Emiratos Árabes Unidos – Abu Dhabi

12 de Octubre de 2016

Cuando recibimos el deseado email de que nuestro visado para un año en Australia había sido aceptado, la lista de ideas para empezar el viaje se hizo grande en poco tiempo. Queríamos ir hasta nuestro nuevo hogar temporal con un poco de calma, viendo algunos destinos de nuestra lista de deseos antes de aterrizar allí y empezar a trabajar. Hubo varias opciones que encabezaban la lista, pero en el momento de indagar en ellas nos dimos cuenta de que no eran las mejores para ese momento. Bien porque la época del año no era la idónea, bien porque las cuestiones de visados para entrar iban a ser imposibles de organizar en poco tiempo, el caso es que algunos de los planes cayeron de la lista.

En un momento dado, apareció Nepal como opción, y duramos muy poco en adjudicarlo como primer destino. Iríamos en la mejor época; nos apetecía mucho un trekking por allí después de pasar el verano en Pirineos y notarnos fuertes… Y ver las montañas más altas del planeta nunca era una mala idea. Cualquier alpinista sueña con ir allí en algún momento.

Enseguida miramos vuelos, organizamos las cuestiones necesarias para empezar el viaje, y empezamos a ver qué podíamos hacer por allí.

El billete más barato que encontramos para principios de Octubre hacía una escala de 8 horas en Abu Dhabi, y se nos ocurrió poner en Google: “Qué se puede visitar en Abu Dhabi en unas horas de escala” La búsqueda nos mostró que el visado era gratuito, y que aunque lo único interesante era la Gran Mezquita, era una visita que valía la pena. No lo dudamos y nos apuntamos las opciones de transporte público para llegar, así como horarios y cuestiones a tener en cuenta como la vestimenta.

Y el 11 de Octubre nuestra nueva aventura nómada comenzaba. Como siempre, salíamos de casa más cargados de lo deseado, pero poniéndonos como excusa que íbamos a vivir a Australia y que eso requería más cosas que para viajar. El primer vuelo era de Barcelona a Roma, y desde allí un avión enorme y comodísimo de la compañía Etihad nos dejaba en Abu Dhabi a las 6 de la mañana.

Antes de darnos cuenta, estábamos fuera del aeropuerto con un nuevo sello en nuestros pasaportes. Las opciones para ir a la mezquita son el autobús local o el taxi, y como era pronto elegimos el bus. La mezquita abre a las 9 a.m. así que aún quedaba un rato para poder entrar, con lo que decidimos aprovechar el viaje en el autobús para acercarnos al centro de la ciudad. Cuando dejamos la autopista y los alrededores del aeropuerto, entramos en las avenidas rectas de la ciudad y pronto nos dimos cuenta de que duraríamos poco por allí. La sensación era de estar mirando un lugar sin gracia, sin alma. Edificios cuadriculados uno al lado del otro, poca gente por la calle, ningún encanto por ningún sitio… Obviamente era una percepción desde la ventana del autobús, pero nos resultó suficiente para, a los pocos minutos de bajarnos en el centro, decidir volver a subirnos para ir directos a la mezquita.

Otro trayecto de autobús después, estábamos contemplando maravillados su esplendor blanco. La Gran Mezquita Sheikh Zayed, construida entre 1996 y 2007, es la número 15 más grande del mundo y ocupa una superficie de 20.000 metros cuadrados. En el salón de oración se encuentra la alfombra más grande del mundo tejida a mano y hay 10 lámparas de 9 toneladas de peso cada una hechas de oro y brillantes de Swarovski.

Al llegar a la entrada, tras pasar el control de seguridad, si tu vestimenta no es la adecuada para entrar al templo, te invitan a bajar al sótano donde te prestan una chilaba sólo presentando el DNI, que luego te devuelven. Tras ello, te dejan entrar y visitar la sala principal y las afueras a tu aire.

El patio exterior, de blanco impoluto, brilla al sol. Todos los detalles están cuidados milimétricamente, las columnas con sus dibujos de piedras preciosas, las fuentes, los mosaicos…Tienen cuidado hasta el detalle de cerrar zonas al paso, pero que siguen siendo visibles, para que tus fotos se vean sin gente.

Pasamos como una hora recorriendo el salón y el patio, y llegamos a la conclusión de que el Emirato había conseguido su objetivo: demostrar su poderío.

Después de la visita, que valió mucho la pena, volvimos al aeropuerto en taxi para no tener problemas de que se pudiera hacer tarde. Sobre las dos de la tarde partía nuestro último vuelo hasta nuestro destino: Nepal. ¡Volvíamos a Asia!

ByR

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