Compañera de cuatro ruedas (o de dos, o de seis)

Hay mil maneras diferentes de viajar, de moverse, de recorrer el mundo. Cada viajero elige la suya en función de muchas cosas, e incluso cambia en función del momento y el tipo de viaje.

Mi vida viajera siempre ha estado ligada a las cuatro ruedas, al coche y la carretera. Mis padres, montañeros desde que eran adolescentes, decidieron viajar con nosotros desde que fuimos bien pequeños, para intentar que nos gustara aquello que a ellos les gustaba. Un evento muy importante para nosotros fue cuando compramos una caravana. Pequeña, de segunda mano, y genial para empezar a movernos como “medio-nómadas”. Nuestro coche se llamaba Caracol y aquella minúscula caravana era la casita del caracol, y por ende, la nuestra. Los viajes con ella fueron especiales, dormir en aquella litera era la mayor de las aventuras.

De camping, con un montón de amigos que se unían a jugar con nuestros legos

La pobre casita del Caracol murió porque se rompió el eje, y como habíamos crecido, y mi primo Alex cada vez se unía a más cosas, la decisión fue no arreglarla y comprar una más grande y con cinco plazas (y muchas más comodidades; nos sentíamos en un hotel después del cambio). Lo genial de nuestra primera caravana es que acabó sus días aparcada en el chalet de mi familia como “habitación extra” y sigue allí después de más de 20 años. Cuando la veo sólo puedo pensar: ¿cómo cabíamos en esa casa TAN pequeña?

La compra de la nueva caravana vino acompañada de nuevo coche y un proyecto enorme y excitante para nosotros: nació lo que luego se llamó CUMBRES EN FAMILIA.

Nueva caravana y nuevo coche con las bicis en el techo. ¡El kit completo!

Con este proyecto recorrimos España sobre ruedas con nuestra caravana, y luego dimos el paso al resto del mundo, combinando diferentes maneras de movernos. Fue el punto clave en mi pasión por los viajes.

Durante todos estos periplos por el mundo nuestros compañeros con ruedas fueron cambiando. Nuestra gran caravana de cinco plazas pasó a no acoplarnos del todo. Nosotros ya éramos mayores, y muchos fines de semana ya no nos uníamos a los planes, o no íbamos todos. Mis padres decidieron cambiar, y ante las dudas de cuál era el siguiente paso, decidieron hacer una visita a la feria del caravaning en Barcelona, mucho más grande que la de Valencia. Yo me apunté al plan, puesto que esas cosas me encantan, y pasamos un fin de semana en Barcelona.

Nuestra tercera caravana, y que sigue con nosotros en la actualidad. Aunque no estaría mal tener el camión que sale al fondo!

Paseando por la feria, y mirando cada detalle de cada caravana, tuve una revelación: nos encontramos con el stand de las Mercedes Marco Polo. Tal cual asomé la cabeza dentro de una de las furgos que habían allí expuestas, pensé: esto es lo que quiero yo. Volví a Valencia deseando investigar sobre aquello que acababa de descubrir, y en pocas semanas me había registrado en diferentes webs en busca de foros, modelos, cosas sobre las Campervans. Supe que a partir de aquel momento, mis objetivos de ahorro serían solo para comprarme una furgo y hacerla camper.

Mientras ahorraba cada céntimo que entraba en mi cuenta bancaria, se nos ocurrió buscar una solución con lo que teníamos: un 307 de tres puertas. ¿Ahí como vais a dormir? Pensaron algunos… Pero lo hicimos. Tanto, que durante un año, nuestra Mosca fue una minicamper con la que viajamos por España y los Alpes.

Pequeñita pero suficiente para nosotros

Y después de tres años de ahorrar todo lo posible, vino ella: nuestra pequeña furgo, deseada como la que más. Con la ayuda del padre de Rober, le hicimos muebles para convertirla en nuestra casa con ruedas. Durante tres años, viajamos todo lo que pudimos con ella (aunque no todo lo que nos hubiera gustado…), y disfrutamos de muchos kilómetros y muchas noches bajo las estrellas. Con ella nos rebautizamos como montañeros furgoneteros.

