Bandipur: un pueblo sin tráfico

22 y 23 de Noviembre de 2016

Con el trekking ya en el olvido y las dos semanas de relax en Pokhara con nuestros amigos, era momento de cambiar de lugar, de visitar nuevas zonas que nos dijeran un poquito más, que nos dieran una imagen diferente a lo que ya habíamos visto. El turismo por Nepal, de una manera u otra, nos estaba medio decepcionando. Nuestros pasos iniciales fueron increíbles, las montañas son nuestra segunda casa y por ello, seguramente, nos sentíamos parte del entorno. Una vez acabado el trekking, tocaba hacer turismo, pero no acabábamos de disfrutarlo. ¿Quizá era por qué teníamos nuestra mente en Myanmar? ¿O quizá era Australia la que tanto nos inquietaba?

Pensamientos en el aire

Yendo hacia Bandipur

Rincones que enamoran

Salimos de Pokhara en un autobús medio destartalado en dirección este, dirección Kathmandú. En medio de las dos ciudades principales del país se encuentra un pueblito en mitad de las montañas con unas vistas fabulosas. Bandipur es diferente a cualquier asentamiento nepalí al que puedas llegar con un vehículo a motor. Lo que le diferencia es que, tanto el centro del pueblo y algunas zonas de alrededor, están libres de ruido, de humos, de caos y de tráfico. No está permitido ningún tipo de vehículo por sus calles. Esto lo convierte en un lugar muy agradable por el que pasear y disfrutar de la arquitectura de sus viviendas y comercios.

Bandipur, un pueblo entre montañas

Vistas a las montañas más altas del mundo

Flores y colores en las fachadas de las casas

Los comercios sacan todo a la calle

La vida pasa despacio en Bandipur

Fachada de casa newari

Los animales viven en la calle a sus anchas

Llegamos a medio día, y siguiendo los consejos de Choco y Macarena, nos alojamos en el hostal que nos recomendaron: una típica casa nepalí con vistas a la calle principal del pueblo. Nos dimos una ducha, dejamos todo el equipaje y nos fuimos a comer. Durante la búsqueda de un restaurante, nos íbamos dando cuenta de que la gente vivía de una manera diferente a lo que habíamos visto en Kathmandú o Pokhara. Los animales paseaban de manera tranquila por las puertas de las casas; la gente hacía vida en la calle, con las mesas y sillas invadiendo la calzada. Era una sensación de máxima tranquilidad el poder ir cogidos de la mano sin preocuparnos de que viniera alguien a toda velocidad con una moto o un coche.

Toda la calle para nosotros dos

Árboles invadiendo la calzada

Los restaurantes y hoteles ponen las mesas y sillas fuera. ¡Calles sin humos en Asia!

Cuando acabamos de comer, seguimos con el recorrido por el pueblo. Tomamos la calle que subía al punto más alto del pueblo, y visitamos el Memorial Park, un pequeño parque que nos dio una panorámica de donde estábamos en aquel instante. Empezamos a bajar por las calles estrechas y nos sumergimos en las vidas de la gente, en las sonrisas de los niños a la salida de la escuela. Nos sentamos y nos dimos cuenta lo diferente que es la vida en cada lugar del mundo. Aquí, los niños iban solos a sus casas, pequeños adultos que se reían al vernos, preguntándose que es lo que nos llamaba tanto la atención. Y es que pensándolo detenidamente, ese mismo escenario en cualquier ciudad española, sería algo impensable.

Niños yendo a casa después del colegio

“Trabajemos juntos para crear un mañana mejor”

La verdulería del pueblo

El atardecer nos regala colores anaranjados

Seguimos caminando por las calles empedradas, y cuando anocheció, nos dimos cuenta que la visita a Bandipur había acabado. En medio día habíamos tenido suficiente para darle vuelta y media a las calles de este pequeño pueblo en las montañas. A pesar de estar rodeado de naturaleza, había algo muy diferente en su gente y en su forma de vida comparándolo con los pueblos de las montañas del valle del Khumbu. Hinduismo y budismo, dos religiones diferentes en pueblos de un entorno semejante.

Nos gustan las fachadas de las casas del pueblo. Transmiten un carácter especial

En la cara de la gente se nota la influencia indú

Dioses hinduistas en las paredes del pueblo

Nos quedaban aún trece días por el país, y el valle de Kathmandú nos estaba esperando.

Con la oscuridad de la noche nos despedimos de Bandipur

RyB

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