejados y preciosos días de caminar por la montaña. Habíamos visto las montañas de nuestros sueños desde múltiples ángulos y nos habíamos pasado largas horas deleitándonos con la mera contemplación de aquellos paisajes. La experiencia del trekking por el valle del Solu Khumbu pasaba a estar en la lista de nuestras mejores experiencias.

Pero durante 22 días, casi no habíamos parado de andar cargando con una mochila de más de 12 kilos. De esos 22 días, 9 fueron por arriba de los 4000 metros de altura. Aunque nos sentíamos fuertes, mantener una actividad constante a esa altura desgasta mucho físicamente. El día que llegamos a Lukla ya teníamos ganas de acabar, y al volver a Kathmandú, estábamos deseando pasar unos días de puro relax.

Orillas del Phewa Lake

Tras una breve parada en la ciudad, donde fuimos directos a meternos bajo la ducha para quitarnos todo el polvo y la suciedad del trekking (donde el agua para lavarnos brilló por su ausencia), pusimos rumbo a Pokhara. Pasarnos unos días a orillas del lago más grande del país, en una ciudad tranquila, nos parecía el plan perfecto.

Al llegar, nada mejor que reunirnos de nuevo con nuestros amigos para pasar los días de descanso en buena compañía. Ellos ya habían encontrado un bonito hostal, muy tranquilo y a precio perfecto, y tenían controlados todos los restaurantes buenos y baratos de la zona.

No sabíamos exactamente cuántos días estaríamos, preferíamos ir viendo cómo nos íbamos recuperando. ¿El plan? Descansar, comer bien, disfrutar de la compañía, leer, hacer cosas en el blog…

Pokhara es una ciudad tranquila, bastante diferenciada entre la zona a orillas del lago (donde están los alojamientos para turistas) y la zona de Old Pokhara, el centro de la ciudad. En la orilla hay un montón de pequeños restaurantes de todos los niveles: desde pequeños bares baratos y muy simples (en cuanto al aspecto) hasta restaurantes de lujo.

Como ya nos ha pasado en otros sitios donde hemos estado, en Pokhara nos quedamos “atrapados”. La rutina de no hacer nada concreto se adueñó de nosotros y los días fueron pasando.

La ciudad con el Machapuchare al fondo, el “Cervino nepalí”

Sólo hubo un par de días en los que conseguimos despegar la pereza de nosotros y salir a explorar la ciudad. Uno de ellos fuimos a pasear por el centro, por la zona de Old Pokhara, donde se pueden ver edificios de construcción antigua, de estilo “old newari”. La ciudad tiene un ritmo tranquilo, con mucha gente en las aceras viendo el tiempo pasar o trabajando en sus oficios. Nada que ver con el caos de las calles de Kathmandú.

El otro día que conseguimos mover nuestras piernas lejos del hostal y los restaurantes, subimos a la Pagoda de la Paz, precioso mirador en lo alto del lago. A pesar de tener el trekking todavía muy cercano, parecía que ya nos habíamos olvidado de lo que era andar colina arriba…

Peace Pagoda

Las montañas de la cordillera de los Annapurnas rodean el valle, y aunque muchas veces no se pueden ver estando al lado del lago, en cuanto subes a alguna colina o templo, se presentan imponentes. Sobre todo el Machapuchare, que con su silueta puntiaguda, recuerda al Cervino, y destaca sobre todos los demás. Es una montaña sagrada que nunca ha sido escalada, así que sólo puede ser soñada por los alpinistas de todo el mundo.

Las vistas de Pokhara desde la Peace Pagoda

Columpio de bambú

Pokhara fue para nosotros un sitio de mirar como la cotidianidad de los nepalís pasa tranquila mientras te tomas un café en la terraza. Los niños van uniformados al cole. Las mujeres compran verduras o cuidan de los bebés. Otros vigilan su negocio desde la sombra de un árbol. Muchos van a los templos a rezar o hacer ofrendas.

Al final el aburrimiento nos invadió, porque aunque suene triste, el internet no era ninguna maravilla, y a ratos no sabíamos cómo matar las horas. Pero en buena compañía esas cosas no son tan graves, y al final pasamos 10 días de descanso, de comer bien, y charlar a todas horas sobre planes, viajes, experiencias y sueños de futuro.

ByR

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