Al tomar la decisión de irnos de viaje indefinido, tuvimos de tomar también una decisión respecto a ella. Cuatro días antes de cargarnos la mochila a la espalda para empezar esta aventura de no saber qué nos deparará el siguiente paso en el camino, nos tuvimos que despedir de nuestra gran compañera de aventuras. Fue duro, puesto que nos encantaba viajar con ella, y le escribimos una despedida en los inicios del blog:

“Dicen que el apego a las cosas materiales no es sano ni ayuda a ser felices, pero pensándolo bien, nuestro apego hacia ella no era tanto hacia su motor, sus cuatro ruedas o su chapa y pintura. El apego a nuestra querida furgo era más hacia lo que representaba. Vamos a emprender una aventura que llegamos a plantearnos hacer con ella, pero que al final desestimamos.  Al decidir hacerla de otra manera, hubo que venderla, aunque nos doliera. Por eso le tuvimos que decir adiós.

Adiós pequeña, contigo hemos aprendido grandes cosas. Hemos aprendido a vivir de manera sencilla, a descubrir que se puede vivir con lo poco que cabe dentro de tus 3 metros cuadrados, y aún podríamos dejar la mitad de las cosas en casa y viviríamos bien. Contigo hemos aprendido a querernos más entre nosotros dos; a aguantar largos viajes las 24 horas del día juntos. Contigo hemos aprendido a disfrutar de desayunos mirando el paisaje, a disfrutar del “me apetece quedarme aquí un poco más, ya iré al siguiente sitio más tarde”; a no correr porque allí donde lleguemos podremos dormir. A sentir que nuestro hogar es el mundo y nuestros vecinos todas las personas que viven en él. En el futuro vendrán a acompañarnos en nuestras aventuras otras furgos, pero nunca serán nuestra primera furgo.”

Durante el viaje por Asia de 9 meses, se unió a nuestro equipo por un período corto de tiempo, una nueva compañera, esta vez de dos ruedas. La afición a los viajes por carretera la he aportado yo a la pareja (Berta), aunque Rober la ha asumido como suya enseguida y sin ninguna duda. Pero esta vez el que inició las ganas de añadir esta nueva compañera fue Rober: lo suyo son las motos desde antes de que nos conociéramos.

Recorrimos Vietnam a lomos de la Burrita y la experiencia pasó a estar en el top de nuestros recuerdos. Tenemos claro que en el futuro vendrán más viajes sobre dos ruedas, aunque serán ¡con dos motos!

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¡La llamamos la Burrita por lo cargada que iba!

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Cuando en el horizonte asomó la aventura de pasar un año en Nueva Zelanda, no dudamos ni un segundo en que esa aventura tendría que ir acompañada de una nueva compañera de cuatro ruedas.

Fue amor a primera vista, y aunque se pasaba un poco de nuestro presupuesto, tomamos la decisión de unirle al grupo. La Huevona nos acompañó por miles de kilómetros a lo largo de tierras kiwis, y fue la mejor compañera que podemos imaginar para una aventura así. Fue nuestro transporte, nuestra casa, nuestro trastero…

*¿Porqué ese nombre? (Mi padre opina que, pobrecita, mira que llamarla así…): pues de primeras, porque tiene forma de huevo, y como es LA furgo, pues salió de ahí: LA HUEVONA. Luego nos dimos cuenta que en realidad era una huevona: bebía gasolina como si estuviéramos en sequía, en las subidas le pesaba el culo, los intermitentes iban cuando querían y la ventanilla del conductor necesitaba ayuda para bajar. Pero aún así era encantadora 😀

Cuano tuvimos que marcharnos del país, la Huevona tuvo que quedarse allí y nos tuvimos que despedir. Pero era tan perfecta, que no tardamos ni una semana en venderla, porque los primeros que la vieron se enamoraron de ella desde el primer momento.

Nos encanta la libertad que te da viajar así, con tu propio vehículo, y la sencillez que te aporta vivir en una pequeña furgo, donde tienes todo lo que necesitas en tan poco espacio. ¡No tenemos ninguna duda de que en el futuro habrán más viajes con compañeras con ruedas!

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2 comentarios en “Compañera de cuatro ruedas (o de dos, o de seis)

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